Editorial
La hora de la diplomacia
Todos los sectores en Colombia entiendan que un encuentro personal entre los jefes de Washington y Bogotá solo puede conllevar buenas noticias para el país
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11 de ene de 2026, 12:38 a. m.
Actualizado el 11 de ene de 2026, 12:38 a. m.
Los hechos ocurridos en la madrugada del sábado 3 de enero en Caracas, que terminaron con la captura y el traslado a Nueva York de Nicolás Maduro, y el fuerte intercambio de mensajes entre Donald Trump y Gustavo Petro convirtieron la semana que termina en una de las más convulsionadas de los últimos tiempos para América Latina.
Por fortuna, la relación entre los mandatarios de los Estados Unidos y Colombia parece haber alcanzado un momento de calma, después de la llamada que sostuvieron el pasado miércoles, justo antes de que Petro saliera a una Plaza de Bolívar llena de seguidores que exigían respeto por la soberanía nacional y por su presidente.
Sin embargo, en medio del alivio que sin duda significa para nuestro país el desescalamiento de la confrontación con Washington, persiste el interrogante de hasta cuándo durarán las buenas maneras de ambos líderes.
Porque sería ingenuo desconocer que la amenaza de una posible acción militar de la Casa Blanca en Bogotá no fue únicamente resultado de la reacción del colombiano a la operación adelantada en contra del jefe del régimen chavista, a quien buena parte del mundo tilda de dictador.
El solo hecho de que pasara casi un año desde la llegada de Trump al poder sin que hubiese una comunicación directa con el Palacio de Nariño evidencia las enormes diferencias que han tenido los dos gobiernos, lo cual ya ha dejado importantes consecuencias para nuestro país, especialmente de corte económico y social.
Por eso, más allá de las diferencias ideológicas y políticas, lo prudente es que todos los sectores en Colombia entiendan que un encuentro personal entre los jefes de Washington y Bogotá solo puede conllevar buenas noticias para el país, a juzgar por la valiosa cooperación que antaño ha habido entre los dos gobiernos.
Ojalá, eso sí, que el desarrollo de los acontecimientos en Venezuela, el ataque desde buques estadounidenses a más lanchas en el Caribe o el Pacífico o cualquier otro suceso en el continente o el mundo no echen por la borda el trabajo diplomático que permitió el acercamiento entre Trump y Petro, dada la tendencia que ambos tienen a reaccionar de manera airada e inmediata a través de sus redes sociales.
Ahora, está claro que si bien la captura de Nicolás Maduro, que la diáspora de venezolanos en todo el planeta agradece, fue iniciativa de la Casa Blanca, no se puede desconocer que la cercanía geográfica con Colombia y el hecho de que nuestro país albergue el mayor número de migrantes venezolanos implican sí o sí a Bogotá en lo que pase allende la frontera.
Por eso es positivo también que la presidenta interina Delcy Rodríguez se reúna con el Mandatario colombiano, a fin de que pongan sobre la mesa temas tan importantes como el intercambio comercial entre los dos países, pero también la seguridad en la zona limítrofe, donde se sabe de la presencia de grupos armados ilegales involucrados en actividades de narcotráfico.
Y no se puede obviar que este último asunto fue el que motivó, según lo ha asegurado la Casa Blanca, los bombardeos que tuvieron lugar en Caracas para lograr la captura de Maduro, y también varios de los señalamientos que Donald Trump, mal informado o no, le ha hecho al presidente Petro.
Queda claro entonces que la lucha contra las drogas sigue siendo uno de los puntos centrales de la política global y que, por lo tanto, de la manera como el Gobierno interino de Caracas la gestione dependerá no solo su relacionamiento con la Casa Blanca, sino también el de esta con Colombia.
Así, es de esperarse que, en medio del obligado reacomodo del chavismo en el poder, las decisiones y las acciones de las partes intervinientes en el Palacio de Miraflores no deriven en más hechos o pronunciamientos de violentos ni en el territorio venezolano ni en los micrófonos de los mandatarios de Washington y Bogotá.
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