Columnistas

¡Llegó la hora de gobernar!

¿Cómo logramos sobrevivir al destrozo intencionado y saqueador de un dictador que desconoció las leyes y actuó con espíritu guerrillero pretendiendo saquear a Colombia entera como botín de guerra?

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Julián Domínguez Rivera.
Julián Domínguez Rivera. | Foto: El País.

25 de jul de 2026, 12:18 a. m.

Actualizado el 25 de jul de 2026, 12:18 a. m.

Elegimos a Abelardo de la Espriella para salir de la horrible noche en la que nos sumió un tirano, precisamente para evitar repetir sus nefastas manías caudillistas. El nuevo presidente se ha comprometido a gobernar con respeto a las instituciones, la Constitución y la Ley.

Esta promesa nos llena de esperanza. Colombia aguantó. Pero ello no fue gratuito. Pasó por la pérdida de vidas de pacientes sin atención de salud, estudiantes que no pudieron terminar sus estudios, familias que perdieron sus posibilidades de adquirir casa propia, secuestros, robos del dinero que los colombianos aportaron con sus impuestos, paros, cortes en las carreteras y una larga relación de tragedias sin fin de las cuales fueron víctimas los ciudadanos.

¿Cómo logramos sobrevivir al destrozo intencionado y saqueador de un dictador que desconoció las leyes y actuó con espíritu guerrillero pretendiendo saquear a Colombia entera como botín de guerra?

La respuesta estuvo en las instituciones que hemos construido a lo largo de nuestra historia y que aún bajo fuego, lograron resistir.

El Congreso de la República frenó la delirante racha de propuestas que hubieran acabado, por ejemplo, con el ahorro de los colombianos y sus pensiones, lo cual implicaba la quiebra del Estado. Y también el Banco de la República que mantuvo su autonomía y se sobrepuso a las amenazas con las que quiso someterlo.

Las Cortes fueron el otro dique para frenar las actitudes dictatoriales. Magistrados probos y sapientes defendieron la Constitución y las leyes contra la manía de ignorarlas aun a sabiendas de que estaba pasando por encima de ellas.

Qué decir de los gremios que mantuvieron la unidad para defender desde el Consejo Gremial Nacional los principios que rigen la libre empresa, siempre con argumentos técnicos, sin dejarse provocar por la profusión de adjetivos contra el honor de sus líderes.

El papel de la prensa libre que no se dejó amedrentar no fue menor, no obstante las hordas mercenarias de redes pagadas para contrarrestar la verdad. Y las regiones, que mantuvieron en marcha la economía con valor e independencia, alcaldes y gobernadores que no se arrodillaron.

Las dolorosas circunstancias no pueden ser ignoradas a pesar de que muchos colombianos, en plan de secta, votaron por la continuidad de la ignominia. Pero no podrán mirar para otro lado cuando terminen de aflorar la secuela de delitos y abusos de quienes creyeron en su torpeza que el saqueo no tendría fin.

Pero llegó la hora de la esperanza, con la promesa de que nada de ello se repetirá, que se respetarán las instituciones que evitaron el colapso y que administrará el país para todos los ciudadanos. Así debe ser y nos corresponde estar vigilantes para que no se revivan las épocas terribles donde cada día Petro mantuvo en vilo a los colombianos para someterlos por miedo a una causa que fracasó en Colombia y en el resto del mundo, mal llamada socialismo del Siglo XXI, que no es más que un nidador de tiranos, como Sánchez en España, Ortega en Nicaragua o Maduro y su saga en Venezuela.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Columnistas