Columnistas
El estilo Trump y las elecciones colombianas
Como la dirigencia empresarial colombiana es muy diferente a la venezolana, será fundamental que la relación con el gobierno gringo y con sus congresistas sea pronta y equilibrada.
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11 de ene de 2026, 12:44 a. m.
Actualizado el 11 de ene de 2026, 12:44 a. m.
La primera reacción con la captura de Maduro por parte de las fuerzas norteamericanas fue de reconocimiento e incluso de admiración por la precisión quirúrgica con la que se realizó la intervención. Algunos sectores de la opinión pública alegaron que se violaba el principio de autodeterminación de los pueblos, olvidando que este precepto clave del derecho público había sido resquebrajado muchas veces por el dictador Maduro, al subyugar a su pueblo con asesinatos, presos políticos, hostilidad contra las marchas opositoras y, lo más grave, con el robo evidente de las elecciones democráticas en las que ganó Edmundo González con el apoyo de María Corina Machado. Su dominio, a través de corrupción sobre las fuerzas armadas, hizo que el pueblo venezolano quedara huérfano y solo recuperaría su autonomía y su voz con un apoyo externo. Así apareció Estados Unidos. No había posibilidad de que ese respaldo viniera de Rusia o China, pues el castrochavismo había hipotecado la nación a esas dos potencias.
Sentíamos que llegó ‘el policía bueno’ para devolverle la soberanía al pueblo venezolano, tantas veces mancillada por el narcodictador. Sin embargo, los discursos iniciales de Trump y su gabinete generaron incertidumbre. Usó diez veces más la palabra ‘petróleo’ que ‘democracia’, concepto que pasó casi que desapercibido en sus mensajes. Permanecería en el poder la cúpula que ha acompañado a Maduro, como aparente fórmula de transición, al punto que se habla de acuerdos internos entre ese cenáculo corrupto y el Gobierno norteamericano. Las ultraveloces negociaciones de venta del petróleo confirman la relación. Era inevitable preguntarse: ¿la operación buscaba la recuperación democrática de Venezuela o es la oportunidad para hacerse a sus abundantes y diversos recursos naturales? O las dos?
Y allí es donde los políticos colombianos deben ser muy precavidos y estratégicos en la campaña, pues seguramente vendrá por parte de la izquierda una andanada nacionalista que pretenderá hacer ver los candidatos de derecha como los títeres del “imperio yanqui”. Pero como la dirigencia empresarial colombiana es muy diferente a la venezolana, será fundamental que la relación con el gobierno gringo y con sus congresistas sea pronta y equilibrada. El futuro colombiano no es aún caótico, como sí lo era Venezuela, lo que facilitó una posición agresiva y mancilladora por parte de USA. Nuestro futuro será caótico si Cepeda gana la Presidencia, por eso los programas de gobierno de la derecha deberían contener proyectos de desarrollo que le devuelvan competitividad al país, en términos de aliados y no de dominante y dominado. Así como China invirtió en Perú en el gran puerto de Chancay, seguramente inversión colombonorteamericana podría interesarse en el desarrollo logístico y social de Buenaventura. Necesitamos de un gran aliado para el aprovechamiento de la altillanura, allá hay medio país que puede producir alimentos y generar mano de obra, pero carece de vías férreas y terrestres, que requieren financiamiento de muy largo plazo. Podemos tener las posibilidades de nuevas e interesantes alianzas, en términos comerciales y razonables, que los gringos no contemplarían con un gobierno de izquierda que prolongue las lamentables condiciones de inseguridad física y jurídica que vive el país.
El reto es convertir tempranamente el gobierno Trump en una oportunidad para la recuperación de Colombia, planteando soluciones cercanas y esperanzadoras. Colombia está necesitada de soñar su recuperación. Nuestros modelos no pueden ser Cuba, Venezuela o Nicaragua. Construyamos ese proyecto aprovechando la importancia que Trump le está dando a América Latina. Pero no dejemos que el discurso sobre esa relación lo elabore Cepeda con la perversidad que lo caracteriza, ni los gringos solos con el utilitarismo que tanto les gusta.
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