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POT: carencias
Los habitantes de los centros históricos son el patrimonio vivo que da sentido, memoria y dinamismo cultural a la arquitectura y los espacios públicos de las ciudades antiguas.
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17 de sept de 2026, 02:14 a. m.
Actualizado el 17 de sept de 2026, 02:14 a. m.
En el caso de los barrios de San Antonio y San Cayetano, en Cali, es su conjunto integrado lo que en últimas constituye un único Bien de Interés Cultural, BIC, el que incluye su artefacto urbano y su urbanismo; sus casas y su arquitectura de tradición colonial junto con la arborización tradicional de sus solares; las espléndidas visuales a los paisajes naturales circundantes; y por supuesto a sus habitantes junto con las diversas actividades tradicionales que aquellos realizan en sus barrios, incluyendo las tiendas de esquina. Aspectos todos estos que son inseparables en dichos barrios, y por lo tanto a tener en cuenta en el nuevo Plan de Ordenamiento del Territorio, POT, de Cali, sobre todo considerando que ya forman parte del Centro Histórico de la ciudad.
En las otras grandes ciudades del país, como Bogotá, Medellín, Barranquilla, ya no quedan barrios coloniales y de tradición colonial suficientemente conservados, caracterizados por sus grandes manzanas rectangulares con casas bajas con patios y solar al fondo, las que conforman los paramentos continuos de sus cuatro cuadras. Este tipo de barrios de trazado en damero solo se conservan en Cartagena de Indias y Santa Cruz de Mompox a la orilla del río Magdalena, las dos declaradas patrimonio de la humanidad, pero también los hay en Santa Marta, Popayán y Santa Fe de Antioquia, con sus grandes casas de grandes zaguanes y, en Villa de Leyva con sus calles de piedra y su gran plaza mayor, lo mismo en no pocas otras ciudades pequeñas.
Las normas vigentes al respecto no contemplan suficientemente el caso de sectores urbanos históricos que se rigen principalmente como Bienes de Interés Cultural, BIC, bajo estrictas normas nacionales y locales enfocadas en su conservación, y se limitan a las áreas de influencia de edificaciones que lo son, pasando por alto que Ley General de Cultura establece que ningún BIC puede ser demolido, destruido, parcelado o intervenido sin la autorización de la autoridad competente (Ministerio de Cultura o institutos distritales/municipales) cuyos decretos definen los componentes del patrimonio inmueble de grupo urbano (sectores urbanos, centros históricos y espacio público) fijando los deberes de los propietarios y los regímenes especiales de manejo.
Además, a San Antonio y San Cayetano, no se los piensa ante todo como barrios residenciales, algo que se debe considerar como un punto de partida si se piensa que su tradicionales habitantes y sus actividades en ellos son parte de su patrimonio cultural. Los habitantes de los centros históricos son el patrimonio vivo que da sentido, memoria y dinamismo cultural a la arquitectura y los espacios públicos de las ciudades antiguas. Conservan las tradiciones, las historias de los barrios y los saberes populares que no están escritos en los edificios. Evitan que el centro histórico se convierta en un museo vacío, un escenario artificial o un parque temático exclusivo para turistas. Mantienen las relaciones de vecindad, el comercio local de toda la vida y la solidaridad comunitaria.
Finalmente, hay que comprender que un centro histórico es un sector urbano y no una suma de edificaciones patrimoniales aisladas. Es el núcleo urbano original de una ciudad, es decir, la zona más antigua donde se fundó y comenzó a crecer; y que se caracteriza por conservar edificaciones, calles, plazas y monumentos con un alto valor arquitectónico, cultural, histórico y simbólico que reflejan la identidad de la comunidad. De ahí lo pertinente de exigir la supervisión obligatoria a las intervenciones autorizadas, las que deben ser ejecutadas bajo la supervisión de profesionales acreditados en restauración y conservación, la cual actualmente es inexistente en San Antonio y San Cayetano y demás barrios de la ciudad que confirman su Centro Histórico.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
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