cultura
Vanessa De La Torre: “No me gusta el peligro, pero me paro al borde del riesgo”
Periodista, presentadora, madre, caleña. Vanessa De La Torre acaba de presentar su primera novela, ‘El olor del fin del mundo’, y habla sobre este, su nuevo mundo.
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10 de may de 2026, 11:58 a. m.
Actualizado el 10 de may de 2026, 11:58 a. m.
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Como periodistas tenemos ese piso firme que es la cantera de los datos, de los hechos, de la información real. Pero, ¿quién lo auxilia a uno cuando entra al mundo de la novela, de la imaginación, de la libertad plena?
Es un riesgo muy grande. Yo soy, sobre todo, lectora. Siempre me pregunto: La gente, pudiendo leer a Dostoievski, a Mark Twain, a Sándor Márai, a Kundera, a Gabo, a Borges, ¿por qué lo va a leer a uno? Ese era mi temor. Porque respeto profundamente a los escritores.
Yo usé todas las herramientas del periodismo para contar la pandemia, para contar el horror, los cementerios, la muerte, la cremación, la supervivencia, la lucha por la vida en las unidades de cuidados intensivos, los niños, el regreso a los colegios, los abuelos y los padres más enfermos, el primer muerto en Colombia, cómo era el ritual de la despedida, la parosmia, la pérdida del olor.
Pero llegó un momento en que las fronteras del periodismo, que son las fronteras de la verdad, las quise atravesar. Me las quise llevar por delante. Y por eso terminé escribiendo ‘El olor del fin del mundo’, que es una novela. Tal vez me demoré tanto tiempo porque había temor. Yo confío plenamente en mi trabajo como periodista, a ciegas, tengo clarísimo lo que tengo que hacer. Pero hacer una novela es lanzarse al abismo.
Tuviste la compañía de un gran equipo editorial…
Que me acompañó de manera muy acertada y logré darle la forma que yo quería.
Pero es un riesgo, por supuesto, gigante. Muy atrevido. Porque sabes que el mundo literario es complejo, es de gente erudita. Yo respeto a los escritores; me he pasado la vida leyéndolos y entrevistándolos. Pero cuando empecé a verle el tinte, cuando fui penetrando esas emociones del ser humano para exponerlas sin juicios de valor en una novela, me gustó muchísimo. Y ahora estoy perdidamente enamorada del oficio de escribir.
Eres una mujer con mucha visibilidad; mucha gente te admira. Muchas mujeres te siguen. Entonces, ese que llamas “atrevimiento” también da permiso a muchas mujeres de atreverse.
Claro. Yo siempre creo que uno tiene que atreverse en la vida. Yo soy, fundamentalmente, una persona atrevida. Me gusta la adrenalina. Soy muy creativa y todo el tiempo estoy inventándome un proyecto, una idea, una manera de narrar, una manera de explorar. Creo que el periodismo tiene la gran obligación y la responsabilidad de cautivar a las audiencias y a los receptores de una forma distinta a como se hacía antes. Entonces, en ese ejercicio, todo el tiempo estoy inventándome nuevas maneras. No soy una persona a la que le guste el peligro, pero siempre me paro en el borde del riesgo.
¿Qué consejo te dio tu editora, por tratarse de tu primera novela?
Laura Gómez, que es mi editora de Penguin Random House, es una mujer absolutamente respetuosa. Fue también la editora de ‘Historias de amor en campos de guerra’. Teníamos conversaciones muy profundas sobre mis dos protagonistas, Antonio y Carmen.
Ella me preguntaba: “¿Por qué no hablar de la vida de Antonio, de su vida íntima, de lo que a Antonio le impide estar con Carmen? Ese fue el gran tema de las dos y otras varias personas. Decían: “Tienes que contar si tiene una esposa, si tiene una novia, si oculta algo más; hay que explicarle al lector qué es lo que le impide estar con ella”.
