CULTURA
La historia del cristianismo contada por Juan Esteban Constaín en su nuevo libro: “Soy un pagano que cree en Cristo”
‘El hijo del hombre’ un ensayo histórico sobre los orígenes del cristianismo, que redescubre el rico sincretismo cultural judaico, griego y romano que define nuestra fe.
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12 de abr de 2026, 11:39 a. m.
Actualizado el 12 de abr de 2026, 11:39 a. m.
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No hay conversación más larga que la de temas religiosos: la existencia o no de Dios, la veracidad histórica de los relatos de Jesús, las vidas y milagros de los santos medievales, las cohortes celestiales y cada uno de sus generales, las costumbres de los cristianos primitivos o los llamados maestros del desierto, la hipótesis herética de que a lo mejor el diablo es el hombre, o las intrincadas y oscuras finanzas de la Iglesia. Por eso, cuando dos o más personas llegan este punto de no retorno saben que deben detenerse o continuarán así hasta el amanecer.
El escritor colombiano Juan Esteban Constaín es de los pocos temerarios que —en la actualidad— no huyen ante los temas de índole sacra. Por el contrario, prefiere sumergirse en ellos hasta llegar al origen o, como en el caso de su más reciente libro ‘El hijo del hombre’, hasta los orígenes del cristianismo.

Sin duda nacer en Popayán, una de las ciudades más religiosas del mundo, determinó esta predisposición, porque, de hecho, Constaín creció dentro de la tradición católica, cumpliendo cada uno de sus sacramentos: bautizo, comunión, confirmación e incluso casándose por la Iglesia —como Dios manda, aunque ya esté divorciado—. Pero, a diferencia de otros escritores, jamás renegó de sus creencias para parecer crítico. En vez de eso, adoptó el patrimonio cultural y universal del catolicismo para definir su pensamiento y crear su obra literaria.
En novelas como ‘Calcio’ (2010) y ‘El hombre que no fue jueves’ (2014) ya están presentes la historia de la Roma imperial y la obsesión por los misterios de la Iglesia Católica, que Constaín aborda con una imaginación feliz y erudita, a través de narraciones sobre el curioso origen del fútbol en tiempos de los césares, y de la excéntrica propuesta para canonizar al escritor británico Chesterton.
Todo ello escrito sin la menor evidencia de proselitismo o tono evangelizador, teniendo en cuenta que, como enseña su maestro Nicolás Gómez Dávila, no hay que tratar “de convencer; el apostolado daña los buenos modales”.
Ahora, con ‘El hijo del hombre: Grecia, Roma y el nacimiento del cristianismo’, el escritor payanés exhibe todas sus capacidades como historiador y ensayista literario para reconstruir un momento de intercambio cultural decisivo, cuando mitologías, filosofías y sistemas de creencias de origen semítico, griego y romano confluyeron en una nueva civilización que, entre manifestaciones grandiosas de arte y humanismo —y actos de barbarie despreciables—, sigue siendo la nuestra.
“Quise hacer un ensayo que brindara la experiencia más plácida posible a los lectores, en medio de un tema que exige mucha información. Existía siempre la posibilidad y el peligro de que fuera un ladrillo, porque esta es una cuestión profunda y trascendental, así que la asumí de manera muy rigurosa, pero con una aproximación literaria que para mí era muy importante, pues abre la posibilidad de que haya un diálogo con toda clase de personas”, dice el escritor, que por estos días se encuentra en la capital de Alemania.
—Hoy son más bien pocos los escritores que se arriesgan a tratar cuestiones religiosas que, por lo general, tienden a ser materia de historiadores y teólogos...
Para mí el cristianismo es el tema más importante de la historia y el más importante de mi vida desde el punto de vista intelectual y filosófico. Es el tema sobre el que más he leído, quizás del que más me he ocupado tanto en mi obra de ficción como en la ensayística. Es un tema siempre inagotable, al punto que incluso después de haber escrito el libro, siento que hay más cosas por decir, por eso sigo trabajando para un segundo volumen.
Hoy no es muy popular, pero hay una tradición muy rica de escritores que se ocuparon en serio de la historia de las religiones y, en particular, del cristianismo. Están, desde luego, Chesterton y Asimov. Pero yo pienso, por ejemplo, en Will Durant, que era también un excelente divulgador con la consigna, además, de que la divulgación puede ser agradable de leer, sin esquivar el rigor y la profundidad.
A mí me gustan los libros de divulgación bien escritos y profundos y, en ese sentido, hay muchos autores a los que yo quise también rendirles aquí un tributo.
Uno de ellos es un colombiano al que no se le ha hecho la debida justicia, fue un político liberal muy erudito que se llamaba Álvaro Uribe Rueda, fundador en su momento del MRL, el partido de Alfonso López Michelsen contra el Frente Nacional. Este señor escribió un libro llamado ‘Vizancio, el dique iluminado’, que es de verdad un prodigio, uno de los ensayos mejor escritos en Colombia y sobre un tema que parece tan distante como es el Imperio Romano de Oriente, con una erudición descomunal.
—Muchos escritores, intelectuales y críticos evitan reconocer abiertamente que practican una religión y profesan una fe. En su caso, ¿se considera un escritor católico?
Sí, yo soy católico y cristiano, nací en un hogar por suerte muy liberal o, como me gusta decirlo, “demasiado liberal para mi gusto”, donde me inicié muy temprano y sin sobresaltos o traumas en el catolicismo, porque, además, siempre sentí en esta tradición religiosa una dimensión estética de la fe que me regocijaba mucho, pero luego he llegado a la conclusión de que mi fe es como la que define Gómez Dávila, un autor que yo idolatro, en el epígrafe que puse para abrir mi libro.
Escogí uno de sus escolios con la frase: “Más que cristiano, quizás soy un pagano que cree en Cristo”. Porque sí, yo creo en Cristo y soy católico, pero sobre todo por esa herencia griega y latina que habita en el cristianismo y va más allá de la fe.
Me siento muy satisfecho de inscribirme en la tradición de escritores católicos, como Chesterton, que es uno de mis santos de cabecera y al que, entre otras, dediqué una novela en la que me sumé a su proceso de santificación que, por suerte, nunca ocurrió.
“El cristianismo parte del contexto judío que viene de Oriente próximo, pero el punto de inflexión para que se origine ocurre cuando la cultura griega llega al mundo oriental, de la mano de Alejandro Magno, en el siglo IV A. C., allí comienza un proceso de helenización que determinará el fenómeno cosmopolita y universal que será unos siglos después”.
—La historia del cristianismo es arte y también barbarie, ¿cómo asume estos contrastes?
A mí me gusta esa tradición estética y cultural del cristianismo católico, aunque, como lo digo en mi libro, uno no puede sustraerse de toda esa historia oscura y esperpéntica de los horrores de la fe y de la Iglesia Católica en el ejercicio de un poder descomunal que heredó justamente del Imperio Romano, por eso es necesario conocer las raíces de ese proceso histórico. Allí hay un legado doloroso y que muchos pueden criticar, pero esa es otra historia, no menos importante, aunque yo me ocupo en descifrar los orígenes de la fe cristiana y explicar cómo una secta minoritaria del judaísmo del Segundo Templo, una secta mesiánica con un líder, a la vuelta de tres siglos terminó doblegando al Imperio Romano.
Describo con la mayor precisión que me fue posible cuál es el cruce de caminos que al final hace posible el cristianismo, con ese torrente monoteísta del judaísmo y también con el torrente del paganismo griego y romano que incluye la literatura y la filosofía, que permitieron darle al cristianismo una condición universal.
—En los ritos religiosos, las imágenes y el mismo relato de Cristo hay un innegable paganismo...
A mí me gustan los ritos del catolicismo y en el libro menciono un texto bellísimo de Oscar Wilde que se llama ‘De protundis’, una carta larguísima, un ensayo en realidad, que él escribió en sus últimos años en una cárcel, donde escribió también ese poema que se llama ‘Balada de la cárcel de Reading’. En ese ensayo cuenta cómo y por qué se convirtió al catolicismo, y Wilde, como se sabe, era una especie de sacerdote neopagano y un adorador de la tradición clásica, de los romanos y los griegos.
Reflexiona sobre cómo todos esos referentes del mundo antiguo continuaban en esta religión, y termina diciendo: “Yo me convierto al catolicismo, porque es como celebrar la última oportunidad que hay en el mundo moderno de asistir a la tragedia griega”. Incluso, él equipara a Jesús con un héroe de la tragedia griega. Me parece que esa es una propuesta teológica brillante y conmovedora.
—Hay quienes, en un radicalismo absoluto, pretenden ‘cancelar’ la cultura católica. ¿Es posible ignorar 2000 años de historia?
Uno puede conocer y criticar de manera muy severa el legado político y hasta criminal, si se quiere, del catolicismo, con todos sus horrores, con la Inquisición, las cruzadas, sobre todo la que hicieron contra los cátaros, y la forma brutal como Occidente, comandado por la Iglesia, se portó con el mundo bizantino, y el griego en la baja Edad Media, que fue una de las razones por las cuales al final los turcos que eran musulmanes terminan tomándose Constantinopla.
Condenar todo lo que da significado al discurso de poder del cristianismo, y sobre todo de la Iglesia Católica, su censura de libre expresión por siglos, y recientemente los espantosos casos de pederastia. Basta leer la historia para reconocerlo y pretender negarlo es una estupidez.

