Editorial
2026 debe ser el año de la ejecución de obras en Cali
Alejandro Eder entra en la mitad de su mandato y ejecutar las obras prometidas, de manera transparente y con resultados visibles, será el principal termómetro con el que la ciudadanía evaluará su gestión.
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7 de ene de 2026, 01:11 a. m.
Actualizado el 7 de ene de 2026, 01:11 a. m.
El 2026 tiene que ser, sin más dilaciones, el año de las obras en Cali. La ciudad no resiste otro periodo de anuncios sin ejecución o de planes que se quedan en el papel. Por eso, lo dicho por el alcalde Alejandro Eder sobre el inicio de la remodelación de la Avenida Ciudad de Cali marca un punto de inflexión: es la primera señal concreta de que la Administración empieza a cumplir su promesa de pasar de la planeación a la acción.
La capital del Valle llega a este año con retos enormes y urgentes, muchos de ellos ampliamente documentados: una movilidad colapsada, una infraestructura vial deteriorada, altos índices de violencia, déficits históricos en salud y educación, y un sistema de transporte masivo que necesita una renovación profunda. La ciudadanía ha sido paciente, pero el margen de espera se agotó. 2026 no puede ser otro año de transición; debe ser el de la ejecución real.
La buena noticia es que hoy no existen excusas financieras. La ciudad cuenta con recursos del empréstito ya comprometidos y con un presupuesto superior a los $7 billones, uno de los más altos de su historia. Esa disponibilidad obliga a la Alcaldía a actuar con responsabilidad, eficiencia y transparencia. Cada peso que no se traduzca en obras visibles y de impacto será, además de una oportunidad perdida, un golpe a la confianza ciudadana.
En materia de infraestructura, el mensaje es claro: llegó la hora de poner a Cali en obra. El compromiso de aumentar frentes de trabajo, acelerar la recuperación de vías con maquinaria propia y ejecutar proyectos estratégicos como la intervención integral de la Avenida Ciudad de Cali debe cumplirse en los tiempos anunciados y con calidad. La infraestructura no puede ser solo informes técnicos y las metas de recuperación de vías se deben cumplir; debe sentirse en las calles, en los barrios y en la vida cotidiana de los caleños.
Pero el desafío va más allá del cemento y el asfalto. La movilidad exige una transformación profunda del sistema de semaforización, hoy obsoleto, así como autoridad constante y sin excepciones en las vías. La seguridad demanda resultados concretos en la reducción de homicidios, hurtos y extorsión, más aún cuando la ciudad contará con el presupuesto más alto de los últimos años para este sector. No basta con tener recursos: hay que usarlos bien y con impacto real.
En salud, en 2026 deben arrancar, sin más retrasos, los trabajos en los hospitales de Terrón Colorado, Antonio Nariño y La Rivera, mientras se fortalecen los servicios y la atención oportuna a los pacientes. En educación, el reto es doble: evitar la deserción escolar y garantizar que la infraestructura educativa tenga mantenimiento permanente, no soluciones improvisadas. Y en transporte, la renovación de la flota del MÍO es clave para recuperar usuarios y dignificar el servicio.
El cumplimiento de estos compromisos no es solo una obligación administrativa; es una apuesta política de fondo. Alejandro Eder entra en la mitad de su mandato y este es el momento en el que se define la credibilidad de su gobierno. Ejecutar las obras prometidas, de manera transparente y con resultados visibles, será el principal termómetro con el que la ciudadanía evaluará su gestión.
Por eso, este 2026 no puede quedarse en la narrativa del “año que viene”. Cali necesita hechos, no más anuncios. El inicio de las obras en la Avenida Ciudad de Cali es una señal alentadora, pero debe ser apenas el comienzo. La capital del Valle espera que este sea, de verdad, el año en el que las promesas se conviertan en obras y la gestión se mida en resultados concretos.
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