Yo decía: “No, mi problema no es la vida de Antonio. Mi problema es la vida de Antonio con Carmen. Y punto. Si él tiene unos impedimentos emocionales, éticos, estéticos, lo que sea, ese es su problema”.
Fíjate que ahí estabas ya pensando como novelista, porque la periodista tendría que contar todos los elementos.
Obvio.
Porque la literatura es justamente la elipsis, la contención, lo que no se dice, lo que se le deja libre a la mente del lector.
Claro, como periodista, yo tendría la obligación de contarle todo el mundo de él. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué no está con ella? ¿Cómo, cuándo, dónde, por qué, para qué? Pero como escritora, no. No me interesa. Porque también pienso, Paola, que la gente tiene derecho a su vida privada, a su intimidad, a amar de maneras disímiles. Con el trasegar de mi propia vida he ido entendiendo que hay muchas maneras de relacionarse entre los seres humanos, y que no todo tiene que ser convencional o dictado por la religión, la cultura y la sociedad.
¿De dónde salieron tus personajes, Carmen y Antonio, que viven una pasión desenfrenada y prohibida, interrumpida por el covid?
Son el resultado de muchos vinos, de mucho jazz, de muchas conversaciones, de mis propios dolores, de mis propios miedos, de mis propias inseguridades y de las historias que, como periodista, uno recibe todo el tiempo. Mis dos libros están muy, muy ligados, porque para hacer el primero, que es ‘Historia de amor en campos de guerra’, tenía 26 historias de mujeres y decidí publicar siete. Obviamente, me quedaron 19 mujeres dándome vueltas en la cabeza. Y muchas de las conversaciones y de lo que le ocurre a Carmen viene de allí: de la investigación del corazón de las mujeres, de cómo aman las mujeres.
Los dos libros tienen un hilo conductor: el amor. Eso ya indica que es uno de tus temas esenciales.
Uno no. Es “EL” tema. Es mi tema. Yo creo que tiene que ver con que he cubierto, como periodista, mucho odio. He cubierto guerra, procesos de paz, mucha violencia. Colombia es un país supremamente violento y yo he tenido la fortuna, pero también el infortunio, de tener que reportar tanta guerra, todos los días de mi vida, desde hace muchos años. Y en medio de ese trabajo periodístico, me di cuenta de que la única manera de nivelar el odio, la rabia, es a través del amor.

Y eso ocurrió cuando fui a los campamentos guerrilleros e hice la exploración para ‘Historias de amor en campos de guerra’. Me di cuenta de que una mujer enamorada es absolutamente poderosa en todos los sentidos; para bien y para mal, puede construir un imperio como Cleopatra, o puede también destruir. Y, obviamente, está mi propio amor. Yo también soy una mujer que ama con unas profundidades muy grandes. Yo no sé hacer nada a medias. Y he encontrado que el amor es una herramienta muy atractiva para contar todo, incluso el horror.
En medio de esta exploración y declaratoria del amor, te separas.
Separarse… Es muy doloroso. Desde cualquier óptica es un rompimiento durísimo. Yo me he separado dos veces; tuve un primer esposo argentino con el que vivía en Washington, pero no tenía hijas. Y realmente el amor grande de esta etapa de mi vida fue el papá de mis hijas.
Separarse es una decisión durísima, durísima, durísima, porque es una derrota, sobre todo cuando uno es criado a la manera caleña, como yo. Fui educada con unos compromisos, con unas fronteras y una manera de vivir. Porque, además, uno no tiene hijas para separarse, sino que se supone que el amor es para toda la vida.
Romper la palabra “siempre” cuesta mucho.
