Editorial
El giro de América Latina hacia la derecha
Lo deseable es que entre los países de América Latina y el Gobierno de los Estados Unidos se establezca una relación, no de absoluta dependencia, sino basada en procesos de concertación en los que se busque el bienestar de todos los pueblos de América.
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20 de jul de 2026, 11:26 p. m.
Actualizado el 20 de jul de 2026, 11:26 p. m.
Con las recientes elecciones presidenciales en Perú y Colombia queda claro que el péndulo ideológico de América Latina está girando de manera contundente hacia la derecha. Entonces vale preguntarse por qué se dio ese cambio en tan solo cuatro años y qué se puede esperar de los tiempos venideros para esta región del continente.
Lo primero que debe quedar claro es que, al menos en los dos casos mencionados, más que una modificación radical en la forma de pensar de los electores, lo expresado en las urnas es el resultado de un descontento mayoritario respecto de las expectativas que se crearon con la llegada del progresismo al poder.
Entonces, no se trata de un planificado retorno a la derecha, sino de una escogencia basada en “lo diferente”, como es evidente en la elección de Abelardo de la Espriella en Colombia.
Ahora bien, sobre las implicaciones que tendrá el hecho de que casi todos los gobiernos del subcontinente sean ajenos a la izquierda, con las notorias excepciones de Brasil, que tendrá elecciones en octubre próximo, y México, lo que se puede advertir es que habrá una mayor disposición a la búsqueda de objetivos comunes sobre temas de coincidente preocupación, tales como la lucha contra el narcotráfico y las demás economías ilegales, así como el freno a la delincuencia transnacional.
En ese contexto, es bastante probable que sea la Casa Blanca la que determine las directrices a seguir en esos y otros temas, dada la sintonía existente entre el gobierno de Donald Trump y varios de los elegidos en el resto de América Latina, justamente a los cuales él respaldó en su condición de candidatos.
Y es cierto que la historia ha demostrado que el trabajo conjunto y armónico ha arrojado buenos frutos tanto a nivel de la región como de todo el continente, en cuestiones como el intercambio comercial y la preservación de la democracia e incluso en el respaldo a la lucha contra los grupos armados al margen de la ley y la búsqueda de la paz, en el caso de Colombia.
Sin embargo, lo deseable es que entre los países de América Latina y el Gobierno de los Estados Unidos se establezca una relación, no de absoluta dependencia, sino basada en procesos de concertación en los que se busque el bienestar de todos los pueblos de América.
Para ello será importante que se abran y se mantengan canales de comunicación en los que todas las partes puedan manifestar sus necesidades y sus aspiraciones, dando pie al desarrollo de espacios de negociación en los que no haya imposiciones de ningún tipo.
En el pasado, Washington puso en marcha la llamada Doctrina Monroe, para reafirmar su supremacía en el hemisferio occidental ante las que consideraba posibles amenazas de parte de las potencias europeas. Ahora, hay sectores que hablan de una actualización de ese propósito bajo el remoquete de Doctrina Donroe, dado que la Casa Blanca estaría buscando justificar acciones de proteccionismo económico frente a China y operaciones militares como la que terminó con la captura del venezolano Nicolás Maduro, quien fue derrocado y trasladado a Estados Unidos para ser juzgado por varios delitos.
Pero precisamente el desarrollo de los acontecimientos en el vecino país, donde múltiples voces empiezan a reclamar de Washington la convocatoria a elecciones y el restablecimiento de la autonomía nacional, mostrará los planes que el Norte tiene para con el resto del continente y la manera cómo América Latina los asumirá.
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