Editorial

La tarea apenas comienza

La emergencia moviliza voluntades durante días; reconstruir exige perseverancia durante años. Por eso las decisiones adoptadas por la Alcaldía de Cali, la Gobernación del Valle y el Gobierno Nacional deben mantenerse en el tiempo y traducirse rápidamente en soluciones concretas.

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A un mes del terremoto, caleños participan en una velatón
A un mes del terremoto, caleños participan en una velatón. Fotos de Raúl Palacios / El País. | Foto: Raúl Palacios / El País

12 de sept de 2026, 11:26 p. m.

Actualizado el 12 de sept de 2026, 11:26 p. m.

Ha pasado un mes desde aquel 10 de agosto en que la tierra se estremeció con una intensidad de 7,4 grados y, en cuestión de segundos, puso a Cali y al Valle del Cauca frente a una de las peores tragedias de su historia reciente. El tiempo ha permitido retirar algunos escombros, recuperar espacios y comenzar a hablar de reconstrucción. Pero para miles de familias la emergencia sigue siendo una realidad cotidiana.

Las cifras ayudan a comprender la dimensión de lo ocurrido, aunque ninguna alcanza a contar el sufrimiento que hay detrás de ellas. En Cali son 45.139 familias damnificadas, 24 edificaciones colapsadas y 506 con colapso parcial. Hay 769 viviendas que no pueden ser habitadas y otras 435 con uso restringido. Y hay, sobre todo, 154 vidas que se apagaron y dejaron familias y amigos enfrentados a una ausencia que ningún proceso de reconstrucción podrá reparar.

Pero en medio de esa catástrofe hay también razones para agradecer y para creer. Las 88 personas rescatadas con vida de entre los escombros son el símbolo de una ciudad que se negó a rendirse. Lo fueron también los organismos de socorro, los médicos, los voluntarios y miles de ciudadanos que acudieron desde el primer momento a ayudar. Más de 507 toneladas de asistencia humanitaria entregadas a los damnificados hablan de una solidaridad que merece ser reconocida y, sobre todo, conservada. Porque Cali volvió a demostrar que en los momentos más difíciles sabe estar unida.

Ahora comienza una etapa distinta y quizás más compleja. La emergencia moviliza voluntades durante días; reconstruir exige perseverancia durante años. Por eso las decisiones adoptadas por la Alcaldía de Cali, la Gobernación del Valle y el Gobierno Nacional deben mantenerse en el tiempo y traducirse rápidamente en soluciones concretas.

Los $20.000 millones destinados por Cali para apoyar la adquisición de vivienda de las familias afectadas, así como los alivios tributarios que se tramitan, son medidas indispensables. Pero habrá que hacer seguimiento para que lleguen oportunamente a quienes los necesitan. No puede haber familias condenadas a permanecer indefinidamente en albergues ni ciudadanos atrapados en trámites mientras esperan recuperar un techo.

La reconstrucción también tiene que ocuparse de quienes generan empleo. El terremoto afectó a 7263 empresas y unidades productivas de Cali. Nueve de cada diez son microempresas y el 60,7 % registra afectaciones graves o críticas. Hay 1862 establecimientos que no han podido volver a operar y 7500 empleos formales están en riesgo. El impacto económico se calcula en $188.700 millones.

Detrás de estas cifras hay tenderos, pequeños comerciantes, emprendedores y trabajadores que necesitan volver a producir para recuperar su proyecto de vida. Reactivar la economía debe ser, por ello, una prioridad de la reconstrucción.

Y aquí el sector privado tiene un papel fundamental. La solidaridad empresarial que se vio durante los primeros días debe convertirse ahora en una alianza de largo plazo. Empresas, bancos, constructoras, universidades y organizaciones sociales pueden aportar recursos, conocimiento, empleo y capacidad de gestión. El Estado no puede hacerlo todo solo, pero tampoco puede delegar su responsabilidad.

El Valle enfrenta un reto todavía mayor. Buenaventura y municipios especialmente en el norte del departamento como Roldanillo, el Águila o el Dovio, padecieron daños devastadores. Allí reconstruir significa recuperar viviendas, escuelas, hospitales, vías y oportunidades. Y significa hacerlo sin olvidar a las comunidades rurales y a quienes, incluso antes del terremoto, enfrentaban condiciones de vulnerabilidad.

La respuesta de los gobiernos debe ser decidida, coordinada y transparente. Cada recurso invertido requiere ser vigilado por los ciudadanos y cada compromiso necesita tener responsables y fechas. Reconstruir no puede convertirse en una sucesión interminable de anuncios.

Un mes después, Cali y el Valle siguen de pie. Heridos, sí; con pérdidas que nunca podrán ser reemplazadas, también. Pero de pie. La solidaridad nos mostró el camino durante la emergencia. La resiliencia nos permitió superar las primeras semanas. Ahora necesitamos algo más: unidad para reconstruir y decisión para hacerlo bien.

La tierra se movió en un instante. La reconstrucción tomará años. Que la voluntad de levantarla permanezca hasta el último ladrillo.

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