cultura
El cumpleaños de Mary Grueso es fiesta distrital en Buenaventura
La primera mujer afro miembro de la Academia Colombiana de la Lengua será parte de la delegación vallecaucana en la Feria del Libro, que se inicia el próximo martes en Bogotá. Presentará su cuento ‘¡Así lleva, truene o relampaguee!’ y conversará con la española Ana Alcolea, que escribió un libro inspirado en ella.
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16 de abr de 2026, 02:26 p. m.
Actualizado el 16 de abr de 2026, 02:26 p. m.
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POR DIEGO LEÓN GIRALDO, ESPECIAL PARA EL PAÍS
Este jueves 16 de abril, por toda Buenaventura se repetirá una y otra vez el nombre de Mary Grueso Romero, pues su cumpleaños 79 se declaró fiesta distrital. Entonces la poeta de La Muñeca Negra y Negra Soy, la misma que hace dos años se convirtió en la primera catedrática afro en la Academia Colombiana de la Lengua, repartirá esos amorosos abrazos de abuela, se quedará sin voz de tanto declamar en calles, colegios y actos culturales y tendrá su iluminada y orgullosa cara negra con la sonrisa tatuada.
El Día Mary Grueso Romero del Arte y la Literatura, declaratoria del Concejo Distrital, es la constatación de que eso de que no se es profeta en su tierra es un cuento para los que se resignan. Nació en Guapi, más al sur en ese Pacífico dolido, diverso, colorido y de generosas aguas, sabores y vegetación, pero, tal como dice: “Lo que soy como poeta, como escritora, tiene que ver con Buenaventura. Aquí me he realizado profesionalmente, la gente me ha aceptado. Dicen que el hombre es de donde trabaja y vive. ¡De aquí soy!”.
En paralelo prepara su participación en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) -del 21 de abril al 4 de mayo-, donde presentará el cuento ¡Así llueva, truene o relampaguee! y también tendrá un conversatorio con la autora española de literatura infantil y juvenil Ana Alcolea, que lanzará su libro Dulce María y Ernestina, un relato inspirado en la bonaverense.
Con el tono dulce que no pierde así esté reclamando, lo que dice llega más hondo al exigir el lugar merecido para los saberes, dignidad y riquezas de su comunidad: “La gente ha creído que la literatura y la poesía de la gente negra han sido marginales, de la periferia”. Su voz retumba y se queda vibrando, como el sonido de cununos y tambores que celebrarán su cumpleaños este jueves.

Entonces su cuerpo se endereza más y declama: “¿Por qué me dicen morena?/ Si moreno no es color,/ yo tengo una raza que es negra/ y negra me hizo Dios./ Y otros arreglan el cuento/ diciéndome de color/ dizque pa’ endúlzame la cosa/ y que no me ofenda yo./ Yo tengo mi raza pura/ y de ella orgullosa estoy,/ de mis ancestros africanos/ y del sonar del tambó./ Yo vengo de una raza que tiene/ una historia pa’ contá/ que rompiendo sus cadenas/ alcanzó la libertá”.
Ana Alcolea, al otro lado del Atlántico y desde Noruega, donde pasa unas semanas con su esposo, respira hondo cuando recuerda el día en que conoció a Mary. Fue justamente en una Filbo, hace tres años, que atraída por lo que de ella le habían contado, se fue a escucharla recitar. Dejó correr sus lágrimas de emoción y con la sensibilidad con la que ha escrito más de 30 libros, sin pudor alguno y despojada de ese ego elevado del que a veces culpan a los artistas, se le acercó, le hablo de admiración, de cómo se conectó con esos temas de la herencia y la memoria que cada una desde su orilla cuenta de manera personal.

La conexión se convirtió en mensajes de ida y vuelta y esa obra en la que Alcolea habla de una anciana española, Ernestina, que contrata a una cuidadora, una negra del Pacífico que entre cuento y canto la saca por momentos del alzheimer que la consume. La asistente y enfermera, Dulce María, le cuenta que esas tonadas y narraciones se las enseñó una maestra al otro lado del mar. “Es Mary, pero por respeto no la menciono con nombre propio. Es la gran maestra”, agrega Ana.
Mary comenzó a escribir tarde, a los 43, y como una manera para recordar a su Moisés, el amor al que un cáncer de páncreas se llevó en tres meses tras el diagnóstico (1991): “Era una manera de exorcizar, de celebrarlo, de recordarlo”. Al principio todos sus escritos transitaban la ausencia y se teñían de melancolía: “Luego, sin darme cuenta, comencé a escribir de otras cosas, del mar, el territorio, de las dificultades, de la mujer negra. Todavía recuerdo a Moisés, pero ya hablo de él sin dolor”.
Claro que el gustico por la literatura le venía de casa, cuando niña escuchaba que su mamá -Eustaquia- recitaba A solas, de Ismael Enrique Arciniegas, mientras hacia el oficio. Su papá, Wilfredo, siempre la maravilló por esa facilidad de palabra, por como embelesaba a todos con cuentos que había heredado de antepasados.
De sus años de secundaria, el profesor Luis Ángel Ledesma es lo primero que viene a su memoria. Ese poeta al que tanto le agradece, les enseñó a declamar, a entender que la palabra y la postura hipnotizan, que los tonos, el timbre y los silencios comunican. “Cuando declamo, nadie puede dejar de mirarme; porque se declama con todo el cuerpo”, dice sin falso pudor.
¿Qué ha significado ser la primera afro miembro de la Academia Colombiana de la Lengua?
‘Afortunadamente está sentada’, me dijeron cuando notaron mi emoción al darme la noticia. Ni me lo soñaba. Tengo una amiga en la Academia, que se llama Guiomar Cuesta, editora de mis libros de literatura infantil. Fue quien propuso mi nombre. Le dije: ‘¡Tas loca!, que negro van a querer en esa academia que es tan elitista’. Me invitó a Bogotá para dar una conferencia sobre Arnoldo Palacios. Les gustó el texto y la forma como expuse. Estaba Daniel Samper Pizano, conectado desde España. Él votó a mi favor.
¿Qué le ha representado?
La importancia de llegar y la responsabilidad de haber llegado. Es la cumbre de mi carrera literaria, algo que no imaginaba. Ha sido muy bien recibido, me han felicitado y consideran que me lo merecía por tantos años de trabajo y aporte a la literatura, a la educación.
¿A dónde la ha llevado la literatura?
A Ecuador, Venezuela, Cuba, Costa Rica, Chile, México, Estados Unidos, Panamá, Brasil y España.
¿Cómo nació el cuento que presentará en la FILBo?
¡Así llueva, truene o relampaguee! nació en el aula de clase, cuando enseñaba en el Gimnasio Buenaventura. Cuenta de una profesora que debe entregar sus logros al finalizar el periodo, pero cuando va hacia la escuela, se suelta un aguacero de esos que solo ocurren en el puerto. En su travesía para cumplir con la responsabilidad le ocurren muchas cosas, pero no desiste.
¿Qué siente sabiendo que su cumpleaños ya es una fiesta distrital?
Cuando lo supe, ¡Ay!... Amparo Grisales se me quedó en pañales, pues yo estaba más erizada. Siento que me puedo ir mañana, pero que voy a quedar en la memoria de la gente, que seguirán recitando mis poemas y montando mis obras de teatro.
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