Por supuesto. Pero también pienso que cuando las cosas no funcionan, pues no funcionan, y hay maneras distintas de amar. Yo sigo teniendo una relación muy bella con mi exesposo, y la manera de amarlo cambió, cambió por completo, pero sigo teniendo una relación familiar muy fuerte con él. Dejamos de ser pareja, pero somos una gran familia. Y eso también es válido. La gente como yo, que no cree ni en la otra vida ni en el paraíso, toma ese tipo de decisiones en el camino. Y también se vale. Si uno no está en un matrimonio que está funcionando, tiene que buscar otra manera de que la vida y el amor le funcione.
Como soy una buscadora de aventuras, de historias y de amor, a mí la monotonía me abruma completamente. No soy una persona que se adecúe a la monotonía, y cuando el peso de la monotonía y el peso del tiempo comienzan a volverse insoportables, y se pierde la sorpresa, y se pierden unos elementos que son muy fundamentales para sostener viva la llama del amor… no puedo seguir ahí.
¿Tu tercer libro será novela?
Yo creo que sí. Yo creo que la entrada a la novela es una puerta de la que uno no sale, ¿cierto? Uno no sale porque descubre un universo distinto. Uno tiene muy pocas oportunidades en la vida de ser una persona distinta. Yo soy periodista desde que tengo 20 años; ahora tengo 48 años. O sea, llevo 28 años haciendo periodismo en televisión, en prensa escrita, en radio. Siempre periodista. Y de repente ocurre que te metes en la aventura de la ficción, de la literatura.
Ahora Vanessa no solamente habla de periodismo, sino que escribe, pero además este libro me ha abierto unas puertas impresionantes, es decir, la posibilidad de hablar con gente en unos términos y en una profundidad distinta a la que he tenido toda la vida.

¿Y a todas estas, Antonio amaba a Carmen?
Yo no sé, yo no tengo ni idea de si la quería o no. A veces creo que sí, pero luego creo que no. Luego creo que el tipo era un miserable egoísta. Luego digo: era divino, pero incapacitado para amar de esa manera. A partir de estas preguntas me inventé un canal de Youtube que se llama ‘Cómo aman los hombres’, y llevo como diez entrevistas. Han pasado Daniel Oviedo, Abelardo de la Espriella, Miguel Varoni, el ministro Antonio Sanguino, Juanpis González. Cada semana entrevisto a un hombre que me cuenta cómo aman los hombres. Y en medio de esa conversación hablamos sobre política, sobre literatura, sobre música, sobre lo que sea.
Volviendo a la novela, ‘El olor del fin del mundo’ tiene desde el título este sentido primordial: el olfato.
Uno no se da cuenta de lo importante que es el olor hasta que se le afecta. Porque la vista es muy evidente. El tacto y el oído son muy evidentes. Pero el olor es uno de esos sentidos que uno no valora de golpe. Perderlo, como nos ocurrió a mí y a mi personaje, implica perder conexión con la vida, con la infancia. Imaginen perder el olor del Pacífico. ¿Qué tal cuando tú abres la ventana por la mañana en estos hoteles de Buenaventura, y de pronto percibes ese olor del Pacífico, que es tan fuerte, tan poderoso?
Esos son los olores de la vida. En mi caso, los olores de la infancia, los olores de la maternidad, los olores de mis hijas. Imposible amar a alguien cuyo olor no te gusta. Estoy segura de eso. Yo me enamoro por el olor. Y me desenamoro también. Luego a mí, como a mi personaje Carmen, tras perder el olfato por el Covid, me dio parosmia, que es sentir unas ráfagas de olor putrefacto Fíjate que en ese momento Claudia López era alcaldesa y Luis Ernesto Gómez era secretario de Gobierno, y yo lo llamaba y le decía: “Luis Ernesto, huele a gasolina, se está incendiando Bogotá”. Me di cuenta después de que tenía parosmia.
Y fue horroroso porque yo no podía salir de mi casa, de mi cama. No me aguantaba mi propio olor. No me aguantaba el olor de mis hijas. No me aguantaba el olor de mi saliva, mi propio sabor. Eso fue horrible. Me duró un tiempo. No tan largo, porque me hubiera enloquecido, pero me duró. Allí entendí que la vida está totalmente determinada por los olores. La infancia tiene un olor. La maternidad tiene un olor. La amistad tiene olor. Todas las conexiones vitales que una persona puede tener con otra pasan por un olor.
