Columnistas
Colombia votó contra, no a favor
Rechazar convenció más que elegir y esa distinción define lo que viene.
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1 de jun de 2026, 02:12 a. m.
Actualizado el 1 de jun de 2026, 02:12 a. m.
La primera vuelta volvió a demostrar algo que las categorías de izquierda, derecha y centro ya no alcanzan para leer lo que ocurre en las urnas. El electorado decidió tarde, más emocionalmente y con menos lealtad partidista que nunca. Y esa combinación sigue tomando por sorpresa a quienes insisten en medirlo con herramientas del siglo pasado.
El gran ganador no fue Abelardo de la Espriella sino el rechazo a Petro, aunque sería injusto no reconocer que Abelardo demostró ser un político de otra categoría. Buena parte del electorado no eligió un proyecto, prefirió un cortafuegos, el voto útil. Rechazar convenció más que elegir y esa distinción define lo que viene.
El sistema completo de observación política falló en medir a Abelardo; encuestas, medios, analistas, partidos, ninguno calibró la magnitud de su respaldo. Su victoria es la factura de un segmento que venía creciendo y que pocos han sabido interpretar: ciudadanos hartos de las élites, asustados por la inseguridad, desconfiados del Estado, dispuestos a respaldar quien prometa confrontación antes que conversación. Y eso no es exclusivamente de derecha, también proviene de sectores populares, independientes y antiguos votantes de centro que decidieron apostar por algo distinto, aunque ese algo no acabe de llenar.
El problema es que ese combustible no garantiza ganar la segunda vuelta. En primera se premia la identidad; en segunda se premia la capacidad de construir mayoría. Abelardo ya captó gran parte del voto de derecha disponible. El crecimiento que necesita viene de votantes urbanos y moderados que no buscan indignación sino gobierno. Su reto será mantener la energía antisistema sin generar miedo en quienes todavía dudan.
Paloma Valencia es la otra lectura de la noche. Quedó atrapada entre un electorado inconforme que prefirió una versión más contundente de sus propias ideas y votantes moderados que nunca terminaron de cerrarle. Cuando emerge una derecha más disruptiva, el electorado conservador suele preferir el original antes que la versión institucionalizada. Terminó en tierra de nadie entre el uribismo clásico y una nueva derecha más emocional y plebiscitaria.
Su casi inmediata adhesión a Abelardo es la señal más elocuente; si ese liderazgo logra consolidarse sin depender estructuralmente de Uribe, Colombia estaría entrando en un posuribismo real. No la desaparición de las ideas uribistas, sino la posibilidad de que circulen sin necesitar al expresidente como vehículo indispensable.
La incógnita decisiva está en el centro. Los votantes de Fajardo y Claudia López importan más que ellos mismos. Lo más probable es que lleguen fragmentados: los más progresistas tenderán hacia Cepeda por afinidad o prevención; los más preocupados por seguridad y economía podrían moverse hacia Abelardo. En las segundas vueltas polarizadas el elector de centro vota menos por entusiasmo que por prevención, vota contra lo que más teme.
En medio de todo, merece reconocimiento que la Registraduría cumplió. Los resultados fluyeron con celeridad y transparencia, desactivando antes de nacer cualquier narrativa de fraude y disipando la siembra de dudas que Petro había comenzado a instalar con semanas de anticipación. En un continente donde la desconfianza electoral se ha convertido en arma política, Colombia mostró que su infraestructura democrática funciona.
En las próximas tres semanas no veremos una competencia entre dos proyectos que entusiasmen. Será, para millones de colombianos -lo que advertí en mi columna anterior-, solo dos precipicios frente a frente, y la única decisión posible será calcular, fríamente, cuál tiene el fondo menos duro. Esa frialdad, en un país tan caliente, puede ser la única forma que nos queda de elegir con cordura.
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Claridades: Otra variable que no aparece en ningún modelo electoral y que podría inclinar la balanza de forma determinante a favor de Cepeda es que Petro va a meterse en esta campaña con todo lo que tiene. Su rótulo, su presupuesto y una burocracia que sabe perfectamente de qué lado debe soplar el viento. No sería la primera vez que un gobierno colombiano usa la segunda vuelta como causa propia pero sí la más descarada… Este es el mismo presidente que durante más de veinte años denunció el abuso del Estado y hoy lo ejerce sin pestañear.

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.
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