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Absurdos de la vida

Duele reconocerlo, pero esos absurdos también los han vivido y los viven otras personas, y muchas de las muertes tempranas son el resultado, en su mayoría, de situaciones de violencia, inequidad y desigualdad social.

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Angelino Garzón ex vice presidente de Colombia y ex ministro de trabajo en entrevistra con Diego Marínez Lloreda director de El País para el programa Al Banquillo con Martillo
Angelino Garzón exvicepresidente de Colombia y exministro de Trabajo. | Foto: BERNARDO PEÑA/El País

3 de mar de 2026, 01:46 a. m.

Actualizado el 3 de mar de 2026, 01:46 a. m.

La noticia que conocí por algunos medios de comunicación de Cali el pasado 28 de febrero, en horas de la tarde, sobre la muerte del joven abogado Jairo Alfonso Prado Roldán, quien se desempeñaba como notario en el municipio de Zarzal, departamento del Valle del Cauca, e hijo del abogado caleño Gustavo Prado y de la exgobernadora del Valle del Cauca, Clara Luz Roldán, me ha recordado que en la vida de los seres humanos se presentan algunos absurdos, como el hecho de que los padres tengamos que enterrar a nuestros hijos. Esa es, por lo menos, la experiencia que dolorosamente me ha tocado vivir y padecer junto con mi familia, en medio de una situación en la que la justicia ha brillado por su inoperancia.

En lo personal, y por experiencia propia, entiendo el intenso dolor y la tristeza que deben estar viviendo los padres y hermanos de Jairo, un dolor que no lo va a revivir y del cual no pueden quedarse prisioneros.

Por haber experimentado ese mismo sufrimiento, mi consejo es tener en cuenta que, aunque Jairo ya no está físicamente en la tierra con su familia, estoy seguro de que, desde el mismo instante en que murió, cuentan con la permanente protección de un angelito en el cielo.

Así es como, personalmente, mi familia y yo lo hemos sentido desde el momento en que murió primero mi hija Jenny, en Bogotá D. C., y luego mi madre, la popular Conchita de la galería Alameda de Cali. Anoto, además, que mi hija Jenny nació en mayo de 1973, en Cali, y se graduó con honores como arquitecta en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá D. C.

Por haber pasado por esa dolorosa experiencia, me atrevo a compartir esta vivencia muy personal con los padres y hermanos de Jairo, y a sugerirles que, sin volverse prisioneros del dolor, recuerden todos los días lo bueno que hizo en vida, incluso desde que era un niño. De esa forma, se mantendrá viva su memoria.

Duele reconocerlo, pero esos absurdos también los han vivido y los viven otras personas, y muchas de esas muertes tempranas son el resultado, en su mayoría, de situaciones de violencia, inequidad y desigualdad social.

Esto nos indica que, si nos proponemos como sociedad, como país y como gobiernos unirnos en la diferencia, podemos cambiar este panorama y, de esa manera, evitar muertes de personas a temprana edad. Muertes que, por cierto, son numerosas y contradicen, tanto en Colombia como en cualquier otro país, las conductas de convivencia pacífica y solidaridad ciudadana.

Deseo reiterar a Gustavo y a Clara Luz, junto con mi familia, toda nuestra solidaridad y nuestros sentimientos de afecto por el dolor que están viviendo. Les recuerdo que, por encima de las diferencias que puedan existir entre los seres humanos, ahora tenemos en común una responsabilidad ética con los tres angelitos que, desde el cielo, cuidan de nosotros. Esa responsabilidad nos obliga a continuar luchando en nuestro país para que la irracional violencia que vivimos desde hace varios años no siga generando absurdos que se pueden evitar en la vida, como el de que los padres, dolorosamente, tengamos que enterrar a nuestros hijos.

Exministro de Trabajo, exvicepresidente de Colombia, exgobernador del Valle

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