La mala política

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La mala política

Julio 07, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

La política del escándalo y la mentira que vende atrae a los medios de comunicación. Esa es la que practica el hoy senador Gustavo Petro, llegando a reclamar la insubordinación y la desobediencia civil.

Colombia, qué duda cabe, atraviesa por graves problemas a los cuales se les debe dar respuesta. Más aún cuando sus instituciones están afectadas por múltiples factores, el país está bajo la emergencia más grande de su historia causada por el coronavirus, y fenómenos como la corrupción erosionan la confianza en el Estado y en la dirigencia política como vehículo de la democracia para manejar y orientar los destinos públicos.

Ese escenario es utilizado por quien ha sido beneficiario de esa institucionalidad que llama a desconocer, sembrando la discordia y sin ofrecer soluciones. Petro, quien ha sido favorecido de una amnistía como guerrillero activo, que tiene sindicaciones por recibir recursos en efectivo que no ha explicado ante la Justicia, ahora pretende erigirse como la conciencia moral, descalificando a quien se le ocurra y amenazando con paralizar a Colombia y demandarla en cortes internacionales.

El que fuera derrotado de manera categórica en las pasadas elecciones por el hoy presidente Iván Duque, ahora desconoce su legitimidad argumentando mentiras y medias verdades, aprovechando la libertad de los medios de comunicación que existe en nuestra democracia. Él, que disfruta de la dignidad que le otorgaron esas elecciones y se ha convertido en fuente principal de algunos medios, pretende desconocer los diez millones de votos que acompañaron a quien es el Mandatario Constitucional de nuestra Nación.

Y llama a no pagar los impuestos y las facturas de los servicios públicos o a desconocer los lineamientos de la educación en Colombia, precisamente en los momentos en los cuales la pandemia ha llevado a una parálisis que no ocurre sólo en nuestro país. Es el oportunismo disfrazado de desobediencia civil que se mezcla con sarcasmo, mentiras y cinismo de la peor laya para tratar de convertirse en el falso líder de la inconformidad.

Es claro que con sus actitudes el senador pretende utilizar los medios de comunicación para conseguir que se refieran a él, apropiándose así del escenario en momentos difíciles para nuestra sociedad. Pero nunca se toma el trabajo de responder por las acusaciones y las pruebas que hay en su contra por recibir recursos en forma ilegal en una de sus tantas candidaturas, o por explicar las tantas denuncias que existen en contra de él cuando fue alcalde de Bogotá hace cuatro años, procesos que aún no tienen fallos definitivos y van camino a la prescripción.

La oposición no es sólo un derecho en Colombia: es una necesidad para superar los malos momentos y para hacer de nuestra democracia el organismo vivo capaz de regenerar sus instituciones y adecuarlas a las necesidades de la Nación. Pero lo que está haciendo el senador Petro no es una oposición sana y constructiva sino el aprovechamiento descarado de las libertades para destruirlas mediante el populismo mentiroso que aprovecha la confusión para sembrar el odio y la división en la sociedad.

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