La otra ola de migrantes venezolanos que llegaría a Cali por nuevo visado en Ecuador

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La otra ola de migrantes venezolanos que llegaría a Cali por nuevo visado en Ecuador

Septiembre 01, 2019 - 07:55 a. m. Por:
Alda Livey Cobo Mera, reportera de El País
Comedor comunitario para migrantes venezolanos en el barrio Piloto de Cali

En el comedor del barrio El Piloto, los migrantes venezolanos hacen fila y entran por grupos de 40 o 50 personas, para alcanzar a servirles una ración diaria de almuerzo, que muchas veces es su única comida del día.

Foto: José Luis Guzmán / El País

Es miércoles en la tarde y Limbania Hernández, el ángel de los migrantes en Cali, apura el paso por los pasillos en la Terminal de Transportes. Está ayudando a despachar a dos jóvenes venezolanos que regresarán a su país, luego de que Ecuador impusiera nuevas normas migratorias que les impide avanzar para alcanzar el sueño ecuatoriano o peruano.

Uno de ellos se enfermó y al otro, su pequeño hijo se fracturó un brazo en Venezuela y les urge regresar. Los pasajes valían $360.000, pero Coopetran se los dejó a Limbania en $260.000 Cali- Cúcuta. “No alcanzamos a pasar, porque dieron plazo hasta el 25 (de agosto)”, dice el joven que llegó hasta Ipiales, pero tuvo que emprender el camino del retorno.

En esas se la pasa Limbania, una voluntaria laica que coordina la Casa del Migrante que tiene la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali en la Terminal, para brindar ayuda a los viajeros sin recursos. Pero desde 2016 las circunstancias los han llevado a atender a los venezolanos que huyen de la crisis en su país.

Situación que tiende a agravarse luego de que el Gobierno de Ecuador decretara la solicitud de visa humanitaria y pasaporte como requisito para la población venezolana, para el ingreso a dicho país, documentos que ellos no poseen porque el gobierno bolivariano ya no los expide.

No tienen otra opción que devolverse. Algunos se arriesgan a cruzar por las trochas. “A mí me ofrecieron pasarme por la frontera hasta Ecuador, pero había que pagar y me mostraron el video y había que trepar una montaña y escalar mucho y yo con este maletero, dije no, no puedo”, confiesa el joven señalando sus corotos.

Limbania dice que solo el martes 27 de agosto, se devolvieron a Venezuela entre 85 y 90 migrantes, luego de su frustrado intento de llegar a Ecuador y Perú. Pero tampoco había cupo. Días antes pasó igual, todos querían llegar a la frontera con Ecuador antes del 25, fecha en la que pasaron casi 12.000 venezolanos a ese país, según Migración Colombia.

Migrantes venezolanos en Cali, imagen de referencia 02

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Por eso ella teme que lo que le espera a Cali en estos días, es una nueva oleada de migrantes venezolanos procedentes de Rumichaca, Ipiales y Pasto, tratando de regresar a Venezuela o con miras a permanecer en la capital del Valle del Cauca.

Es el caso de Carlos Lugo, de 50 años, y su esposa, María Castillo. Estuvieron tres meses en Cali rebuscándose para ir a Perú, a reunirse con su único hijo, que migró a Lima hace casi un año. Pero no alcanzaron a pasar en Rumichaca y prefirieron devolverse. Su hijo les mandó para los pasajes para llegar a Cúcuta.

¿A qué volver a Venezuela? “No sé, no tenemos documentos y así tampoco sirve de nada quedarse en Cali. Yo no voté nunca por Maduro, ni antes por Chávez, pero aquí estoy pagando las consecuencias”, dice el hombre con desesperanza.

“Se nos viene una avalancha miedosa de migrantes. Si antes se devolvían porque no los dejaban llegar ni a Tulcán, ellos nos cuentan que no les permitían vender nada y les dicen ‘estos venezolanos’; si la situación era dura, ahora mucho más”, dice la hermana Nora, de la comunidad católica del Buen Pastor, que apoya la labor social en la Casa del Migrante.

