Columnista
Oda a Cantinflas
Cantinflada: dicho o acción propia de quien habla o actúa como Cantinflas.
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1 de mar de 2026, 11:50 p. m.
Actualizado el 1 de mar de 2026, 11:50 p. m.
Los de mi generación disfrutamos las películas de Mario Moreno Reyes, ‘Cantinflas’. He visto todas las cintas de este genial cómico mexicano y muchas veces las he repetido. Me invade la nostalgia al recordar que las nuevas generaciones poco conocen a Cantinflas.
A este personaje se le ocurrió bajarse los pantalones más allá de la cintura, casi hasta el coxis: un adelantado a su época, pues hoy muchos jóvenes de barrios populares los usan así, ajustados con un mecate o una franela que alguna vez fue blanca, y rematados con un pañuelo rojo. Se hacía un barquito a modo de sombrero desde que se le ocurrió llamarse Cantinflas.
Los mexicanos e hispanoamericanos empezaron a cantinflear: hablar en forma disparatada e incongruente, sin decir nada y actuar de la misma manera.
Cantinflada: dicho o acción propia de quien habla o actúa como Cantinflas.
El nombre se volvió adjetivo, verbo y sustantivo, aprobado por la Real Academia Española y registrado en los diccionarios del castellano. Es una práctica que consiste en hilvanar frases que no dicen nada, la quintaesencia de la gracia que imita al ‘pelado’ mexicano que se volvió universal.
Mario Moreno Reyes nació en Ciudad de México el 12 de agosto de 1911, en la colonia Santa María la Redonda, un suburbio pobre y abandonado. En sus inicios fue embolador, mandadero, aprendiz de torero —llegó a ser considerado el mejor torero bufo del mundo—, taxista y boxeador, hasta convertirse en un ícono de la comedia popular a nivel mundial, comparado con Charles Chaplin.
Su consagración llegó con la película ‘Ahí está el detalle’, que lo impulsó como el gran mito cómico de la pantalla, así como de la carpa y el teatro. Estuvo unido en sus comienzos a Manuel Medel, su gran compañero, y a Shilinsky, el cómico ruso cuya hermana, Valentina Ivanova, contrajo matrimonio con Cantinflas y permaneció a su lado hasta el día de su muerte. No tuvieron hijos biológicos; adoptaron uno: Mario Moreno Ivanova.
Nunca volvió a casarse, aunque los chismosos de la farándula le atribuyeron amores nunca comprobados. Falleció el 20 de abril de 1993, a los 82 años, a causa de un cáncer pulmonar derivado de su adicción al tabaco; en sus películas nunca dejaba el ‘pucho’.
El día de su muerte, miles de seguidores llegaron al Teatro Jorge Negrete y también al Palacio de Bellas Artes, donde permaneció tres días para que la multitud pudiera verlo y despedirse del personaje que siempre los hizo reír y los enviaba a casa llenos de felicidad. El gran escritor mexicano Carlos Monsiváis, su admirador, lo describió con una sola palabra: insuperable. Solo le rivalizó otro ídolo popular mexicano: Pedro Infante.
Antes de morir expresó: “Alguna vez resucito y les dejo: ahí está el detalle, chiquitos; nada más me voy de mi cuerpo, lo demás se lo dejo a mi Diosito”.
Fue dueño de una facultad creativa y de una improvisación oportuna que nunca ha podido ser imitada, así como de una forma magistral de enredar sin decir nada. Solo los mentirosos y vendedores de humo en la vida real, cuando actúan, conjugan el verbo ‘cantinflear’, especialmente en épocas de elecciones.
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