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El Cigala vivió la rumba caleña: en emblemático bar de salsa cantó El Ratón

Antes de su gran concierto, el maestro Diego El Cigala aterrizó de sorpresa en el templo del jazz y la salsa. Entre tragos de Buchanan’s y la trompeta de Lucho Bravo, el gitano terminó en la tarima y hasta en La Topa Tolondra.

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Diego El Cigala
Diego El Cigala | Foto: Suministrada

9 de may de 2026, 05:25 p. m.

Actualizado el 9 de may de 2026, 05:39 p. m.

Y es que la Capital Mundial de la Salsai siempre tiene una manera especial de recibir a los grandes, pero lo que pasó esa noche, en Punto Baré, fue de esos momentos que se quedan grabados en el ADN de la ciudad. No fue un evento programado, ni hubo alfombra roja; fue la magia de una ciudad que ama la música y de un artista que lleva la salsa mezclada con flamenco en su sangre.

Diego El Cigala compartió en Punto Baré con don Wilson, uno de los socios del lugar, y el público.
Diego El Cigala compartió en Punto Baré con don Wilson, uno de los socios del lugar, y el público. | Foto: Cortesía para El País

El maestro Diego El Cigala, un día antes de su esperado concierto, decidió que no quería quedarse en el hotel y, gracias a la invitación de los músicos de la casa que tocan en su banda, terminó en medio del público caleño, en una de las mesas del emblemático bar de la Calle 5ta.

Wilson Gallego, socio del lugar y anfitrión de la velada, no se cambia por nadie. Según le contó a El País, el gitano llegó tipo 11 de la noche, escoltado por sus músicos y por su hijo Rafael, quien además de ser su mánager, su sombra, su aliado.

Diego El Cigala disfrutó de la salsa caleña, en Punto Baré.
Diego El Cigala disfrutó de la salsa caleña, en Punto Baré. | Foto: Punto Baré

Vestido con su clásica sudadera y una bufanda que terminó siendo protagonista de la velada, El Cigala no llegó con aires de divo. Al contrario, le invitaron a un whisky Buchanan’s y se dedicó a lo que mejor sabe hacer: sentir la música en la piel y en el alma.

La euforia del maestro fue total. Dicen los que estaban en el lugar, que Diego, con una sonrisa amplia y el ánimo arriba, no paraba de aplaudir, de tocar la mesa al ritmo de la clave y de elogiar la calidad de los músicos locales. Se quedó “con la boca abierta” al escuchar al maestro Lucho Bravo, uno de los mejores trompetistas del país, y a la banda de Punto Baré.

Y aunque no tenían en el repertorio “El Ratón”, los músicos lo tocaron y la conexión fue tan brava que El Cigala no aguantó las ganas, se subió a la tarima y se soltó a camtar eufórico. En un gesto de pura humildad y sabrosura, mientras cantaba, le entregó su bufanda a Wilson para que se la cuidara. El bar, que estaba a reventar con unas 100 personas tras su reciente remodelación, fue una fiesta, durante una hora y media que estuvo El Cigala.

Diego El Cigala la pasó feliz en una noche de rumba caleña, en Punto Baré y luego, en La Topa Tolondra, en Cali, la noche previa a su concierto.
Diego El Cigala la pasó feliz en una noche de rumba caleña, en Punto Baré y luego, en La Topa Tolondra, en Cali, la noche previa a su concierto. | Foto: Cortesía de Punto Baré

De Punto Baré a La Topa: Rumba sin tregua

Pero la noche no terminó ahí. Como buen amante de la rumba callejera, El Cigala no se conformó con un solo sitio. Después de tomarse fotos con medio mundo (porque aseguran que estuvo “queridísimo” y muy risueño, haciendo muecas y chistes), se fue a rematar a La Topa Tolondra.

Pese a los líos legales que rodean al artista, a Diego El Cigala se le vio en una armonía total con su hijo, feliz y enfocado en su arte. “Esos son temas personales, él se debe a su público y anoche fue un caleño más”, afirmó Gallego.

El Cigala se fue a dormir con el corazón lleno de salsa y celebrando la noticia de que su concierto ya tenía el “Sold Out” . Cali lo ama, y él, por lo visto, no puede resistirse al embrujo de una ciudad que, como él, lleva el sentimiento a flor de piel.

Punto Baré es un lugar icónico en Cali, los miércoles hay noche de jazz, llegan los mejores músicos del género en el país, convocados por el maestro Jaime Henao, en una big band conformada por 22 músicos; los viernes son de salsa tradicional caleña, de golpe, para bailadores, y hay domingos de tributos a diferentes artistas.

Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.

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