Editorial
Transparencia y confianza
La rapidez con la cual se adelantó el preconteo el domingo día de elecciones, que permitió informar en menos de cinco horas el 100 por ciento de los resultados preliminares, se repitió durante los escrutinios.
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7 de jun de 2026, 12:41 a. m.
Actualizado el 7 de jun de 2026, 12:41 a. m.
Con la culminación de los escrutinios y la entrega de los resultados oficiales de la votación en las elecciones presidenciales del pasado domingo 31 de mayo, queda saldada cualquier duda sobre la transparencia de los comicios, de la Registraduría Nacional del Estado Civil y del sistema tecnológico que respalda el conteo de los votos en el país. Es el escenario natural que ha permitido garantizar y fortalecer la plena democracia característica en la historia de Colombia.
La rapidez con la cual se adelantó el preconteo el domingo día de elecciones, que permitió informar en menos de cinco horas el 100 por ciento de los resultados preliminares, se repitió durante los escrutinios. El miércoles anterior, tres días después, el Consejo Nacional Electoral, CNE, declaró oficialmente los votos finales depositados durante la primera vuelta de la contienda.
En su comunicación el CNE ratificó la votación de cada uno de los candidatos y certificó que Abelardo de la Espriella, por Defensores de la Patria, e Iván Cepeda, del Pacto Histórico, obtuvieron en su orden el mayor número de sufragios, por lo que se enfrentarán en una segunda vuelta el próximo 21 de junio. Es el ejercicio democrático en su mejor expresión, que confirma a la Nación como un Estado de Derecho en pleno.
Que la coincidencia con el preconteo fuera del 99,94 % y ninguna de las campañas políticas de los once candidatos que participaron en la jornada electoral presentara reclamación alguna, deja sin piso cualquier intento de desprestigiar el proceso adelantado por la Registraduría Nacional o por sembrar dudas sobre los resultados.
Hay que decirlo claro: flaco favor le hizo al país el presidente de la República, Gustavo Petro Urrego, al apresurarse a no aceptar los datos del preconteo, al cuestionar a la firma encargada del software electoral y al asegurar que “centenares de miles de votos fueron agregados sin existencia de sufragantes”. Cuando la tarea de un gobernante debe ser el llamar a la calma, a confiar en las instituciones del Estado y a esperar los escrutinios oficiales, el Primer Mandatario tendió un manto de sospechas sin sustento alguno.
Resuelto entonces el paso más importante para continuar a la segunda instancia en las elecciones presidenciales, la del balotaje entre quienes lograron conseguir las votaciones más altas, el llamado es de nuevo a la prudencia y a la mesura durante las dos semanas que quedan antes de la cita para escoger a quien será el próximo mandatario de los colombianos. La sensatez se impone en un país que definirá entre dos visiones de patria diferentes y entre dos orillas ideológicas.
Por ello, es el momento de refrendar a Colombia como una Nación que por tradición brinda garantías sólidas durante sus procesos electorales, que persigue los delitos que se puedan cometer durante estos y acata los resultados que están sustentados en herramientas confiables y en la majestad de la institucionalidad.
Restaría convocar para que desde los organismos de defensa y control del Estado se les brinde la seguridad necesaria en cualquier rincón del territorio nacional para que a todos los ciudadanos que decidan participar en la mayor celebración de la democracia se les permita votar de manera libre, sin presiones y en un ambiente de tranquilidad.
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