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Paloma Valencia: la arquitecta del Estado y la fuerza del rigor
Una mente estructurada que ha decidido que su mayor obra no será un libro de teoría sino la transformación de una realidad nacional...
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11 de ene de 2026, 12:46 a. m.
Actualizado el 11 de ene de 2026, 12:46 a. m.
Hay quienes llegan a la política por herencia y quienes la habitan por arquitectura intelectual. En Paloma Valencia la palabra es un territorio construido con el rigor de quien lee a los clásicos y la pasión de quien entiende que Colombia duele en sus detalles.
No es solo la senadora que domina la Comisión Primera; es, ante todo, una mente estructurada que ha decidido que su mayor obra no será un libro de teoría sino la transformación de una realidad nacional que conoce desde los centros de poder hasta los trapiches del Cauca.
Detrás de su firmeza en el atril habita una mujer formada en la confluencia de la filosofía, el derecho y la literatura. Su autoconfianza no proviene del apellido —nieta del expresidente Guillermo León Valencia—, sino de una disciplina casi espartana. Es conocida por ‘quemar pestañas’ estudiando ponencias técnicas de economía, hidrocarburos y energía, cimientos de la soberanía que domina con obsesión. Esa preparación le permite dominar un “inglés de Estado” fluido y técnico, un puente necesario entre lo local y lo global que define a los líderes con visión de futuro en un mundo interconectado donde la diplomacia y la inversión requieren interlocutores de alto nivel.
Cuando llegó al Senado en 2014 su discurso lo sustentaba en datos y principios legales; una defensa doctrinaria y era la “escudera” técnica de una visión de mundo. Sin embargo, con el paso de los años su tono evolucionó hacia una dimensión más humana y estratégica. La llegada de su hija, Amapola, coincidió con un giro narrativo fundamental: la política dejó de ser solo una disputa de principios para convertirse en una herramienta de ‘protección del futuro’. Su oratoria más pausada, profunda y pedagógica transita de la protesta a la propuesta constructiva. Paloma no solo señala el error del adversario, sino que lo acompaña con una alternativa técnica, buscando atraer a sectores que apelan al sentido común, la legalidad y la eficiencia administrativa.
Esa madurez se traduce en resultados. Paloma ha sido el muro de contención legal de la República: lideró la demanda que tumbó el Ministerio de la Igualdad, frenó facultades extraordinarias que comprometían los recursos públicos en La Guajira y detuvo la ‘expropiación exprés’ en el Plan Nacional de Desarrollo. Además, ha protegido la autonomía universitaria frente a intentos de imposición ideológica externa.
Su labor es también de acuerdos estratégicos y creación legislativa. En la discusión de la Jurisdicción Agraria logró suprimir las cláusulas que facilitaban la expropiación, defendiendo la propiedad privada en el campo como motor de desarrollo. En la reforma educativa se erigió como la guardiana de la libertad de elección y de la educación privada, evitando la asfixia financiera del Icetex. Frenó su desmantelamiento administrativo y, ante los recortes de subsidios, defendió la permanencia de la entidad. Su legislación tiene un rostro humano y social: logró la histórica Ley de la Panela, rompiendo monopolios para beneficiar a miles de pequeños productores; impulsó la Ley de la Escalera de la Formalidad, creando un Invima artesanal para que los emprendedores de base puedan crecer, y la Ley Estado Contigo, que hoy asegura alertas tempranas para proteger a la niñez y garantiza el sustento de las madres cabeza de hogar.
En sus debates sobre la reforma a la justicia suele argumentar con una vehemencia técnica que deja poco margen de error a sus oponentes; conoce los códigos tan bien como las calles. Cuando defiende los derechos de autor y la propiedad intelectual, su lado académico brilla, protegiendo la innovación frente a la burocracia estatal. Su trayectoria es la prueba de que en política la forma es fondo. No se trata solo de la firmeza de sus convicciones, sino de la solidez de los cimientos que las sostienen. Su evolución —de la defensa doctrinaria a la construcción de soluciones con impacto popular— revela una mujer que no solo entiende el país en sus leyes, sino en sus dolores más arraigados.
Con la experiencia de tres periodos legislativos y quien domina el lenguaje técnico y la realidad del territorio, Paloma no solo habita el presente de Colombia; lo está diseñando. Su carrera es la edificación de una alternativa basada en la coherencia y la preparación. En un horizonte que reclama orden, su nombre se levanta como la arquitecta de un modelo posible, lista para liderar retos de mayor escala y traducir su rigor académico en la ejecución de un plan de gobierno ejecutable y transformador. Colombia no solo requiere quien la defienda, sino quien sepa reconstruirla.

Psicóloga de la Universidad del Valle con Maestría en Ciencia Política de la Universidad Javeriana, Estudios en Negociación de Conflictos, Mediación y Asuntos Internacionales. Columnista, concejal de Cali durante 2 períodos y senadora de la República durante 16 años. Presidenta del Congreso de la República, Ex embajadora de Colombia ante las Naciones Unidas, Ex ministra de Relaciones Exteriores.
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