Dosis personal ya no será excusa para el microtráfico en espacios públicos de Cali

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Dosis personal ya no será excusa para el microtráfico en espacios públicos de Cali

Octubre 07, 2018 - 07:55 a. m. Por:
Alda Livey Mera Cobo / reportera de El País 
Dosis mínima en Cali

Los agentes no van a andar con una gramera, pero sí llevarán la droga a la Estación más cercana para pesarla.

El País

"Antes el que tenía la razón era el consumidor, ahora es el ciudadano”.

Con esta frase resume el general Hugo Casas, comandante de la Policía Metropolitana de Cali, lo que significa para la institución el decreto presidencial firmado el pasado 1 de octubre, que permite incautar la dosis mínima de droga en espacios públicos.

“Es una norma extraordinaria, la mejor herramienta del policía es la justicia, y con normas como esta, podemos actuar. Antes llegaba el agente a un parque, les pedía a los consumidores de droga que se retiraran y no lo hacían, argumentando que tenían derecho a estar en el espacio público y a consumir su dosis personal, ahora le estamos dando herramientas a los policías”, argumenta el general Casas.

Un agente de la Policía Judicial (Sijín) de la Policía Metropolitana de Cali, reconoce que una de las dificultades que tenían en su trabajo de judicializar jíbaros, era la norma que legalizaba la dosis mínima. “Estos sujetos esconden la droga en los árboles y las alcantarillas, frente a los colegios, y para venderle a un menor, van, le reciben la plata, vuelven al escondite a sacar solo la dosis y se la entregan, y así es difícil detenerlos, porque dicen que es su dosis personal”, explica el agente.

El agente de la Sijín explica que el nuevo decreto es una medida de control ciudadano, porque muchas personas se excusaban en la dosis mínima para consumir en parques. Y si llegaba la patrulla de vigilancia, no les podía incautar nada.

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“Lo máximo que se le podía decir era ‘retírese del sitio’, pero con esta ayuda del señor Presidente (el decreto), los agentes de la Policía Nacional de Vigilancia por Cuadrantes, van a poder incautar la droga y el buen resultado es para la comunidad, lo importante es que vamos a recuperar los parques, los entornos escolares y recreativos”, afirma el agente de la Sijín.

Además, señala que con el nuevo decreto, “mucho consumidor no va a querer seguir consumiendo en dichos espacios, porque sabe que puede llegar un policía y le va a quitar la dosis; buscará ir donde no pueda ser interceptado por la autoridad”.


El País recorrió el Parque Jovita un día después de firmado el decreto y no lo encontró repleto de consumidores de droga, como otras veces.
El propietario de un local comercial en ese sector de la Calle 5a., anotó que “la medida sí sirve, no del todo, pero entre ayer y hoy ha venido menos gente. Era tanta, que con la JAC pedimos que instalaran un CAI de la Policía, porque el humero después de las 6:00 p.m. aquí es bravo, pero no lo han hecho”.

El general Casas aclara que la norma de la dosis mínima (decreto 1844) es reglamentario, porque establece un procedimiento para la incautación de la droga, y complementario del decreto 1801 o Código Nacional de Policía (CNP), que vienen aplicando desde este 7 de agosto.

“El decreto forma parte de la estrategia ‘El que la hace la paga’ y busca hacer responsable a las personas de las infracciones al CNP para mejorar la convivencia”, explica el alto oficial.

Casas cita que la Policía Metropolitana de Cali viene sancionando violaciones al artículo 140 del CNP, que se refiere a los comportamientos contrarios a la convivencia. Como las infracciones al numeral 7, que prohibe el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas en espacios públicos (estadios, coliseos), por las que han impuesto 3768 comparendos este año.

Por el numeral 8, referente al porte de sustancias ilegales, ha impartido 1502 comparendos, y por el artículo 33, que es sobre consumo en lugares privados que “trascienden a lo público”, han impartido 897 comparendos, según cifras de la Policía Metropolitana de Cali.

Este último caso se refiere a que una persona puede consumir marihuana o cocaína en su espacio privado, su apartamento, por ejemplo, pero si el humo o su comportamiento molesta a los vecinos, ya trasciende a lo público, hay una contravención y la Policía puede intervenir.

La Sijín por su parte, en lo que va corrido del año, ha logrado 1198 capturas por tráfico de estupefacientes, 238 de ellas por orden judicial, y 960, en flagrancia. En un operativo para desarticular una sola banda puede dejar entre 10 y 20 capturas.

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De acuerdo con Policía Judicial, los entornos recreativos o parques donde más prolifera el microtráfico de drogas, es en el Distrito de Aguablanca. También en los barrios Sucre y El Calvario, en el centro de Cali (Comuna 3) y los barrios La Isla y El Platanal (Comuna 4).

No obstante el decreto, el general Casas advierte que sí se requiere que las alcaldías reglamenten el nuevo procedimiento: “La Policía entra a la aplicación inmediata, pero se requiere unas coordinaciones interinstitucionales y unas competencias que tienen los alcaldes”.

