Ayuda humanitaria

Ayuda humanitaria

Febrero 06, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Imposible desconocer la catastrófica situación por la que pasa el pueblo venezolano debido a la carencia de comida, la escasez de medicamentos y la falta de insumos para prestar los servicios de salud. Frente a las agresiones de la dictadura de Nicolás Maduro y de sus sostenedores, Colombia responde abriendo sus fronteras para canalizar la ayuda humanitaria que han ofrecido los países democráticos y ha sido gestionada por el presidente interino Juan Guaidó.

Las cifras confirman la tragedia de nuestros vecinos: según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación, FAO, 3,7 millones de venezolanos presentaron problemas de desnutrición entre 2015 y 2017; el 11,7 % de la población no puede tener las tres comidas diarias por la escasez y por la hiperinflación; y entre 2017 y 2018 perdieron en promedio 11 kilos de peso.

Además, según la Federación Farmacéutica Venezolana, Fefarven, faltan 8 de cada 10 medicamentos y el año pasado la hiperinflación produjo un aumento de entre 1.000 y 3.000 % en los precios de fármacos para tratar el cáncer, VIH y la hemofilia. Ni qué decir del destruido sistema de salud pública, incapaz de atender las más elementales emergencias y mucho menos de responder por enfermedades de alto riesgo.

A esa situación ha llegado el vecino país por culpa del régimen que se instaló hace 20 años en el poder y que destruyó la economía, acabó con los recursos de la Nación y llevó a la miseria a su sociedad. Las penurias que han obligado a que al menos tres millones de venezolanos, el 10 % de su población, hayan salido en los últimos dos años de su país huyendo de la escasez y la represión, son la razón de la ayuda humanitaria internacional.

Estados Unidos ha ofrecido US$20 millones, Canadá US$53 millones, la Unión Europea US$5 millones y se espera que crezcan los ofrecimientos. A Colombia ya llegaron 60 toneladas de ayuda humanitaria y en el Brasil se establecen puntos a los cuales llegarán los insumos que aporten los donantes de la comunidad internacional. Es la actuación civilizada y pacífica contra quienes se basan en las bayonetas, la represión y la escasez que administran con cajas de comidas las cuales entregan sólo a quienes se plieguen a la tiranía

La respuesta del régimen de Nicolás Maduro, desconocido ya por la inmensa mayoría de los países del mundo libre, ha sido rechazar ese apoyo afirmando que su país no es “mendigo de nadie” y que a quienes ofrecen la ayuda les falta “decoro y dignidad”. O en atravesar camiones en los puentes para impedir el ingreso de suministros que requieren con desespero los venezolanos, como si ayudar a quienes necesitan lo que les niegan fuera un atentado de aquellos que organiza el Eln desde Venezuela.

Son las dos formas de enfrentar una tragedia inaceptable. El régimen corrupto que su propio pueblo rechaza, el cual recurre al discurso de la invasión y la guerra para mantener un poder que se derrumba, y el mundo libre que se solidariza con los venezolanos, reconoce las circunstancias que padecen y ofrece su ayuda para aliviar la destrucción a la cual los condenó la tiranía.

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