Columnistas
Confesión de parte
Te ruego tener más respeto por las personas que tienen una ideología diferente a la tuya.
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17 de sept de 2026, 02:13 a. m.
Actualizado el 17 de sept de 2026, 02:13 a. m.
Mi mujer, que tiene visa para ingresar al cielo sin fecha de vencimiento, me soltó en estos días la frase que yo más temo: “Jorge, tenemos que hablar”. Sentí un corrientazo eléctrico por toda la columna.
Nos sentamos en un sitio discreto del apartamento, y ella dijo con voz que denotaba su molestia: yo soy conservadora y me fastidia que cuando tú hablas de mis copartidarios los llames ‘godos’ y además a esa palabra le agregas otras extraídas de la zona de tolerancia del diccionario, sin tener en cuenta mi afiliación política. Te ruego tener más respeto por las personas que tienen una ideología diferente a la tuya.
He tenido con mi mujer 45 años de convivencia pacífica, y en ese casi medio siglo de compartir penas y alegrías, jamás vi en ella algo que denotara su posición política de derecha. Ella es una mujer de mente abierta, de noble corazón, madre amorosa y abuela a quien los nietos adoran, y su bondad es tanta que me ha soportado por todos esos años.
Saber que Giulietta, con sus apellidos italianos, es parte del partido político al que yo he combatido con las ideas propias de mi liberalismo auténtico, me dejó al borde de un ataque de nervios e hice un recuento pormenorizado de las circunstancias en las cuales he visto al partido de la divisa azul cometiendo toda clase de tropelías y de persecuciones sin cuenta al liberalismo, y he llegado a varias conclusiones que me llevan a considerar que tenía una imagen distorsionada del Partido Conservador, que según mi mujer es una congregación de patriotas ilustres, como Laureano Gómez y Mariano Ospina Pérez, los más egregios jefes de esa colectividad en los últimos 100 años, y que no eran lo que yo juzgaba que eran. Y que la violencia que ambos crearan para beneficiar al primero jamás sucedió fuera de mi mente.
Las élites conservadoras de Tuluá que crearon y sostuvieron económicamente por 11 años ese ejército paramilitar que tuvo por jefe al señor León María Lozano, cuyos secuaces -los ‘Pájaros’- sembraron el terror en mi pueblo natal, pues se dedicaron a matar liberales fueran o no fueran dirigentes políticos, es por lo que no puedo aceptar que Giulietta aparezca hoy como copartidaria de aquel ominoso grupo criminal.
Tampoco la creo aplaudiendo la muerte del representante liberal Gustavo Jiménez que en plena sesión de la Cámara de Representantes el 6 de septiembre de 1949 cayó asesinado por el disparo que salió del revolver del conservador Carlos del Castillo Isaza.
Me es imposible ver a Giulietta el 6 de septiembre de 1952 en el parque Santander de Bogotá viendo con placer a sus copartidarios incendiando la Dirección Nacional Liberal, y las sedes de El Tiempo y El Espectador, para enseguida quemar las casas de los jefes liberales Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo.
Y para finalizar, el entusiasmo que en ella suscita el recuerdo de Álvaro Gómez Hurtado, a quien le atribuye toda suerte de merecimientos, que no entiendo porque si hubo alguna persona con tanta trayectoria sectaria fue el hijo mayor de Laureano Gómez, quien en sus últimos años trató de borrar su imagen negativa, sin lograrlo.
Le hago ver a mi mujer que cuando yo me refiero a sus copartidarios, solo sirvo de notario para resaltar las cosas que han hecho en los largos años en que han detentado el poder. Ojalá todos tuvieran el alma generosa y noble de mi compañera de vida porque así la trágica historia colombiana hubiera sufrido menos hemorragias.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
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