“Todos los días llegan del sur del país y nos piden pasajes para devolverse; ‘vea, mándeme por Barranquilla, mándeme por La Guajira; estamos viendo cómo sortear esta situación, sobre todo cuando vienen con 4 o 5 hijos, más la pareja, quién consigue pasajes para seis personas, no es fácil”, se lamenta la religiosa.

Gracias a Dios, dicen ella y Limbania, hay buena red de amigos que les colabora. Como un restaurante de la Terminal, donde ellas se aparecen hasta con 15 o 20 personas a pedirles almuerzos. “Es impresionante, esos niños pequeñitos se comen la sopa y la bandeja completa”, dice la hermana Nora, dejando entrever que el hambre es su pan de cada día. Por eso, su prioridad siempre son las mamás e hijos.

Comedor comunitario para migrantes venezolanos en el barrio Piloto de Cali

En el barrio El Piloto, desde las 10:00 de la mañana, un enjambre de venezolanos empieza a merodear junto a una casa que la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali alquiló para instalar un comedor de ayuda social para esta población. Los migrantes hacen fila para alcanzar uno de los 140 o 150 raciones diarias de almuerzo que preparan dos migrantes venezolanas.

Allí llegan familias enteras, como la de cinco primos que salieron del estado Miranda el 16 de agosto y arribaron a Cali el miércoles 28. Ómar Flórez, comerciante de pan, y Axel Ortega, quien renunció a la Policía Bolivariana porque lo que ganaba no le alcanzaba para vivir, tardaron 9 días entre Cúcuta a Cali. Pero eran las 2:00 de la tarde y el almuerzo se había agotado.

Con tres primos más, se refrescaron echándose agua en la cabeza, se cambiaron de ropa y se fueron a Pasto, donde los esperaban unos conocidos para trabajar en “una cafetera” (cafetal). Pero su expresión era más de aventurarse por las trochas detrás del ‘sueño ecuatoriano’.

En el comedor, Germán Odreman, y su esposa Andreína Romero y un niño de 4 años, comen arroz y tajadas. Él dejó cuatro hijos más, en Ciudad Bolívar, en la frontera con Brasil. Viajaron cuatro días hasta Cali y hace un mes se rebuscan para reunir lo de los pasajes con la ilusión de llegar a Ecuador, pero salió “el cierre de la frontera”, es decir, la exigencia de visa.

“Casi nadie tiene esos papeles, porque por pasaporte están pidiendo US$500 en Venezuela, porque eso es una mafia y esa plata no la tiene nadie”, protesta Germán.

Andreína cuenta que logró enviarle $17.000 a su madre, abogada de un tribunal, y le alcanzaron para comer dos días. “El salario mínimo en Venezuela es de 40 bolívares, pero el kilo de pollo vale 30, entonces, nunca alcanza”, dice ella.

Ahora su expresión es de quien está en un camino sin otra salida que retornar a Venezuela, en Cali no consiguen cupo de jardín infantil para su hijo, por no poseer pasaporte. Y temen que vendrán más venezolanos en busca de ayuda.

“En la frontera con Ecuador hay muchas personas que están enfermas y de dónde van a sacar pasaporte y visa; Venezuela nunca le pidió visa a nadie cuando todo el mundo iba”, reclama Andreína.

Juan Valdez, coordinador del comedor, sostiene que al no tener paso, muchos decidirán devolverse y tener como tránsito la ciudad de Cali, por ser el epicentro del suroccidente del país. “Eso implica que aumentará la mendicidad, habrá más familias venezolanas y más niños en los semáforos; la atención en salud para la población en general será más difícil porque vienen familias enteras”, dice Valdez.

Aunque Perú, Chile y ahora Ecuador, tomaron medidas migratorias para restringir el paso de venezolanos a sus países, Valdez cree que en Colombia no adoptará normas parecidas, “por la hermandad que ha existido entre los dos países, no creo que se dé esa situación”. Lo que hace prever que Colombia y en especial Cali, serían el centro de otra diáspora venezolana.

Carolina Campo Ángel, Secretaria de Bienestar Social de Cali, sostiene que con la disposición de Ecuador, las autoridades estiman que los migrantes venezolanos que aún están en la frontera con ese país, se dirigirán hacia diferentes ciudades colombianas para una reunificación familiar o hacia la frontera con Venezuela, con intención de retorno.