El General desvirtuó la posibilidad de que muchos consumidores exhiban un certificado médico de adicción amañado para evadir la norma. “Un médico no va a certificar que una persona debe consumir tal cantidad de droga. En los casos de una condición médica especial, va a certificar esa condición médica, pero no va a justificar el porte de la sustancia en espacio público”, aclara el uniformado.

Ante el alto consumo de alucinógenos que se observa en zonas verdes y espacios públicos como el Parque Jovita, Bulevar del Río, Colina de San Antonio, Parque del Acueducto, entre otros, distintas voces plantean que la Policía no tiene suficiente pie de fuerza para atender todas las denuncias que va a recibir. “Quién va a estar encima de tanto consumidor”, dice la dueña de una cafetería del Bulevar.

El mismo general Casas dijo, en declaraciones a El País el pasado 30 de septiembre, que Cali tiene “240 policías por cada 100.000 ciudadanos, cuando la Oficina para las Drogas y el Delito de la ONU recomienda 300 agentes por cada 100.000 personas”. Es decir, que Cali requiere de unos 1350 uniformados más.

Pese a ello, el alto oficial asegura que la Policía está en capacidad de cumplir. “Lo asumimos y tenemos la capacidad de aplicar tanto el decreto 1801 –ya lo veníamos haciendo–, como el 1844, que reglamenta el procedimiento”, enfatiza.

Un ciudadano reclama que para enfrentar esta problemática, envíen agentes armados, y no bachilleres auxiliares, porque “les sacan cuchillo, piedra, palo, y los corren”. De hecho, en el Parque Jovita las riñas entre expendedores y consumidores ya dejaron dos muertos este año.

El general Casas aclaró que los auxiliares custodian, por ejemplo, puentes peatonales, como medida preventiva, “pero por llamadas al 123 sobre consumo de drogas, va es la patrulla motorizada del Plan Nacional de Vigilancia por Cuadrante, que son agentes profesionales”.

Otro comerciante del Parque Jovita considera que la medida es buena en cuanto transmite a la juventud un mensaje de que la droga es ilegal. Sin embargo, anota que la solución no es quitársela, sino enseñarles desde el hogar el daño que se hacen ellos mismos consumiéndola.

“Hay que fortalecer su autoestima y enseñarles a valorarse, porque por el consumo comienzan a degradarse y a perder los valores y principios; esto no depende solo de la Policía, sino de los padres, pero como hay tanta familia disfuncional, ya no hay papá ni mamá, los niños los crían los abuelos o la empleada, que no son figuras de autoridad y ahí radica el problema de los jóvenes en la drogadicción”, explica el comerciante y padre de familia.

Mientras tanto, el agente de la Sijín indica que seguirán trabajando en varias investigaciones que llevan sobre recuperación de entornos escolares y recreativos invadidos por expendedores de drogas, con apoyo de la Fiscalía e Inteligencia Policial. “El consumo de drogas no es de acabar de hoy a mañana; mientras haya producción y cultivos, la droga va a llegar a las ciudades, pero seguiremos trabajando para erradicar la droga de las zonas donde afecta a nuestros jóvenes”, afirma.

Lo que sí advierte el agente, es que queda faltando una norma clara sobre las drogas sintéticas, para poder judicializar a quienes se les decomise. “No es comparable un gramo de cocaína con pastillas de éxtasis o con ácidos como LSD, que no pesan nada, o TCB (Tucibí o cocaína rosada), pero ya es una droga dañina
”.

“Hay que tener en cuenta que entre más se ataque a los cultivos naturales y la droga de origen vegetal, más va a aumentar el consumo de drogas sintéticas, porque es más fácil producirla, se consiguen los químicos y en un laboratorio casero se procesa”, remata el agente.

Dosis mínima

20 gramos: marihuana
5 gramos: marihuana hachís (extracto de marihuana, donde eliminan la parte vegetal y dejan el concentrado).
2 gramos: metacuolona (pastillas)
1 gramo: cocaína y todos sus derivados como base, basuco, perico.

El decreto

El agente identifica un motivo de Policía, como una llamada al 123 sobre consumo en un parque, en un espacio escolar, en un espacio público o en un lugar privado que trascienda a lo público, o en su labor de patrullaje.

El policía hace la verificación de la existencia del estupefaciente, e identificación de la persona infractora, escucha los descargos, realiza el comparendo e incauta la sustancia y la pone a disposición del Comando de Estación o Inspección de Policía más cercana.

Si la persona dice que hará uso del recurso de apelación, no se hace destrucción del estupefaciente, sino que se tramita ante el Inspector de Policía, quien resuelve. Si el inspector confirma la actuación del Policía y si se trata de una dosis mínima, se hace la destrucción del estupefaciente en el sitio, en procedimiento “proceso verbal inmediato”. De lo contrario,
se hace la devolución.

Si se trata de una cantidad mayor a la dosis mínima, va a disposición de la Fiscalía porque tiene un carácter penal y judicial, por tratarse de una conducta ilícita.

Cuando es la dosis mínima, se hace el comparendo y una vez reunida cierta cantidad de sustancias decomisadas en la estación de Policía, se hará la destrucción de la misma.

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