Tu novela muestra cómo la pandemia fue un impedimento para el amor. Puede resonar con muchísimas personas.
Nos obligaron a la armonía. Eso me pareció muy complejo de la pandemia, porque de pronto terminamos todos encerrados en las casas con las familias. Parejas que no querían ni verse estuvieron obligadas a la armonía. Y cambió la forma en la que nos comunicamos. Esto, que estamos haciendo tú y yo, de vernos por Zoom, nació ahí.
Antes de la pandemia, yo tendría que haber viajado a Cali para que me hicieras esta entrevista, o tú a Bogotá.Entonces, esta manera de comunicarnos me parece preciosa y obviamente nos facilitó la vida, pero nació la adicción a las pantallas. Tiene unas consecuencias que son, aún, muy difíciles de medir. El covid-19 sí nos cambió la vida. Abrió unas brechas muy dramáticas en la educación, entre quien tenía un computador y acceso a Internet y quien no. También la manera como nos manifestamos el amor o el desamor.
Ahora que te oigo hablar, pienso en otro significado de este título tan hermoso y tan poético. ‘El olor del fin del mundo’ es el ningún olor. El fin del mundo no tiene olor, es el amor a través de pantalla, son las relaciones sin tacto. El fin del olor es la pérdida de todo lo humano…
Me gusta lo que dices, que el fin del mundo es el no olor. A mí me parece que el fin del mundo es la incertidumbre de no saber qué va a pasar con ese amor. El desamor también se parece al fin del mundo. Yo creo que no hay que conformarse jamás en la vida. El mundo está lleno de retos, pero también está lleno de posibilidades. El olor del fin del mundo es, sobre todo, una invitación, no a sobrevivir, sino a vivir, a vivir amando con el corazón a toda.
Definitivamente, Vanessa, eres una mujer matrioska. Siempre hay una nueva dentro de ti. Un libro te conduce a otro, una historia te conduce a muchas. Porque estás enamorada de la vida. Estás enamorada del conocimiento. ¿De qué más?
Yo pensé que iba a ser jardinera y chef. En la pandemia estaba totalmente convencida, porque te quiero decir que nadie en los tiempos del Covid sabía más de lavandas que yo. Logré llenar mi apartamento de lavandas. Logré sembrar romero.
Logré reproducir albahaca, que eso es lo más difícil que hay en la tierra. Entonces dije: mi destino es ser jardinera. Y voy a montar un bar, porque como me fascina el vino y aprendí a preparar negronis, dije: “Lo mío es esto”. Ahora digo: “No, lo mío es ser escritora. Hasta el último día de mi vida”.
La frase
“El País es un periódico que tengo en mi corazón. Fue mi primera casa editorial, el primer lugar en que escribí. Fui corresponsal en Washington. Los tengo muy, muy metidos en el corazón. Y Cali es para mí, siempre, el lugar de mis ancestros, de mis amores”.

Paola Guevara (Cali, Colombia). Escritora, periodista, editora y columnista de Opinión. Sus novelas 'Mi Padre y Otros Accidentes' (autobiográfica) y 'Horóscopo' (ficción), publicadas en español por Editorial Planeta y traducidas al italiano por Cento Autori, están en proceso de llegar al cine. Tras 21 años de destacada trayectoria en importantes medios de comunicación escritos nacionales y regionales, como Revista Cambio, Cromos, Casa Editorial El Tiempo o El País Cali, entre otros, desde el año 2022 es Directora de la Feria Internacional del Libro de Cali. Asesora en Protocolos de Familia, conferencista, gestora de proyectos editoriales y coach de escritura creativa, en la actualidad vive en Cali y escribe su tercera novela.
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