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Los problemas de Europa

Mayo 17, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Con los resultados hasta ahora conocidos, está cada vez más claro la falta de respuestas colectivas de la Unión Europea al Covid-19. Ante ello, algunos de sus miembros empiezan a cuestionar su utilidad como organización comunitaria.

La idea de una nueva Europa, nació en 1950 como un mercado común y hoy es un gigante geopolítico. Como protectora de la democracia, el libre mercado y la armonía occidental, la UE ha navegado crisis económicas, transiciones políticas, escándalos de gobierno, y hasta la salida de uno de sus miembros más antiguos.

Pero justamente ahora, su sistema parece fallar. Hasta hace muy poco, el timón de la UE lo llevaba Angela Merkel, su gran defensora y símbolo de estabilidad. Hoy, Alemania mira hacia adentro. Se pensaba que Francia, con Emmanuel Macron a la cabeza, sería su sucesor pero su visión navega entre la extrema derecha y los chalecos amarillos.

Con respecto a la pandemia, Europa ha soltado las riendas, y cada país inventa su propia solución. Sus fronteras se cerraron, hay disputas sobre los subsidios y diferencias sobre el manejo financiero. Algunos se preguntan si tiene sentido esta unión que no parece capaz de plantear soluciones regionales.

La presión sobre la UE es evidente en el manejo de las cuarentenas y reaperturas. Mientras Italia y España, los países más golpeados, encerraron a sus ciudadanos al tiempo que se llenaban los hospitales, en Suecia no hubo confinamiento y los restaurantes nunca cerraron. En Alemania repuntaron los casos tras el regreso a las calles pero la tasa de mortalidad es baja y los ingleses tienen la más alta. Los niños en Dinamarca regresaron al colegio mientras los franceses apenas empiezan a relajar las restricciones.

Los temblores de la Unión Europea no son nuevos. Las diferencias sobre el manejo de refugiados, el resurgimiento de líderes nacionalistas y partidos xenófobos alimenta un discurso euroescéptico que le hace un gran daño a una institución clave para la libertad de Occidente. Las diferencias económicas entre los países fundadores y los nuevos integrantes, muchos de la antigua cortina de hierro, borraron su carácter homogéneo.

En lo geopolítico, el surgimiento de China en el escenario mundial y la discutible y crítica posición de Estados Unidos presidido por Donald Trump como aliado, amenazan la alianza de Occidente, pilar de la estabilidad desde la Segunda Guerra Mundial. La relación de los integrantes de la UE con Rusia desafían el equilibrio.

El exceso de regulaciones se vuelven frenos en un mundo que enfrenta amenazas fluidas como el ciberterrorismo y los efectos del cambio climático. Ni hablar de la falta de una carta de navegación para enfrentar la pandemia.

Los llamados a reformar la burocracia de Bruselas suenan desde la crisis del 2008. El coronavirus y sus consecuencias en la salud, la economía y estabilidad, requieren de una respuesta alejada de los radicalismos y las confrontaciones que promueven políticos que buscan lucros con la tragedia.

Por ello, la UE, hoy con 27 países miembros y fundamental para la libertad y la democracia, debe recuperar el rumbo.

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