Las preocupaciones en Cali por visado ecuatoriano para venezolanos

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Las preocupaciones en Cali por visado ecuatoriano para venezolanos

Agosto 26, 2019 - 11:30 p. m. Por:
Redacción de El País
Venezolanos en Cali

En la terminal de transportes de Cali ayer había cerca de cuarenta migrantes aguardando para continuar su destino. Algunos se dirigían hacia Ecuador y otros intentaban volver a Venezuela, luego de su periplo por el sur del continente.

Aymer Andrés Álvarez / El País

La llegada de nuevos migrantes y el regreso de otros que vienen del Sur, una mayor demanda de servicios de salud, el incremento en la oferta de mano de obra capacitada en diversas labores y, en el peor de los casos, un fortalecimiento de grupos ilícitos, serían algunos de los efectos que analistas en migración advierten podrían generarse en Cali como consecuencia de la exigencia de visado a los migrantes venezolanos que quieran ingresar a Ecuador desde esta semana.

Hasta el pasado domingo, los venezolanos podían ingresar solo con su cédula de ciudadanía al vecino país y permanecer, como turistas, 180 días. Ahora, además del pasaporte y la visa, cuyo formulario de gestión y trámite cuesta 50 dólares, tendrán que presentar un certificado de antecedentes penales. Esta reglamentación se suma a las medidas adoptadas previamente por los gobiernos de Perú y Chile, que desde junio de este año empezaron a exigir la visa a los migrantes venezolanos.

Este coctel de factores para limitar las fronteras, explican analistas, termina generando un efecto embudo que golpea directamente a Colombia, dado que quienes logran pasar de un país a otro son solo aquellos que tienen al menos un pasaporte, documento que para muchos migrantes es imposible de obtener debido a la crisis política de su país, el alto costo de la libreta y las trabas que ponen las autoridades venezolanas para tramitarlo.

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Al respecto, el canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, reveló que en los últimos días se evidenció un incremento del 30 % en los flujos migratorios hacia el Sur. “La exigencia de documentos o visas no evitará que los migrantes venezolanos sigan saliendo de su país para sobrevivir, sino que tendrá como consecuencia un aumento de la migración irregular. El paso de los migrantes por lugares no autorizados, o por las llamadas trochas, estimula la delincuencia y la trata de personas, poniendo en riesgo su integridad”, aseguró.

En ese sentido, el Consejo Noruego para los Refugiados señaló que el cerrar la frontera Sur del país con la imposición de la visa, además de generar altos riesgos de tráfico, puede abrir la puerta a que se registren casos de violencia sexual de género, extorsión y otras formas de violencia que afecten a los migrantes.

Para Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, el coletazo de la decisión del gobierno ecuatoriano convierte a Cali en una de las ciudades nodo de la migración, porque ya no solo será un punto de salida hacia el Sur, sino que será el punto de retorno de los migrantes.

En ese sentido, Rodríguez indicó que “muchos de ellos regresarán a la ciudad que tiene condiciones en las cuales pueden vivir; en Ipiales el clima es demasiado duro, por lo que terminarán volviendo a Cali porque es un sitio que, por clima y forma de acogida, les permite una mejor situación. La ciudad menos racista es Cali y la migración afrodescendiente venezolana ha tenido muchos problemas en otros sitios, por eso se están yendo a la capital del Valle; esta es una situación que se sostendrá en el mediano plazo”.

El analista indicó que lejos de ver el arribo de los migrantes como un problema, esta situación representa una oportunidad. “Se debe tratar de capturar la mayor cantidad de obra calificada que puedan; finalmente la mano de obra venezolana tiene dos niveles: la altamente calificada y otra que viene con problemas estructurales de educación y salud. Si Cali se vuelve una ciudad atractiva para los trabajadores calificados, esa misma mano de obra va a permitir el proceso de autogestión de la no calificada”, apuntó Rodríguez, quien señaló que se puede aprovechar este bono migratorio para formalizar esta población y lograr soluciones en torno al presupuesto y de política social.

No obstante estas bondades, el analista de la Universidad del Rosario reconoció que las restricciones en frontera generarán un golpe directo en las finanzas de Cali y el Valle del Cauca, además de una mayor demanda de servicios de salud por parte de esta población.

“El riesgo más grande que pueden correr Cali y el Valle del Cauca si no acoge esta población es que pueden terminar en manos de delincuencia y criminalidad; en esto preocupa mucho el tema del narcotráfico que busca lucrarse con la mano de obra más barata, pero sobre todo el tráfico de personas y migrantes, que es un mercado que a nivel mundial es muy lucrativo”, afirmó.

Entre tanto, la secretaria de Bienestar Social de Cali, Carolina Campo, dijo que se realizará un monitoreo diario del flujo migratorio para activar un plan de contingencia para atender a los migrantes, en caso de una llegada masiva a la ciudad.

“Se realizarán mesas de trabajo para definir atención, dadas las afecciones de salud derivadas en los desplazamientos de los migrantes. Asimismo se llevará a cabo un trabajo articulado entre Bienestar Social y el Icbf para proteger los niños que podrían llegar”, dijo Campo.

La zozobra de los venezolanos
Venezolanos en Cali

Incierto es el rumbo para muchos migrantes venezolanos que tienen pensado salir de Cali camino al sur del continente, después que el gobierno ecuatoriano empezara a exigirles visa como requisito de ingreso.

Para Nailyn Loghard, una joven venezolana con ocho meses de embarazo, la probabilidad de no pasar la frontera y avanzar hacia Perú para reencontrarse con su esposo es algo que le causa pánico. “Voy esperanzada en que me dejen cruzar y que mi niño nazca en Lima, donde se encuentra su papá. No tengo visa, solo mi cédula venezolana, pero si no me dejan cruzar me pondré a llorar, a suplicar, me arrodillaré o, si no hay más opción, cogeré trocha, pero devolverme jamás”, aseguró.

A diferencia de ella, María José Carmona, de 18 años, va de regreso a Venezuela. “En mi país yo terminé el bachillerato pero luego nos vinimos para Colombia y estando aquí nos dijeron que en Perú las cosas eran mejor, entonces nos fuimos, pero es complicado, a mi mamá y a mi padrastro no les gustó y por eso regresamos a Venezuela”, indicó.

De esta forma, los venezolanos que viajaron desde la Terminal terrestre de Cali, representaron la semana pasada un incremento de pasajeros hasta del 200 %, según Transipiales, una de las seis empresas que viaja al sur del país.

Finalmente, Jhonatan Querales, quien regresa también a Venezuela, asegura que es consciente que la migración afecta a los países que terminan recibiendo a personas como él, quien anda en busca de trabajo.

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