Pero, al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que el cristianismo es la gran síntesis cultural del mundo antiguo, que resume la tradición monoteísta del judaísmo y la tradición cultural y literaria del paganismo griego y romano.
Que a partir del Siglo IV de nuestra era el cristianismo va a perpetuar la identidad cultural de eso que llamamos Occidente, que es el Imperio Romano Occidental. Además, formará una nueva identidad en el mundo, eso que llamamos el catolicismo, que permitirá el surgimiento de unos prodigios, desde el punto de vista artístico, a nivel pictórico y literario, es decir la llamada ‘Divina Comedia’, de Dante, no es comprensible sin todo lo que significa el catolicismo medieval, y el caso más elevado de cultura europea, como fue el Renacimiento italiano.
Por eso la historia es necesaria, para revelar esa complejidad y tratar de entenderla mejor, sin radicalismos y fanatismos. Uno no puede, en nombre de cierta corrección, negar lo uno ni rechazar lo otro, en ningún sentido.
Es una tontería negar los crímenes y el legado terrible del cristianismo, así como lo sería negar su herencia cultural, porque simplemente todos seguimos siendo herederos y partícipes en el mundo de hoy de esa civilización cristiana para bien y para mal; es una paradoja de nuestra historia. En ese sentido, creo que el legado del cristianismo es irreductible a las tendencias de lo políticamente correcto.
“El cristianismo es una religión que nace del judaísmo, pero que lo trascendió, porque si no, sería hoy como una secta judía, y, después de Jesús, fue San Pablo el que entendió que se trataba de un credo universal y llevó ese mensaje a los gentiles y lo expandió en el mundo pagano”.

Periodista y escritor, entre sus publicaciones destaca el volumen de ensayos ‘Libro de las digresiones’. Reportero con experiencia en temas de cultura, ciencia y salud. Segundo lugar en los Premios Jorge Isaacs 2022, categoría de Ensayo.
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