“Es importante precisar que hasta el momento, por parte de las autoridades con presencia en la frontera del sur, no existe una alerta de una llegada masiva de esta población a Cali. Sin embargo, como medida de prevención, se ha iniciado un plan de contingencia”, declaró.

Por ejemplo, añade la funcionaria, se estableció el compromiso de hacer un monitoreo diario para informar sobre flujos migratorios que se puedan generar al interior del país. Las distintas secretarías de la Alcaldía y las agencias de cooperación local, trabajan con las de orden internacional, “que han aportado recursos humanos, técnicos y económicos; un apoyo significativo ya que no estábamos preparados para enfrentar este éxodo – segundo en el mundo después del de Siria– con 3,3 millones de personas que han salido de Venezuela”, anota Carolina.

Diana Cuevas es una venezolana hija de caleños que llegó en 2016 a la tierra de sus padres, por la situación económica y la crisis en Venezuela. Ella trabaja con Innova, Grupo Empresarial formado por varias fundaciones, entre ellas la Fundación Unidos Colombia y Venezuela, de la cual ella es la representante legal y que se dedica a licitar proyectos con la Alcaldía en pro de la comunidad migrante.

Para ella, el éxodo es muy grande y “se va a incrementar más, me reuní el 27 de julio con Humberto Calderón, el embajador en Bogotá (del presidente interino Juan Guaidó), y Colombia es el país donde se va a quedar, porque es el único que nos abrió las puertas y nos dio acogida”.

“Vamos a tener que trabajar en planes, proyectos en pro de esta comunidad, para capacitarla en emprendimiento y liderazgo. A algunos les ha ido bien, pero a otros no tanto, incluso, están en situación de calle; si hubiera cambio de gobierno, muchos se devolverían; sin embargo, económicamente el país no se arreglaría de inmediato, tardaría más o menos una década en recuperarse”, comenta Diana.

Al caer la tarde del miércoles, Limbania reflexiona: “tenemos que sensibilizar a los caleños y a las redes de apoyo para que colaboren y ellos puedan retornar a Venezuela, porque a Colombia le va a quedar muy difícil atender toda esta migración. La Iglesia (Católica) aporta lo que puede, pero ya se nos sale de las manos la situación”.

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Plan de contingencia

Cali está preparada para poner en marcha de manera oportuna el plan de contingencia para atender la migración venezolana, con entidades de la Alcaldía, el grupo interagencial de flujos migratorios mixtos, Guife, y organismos de cooperación internacional, declaró Carolina Campo Ángel, Secretaria de Bienestar Social.

“Esto surgió del alcalde Maurice Armitage, al convocar de manera extraordinaria al comité para la población migrante en Cali, formado en 2018”, explicó.

“La Alcaldía ha venido brindando atención y garantía de derechos a la población migrante venezolana, que se estima en 48.000 personas, 24.000 de ellos, regulares, con una inversión de $5309 millones con las acciones de las secretarías de Desarrollo Económico, Bienestar Social, Salud y Educación”.

En 2018, se brindaron 32.097 consultas médicas, 22.977 medicamentos, consulta externa y otras patologías; 11.694 vacunas de influenza, neumoco y poliomelitis, 1200 imágenes diagnósticas y otras 1823 para mujeres en edad fértil.

“En 2019 seguimos en la tarea; a junio se han prestado 21.173 servicios de salud de baja complejidad con las 5 ESE del Municipio y el Hospital Isaías Duarte Cancino”, dijo.

Alcaldía en acción

La Alcaldía ha abierto 320 cupos en modalidad familiar para la primera infancia y mujeres gestantes venezolanas, para atenderlos en condiciones dignas.

La Secretaría de Educación de Cali tiene 7600 niños, niñas y adolescentes provenientes de Venezuela, garantizando su acceso a la educación en establecimientos educativos.

“En seguridad alimentaria, la Secretaría de Bienestar Social ha entregado más de 119.750 raciones de comida a través del comedor para migrantes y la red de 200 comedores comunitarios, en articulación con la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali, el programa Alimentando Sonrisas, impulsado por el alcalde Maurice Armitage y el programa mundial de alimentos, que ha sido pieza clave en este ejercicio”, dijo Carolina Campo.

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