Columnistas
Nuevas reglas de juego
Los primeros días de un gobierno también suelen definir su tono.
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25 de jul de 2026, 12:20 a. m.
Actualizado el 25 de jul de 2026, 12:20 a. m.
Colombia está a pocos días de cerrar uno de los períodos más complejos de su historia reciente. El país deja atrás un gobierno marcado por la confrontación permanente y la polarización política, y se dispone a iniciar una nueva etapa encabezada por un presidente cuya llegada al poder habría parecido improbable hace apenas unos meses. Su contundente votación, sin embargo, le otorgó un claro mandato ciudadano.
El nuevo presidente llega sin experiencia en la administración del Estado, una circunstancia que convierte la conformación de su equipo de gobierno en uno de los factores decisivos para el éxito de su gestión. Hasta ahora, con algunas excepciones, los nombramientos conocidos transmiten un mensaje alentador y permiten pensar que existe la intención de rodearse de personas con conocimiento y capacidad. Ojalá esa sea la constante durante todo el cuatrienio.
Los primeros días de un gobierno también suelen definir su tono. El episodio relacionado con la elección de la presidencia del Congreso constituye un recordatorio oportuno de la importancia de respetar la independencia de los poderes públicos. De igual manera, convendría evitar controversias que consuman capital político sin generar beneficios concretos, como la discusión sobre el lugar de la posesión presidencial. Una vez en ejercicio del cargo, el presidente tendrá todas las oportunidades para rendir homenaje a las Fuerzas Armadas donde considere conveniente, sin necesidad de convertir ese asunto en un motivo adicional de confrontación.
Más allá de estos episodios iniciales, el cambio que realmente puede marcar una diferencia es la forma como el Gobierno se relacionará con las regiones. El propósito anunciado de acercar la Presidencia al territorio y reducir, al menos parcialmente, el tradicional centralismo colombiano merece atención. Si esa intención se traduce en hechos, las regiones tendrán que aprender a desenvolverse bajo nuevas reglas del juego.
En el Valle del Cauca ya comienzan a escucharse voces que expresan preocupación porque, hasta ahora, no haya representantes de la región en el gabinete ministerial, mientras se percibe una mayor presencia de dirigentes provenientes de la Costa Caribe. Sin embargo, el propio presidente electo ha anunciado que Cali será una de las sedes alternas para el ejercicio de la Presidencia. El verdadero alcance de esa decisión solo podrá evaluarse cuando se conozca cómo funcionará, en la práctica, esa presidencia itinerante.
Lo verdaderamente importante es comprender que la interlocución con el Gobierno Nacional podría cambiar de manera significativa. Si, como ha anunciado el Presidente electo, la comunicación con las regiones se realizará de forma más directa a través de gobernadores y alcaldes, el desafío será organizar una agenda regional coherente y bien estructurada.
Ello exigirá una estrecha coordinación entre el sector empresarial, las autoridades departamentales y municipales, la academia y los distintos actores sociales para presentar proyectos maduros, prioridades claramente definidas y propuestas técnicamente sólidas.
De igual manera, será indispensable fortalecer el trabajo conjunto entre el sector empresarial y la bancada parlamentaria del Valle del Cauca para construir posiciones comunes y defender con mayor eficacia los asuntos de interés regional en el Congreso. Esa estrategia, también, deberá asumir una visión más amplia, entendiendo que muchos de los grandes proyectos trascienden las fronteras departamentales y requieren una articulación de toda la región Pacífica, en la que Cali y el Valle están llamados a ejercer un liderazgo natural.
Si el nuevo Gobierno cumple su propósito de fortalecer la interlocución directa con las regiones, estas tendrán una oportunidad que no deberían desaprovechar. Pero esa oportunidad exigirá liderazgo, coordinación y una agenda compartida. El éxito dependerá menos de la capacidad de Bogotá para escuchar y más de la capacidad de las regiones para hablar con una sola voz y presentar iniciativas que contribuyan efectivamente al desarrollo. Ese puede ser, al final, el verdadero significado de las nuevas reglas del juego.

Ingeniero industrial, Presidente de Asocaña por casi veinte años, consultor privado y miembro de múltiples juntas directivas en los sectores financiero, industrial, energético, servicios, educativo y de investigación. Escribe para El País hace más de veinte años.







