Editorial

El reto de las mejoras laborales

Una sociedad progresa cuando entiende que el desarrollo económico y el bienestar de las personas no son objetivos opuestos, sino dos metas que deben avanzar de la mano.

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A partir de este lunes, 15 de julio, se aplicará una nueva reducción a la jornada masiva laboral semanal que pasará de 47 a 46 horas semanales, según lo dispone la Ley 1201 de 2021. Foto ElA partir de este lunes, 15 de julio, se aplica País
El Estado debe impulsar programas de capacitación, transformación productiva ydigital, acceso al crédito, innovación e incentivos para que las micro, pequeñas y medianas empresas produzcan más y mejor. | Foto: Foto de El País

20 de jul de 2026, 01:31 a. m.

Actualizado el 20 de jul de 2026, 01:31 a. m.

Desde el 15 de julio Colombia completa una transformación histórica en su legislación laboral. La jornada ordinaria queda establecida en 42 horas semanales, culminando el proceso gradual previsto por la Ley 2101 de 2021, sin reducción salarial para los trabajadores. La medida se suma a otros cambios recientes, como el inicio de la jornada nocturna desde las 7:00 de la noche y el aumento progresivo del recargo por trabajo dominical y festivo, disposiciones que buscan dignificar el empleo formal y mejorar la calidad de vida de millones de colombianos.

Este es un avance que merece ser reconocido. Durante décadas, el debate laboral estuvo concentrado casi exclusivamente en la productividad y los costos de las empresas. Hoy el país incorpora con mayor fuerza un elemento que también debe ser prioritario como es el bienestar de las personas.

Trabajar menos horas, sin sacrificar el ingreso, significa disponer de más tiempo para compartir con la familia, descansar, estudiar, cuidar la salud física y mental o simplemente recuperar un equilibrio entre la vida personal y la laboral que durante años ha sido difícil para muchos trabajadores.

Este es, quizá, el mayor valor de estos cambios. Este tiempo solo tendrá verdadero sentido si los trabajadores lo convierten en una oportunidad para vivir mejor.

Sin embargo, este beneficio tiene una realidad que no puede ignorarse. Solo alcanza plenamente a quienes hacen parte del empleo formal, que representa aproximadamente la mitad de los ocupados del país, según las estadísticas del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). La otra mitad continúa en la informalidad, sin acceso a estas garantías laborales ni a buena parte de las protecciones que ofrece la legislación.

Por eso, el desafío del país no termina con aprobar mejores condiciones para quienes ya tienen empleo formal. También consiste en crear las condiciones para que cada vez más colombianos puedan acceder a ellas.

En este propósito juegan un papel preponderante las empresas. Sería un error desconocer que los cambios laborales implican mayores costos, especialmente para las más pequeñas, de ahí que el Gobierno Nacional tiene una gran responsabilidad hacia el corto y media plazo.

Si se quiere que estos avances laborales perduren en el tiempo, deben ir acompañados de políticas que fortalezcan la productividad empresarial. El Estado debe impulsar programas de capacitación, transformación productiva ydigital, acceso al crédito, innovación e incentivos para que las micro, pequeñas y medianas empresas produzcan más y mejor. Una compañía más productiva puede asumir mejores condiciones laborales sin poner en riesgo su estabilidad ni el empleo.

Las conquistas laborales son sostenibles cuando también lo son las empresas.

En los últimos años, Colombia ha dado pasos importantes para mejorar las condiciones de los trabajadores formales. Son logros sociales que vale la pena preservar porque apuntan a una aspiración legítima: que el trabajo no solo permita obtener ingresos, sino también vivir con mayor dignidad.

Ahora corresponde a todos aprovechar esta oportunidad. A los trabajadores, utilizando ese tiempo adicional para fortalecer su salud, su familia y su desarrollo personal. Al Estado, acompañando especialmente a las pequeñas empresas en este proceso de adaptación. Y al sector productivo, apostándole a la innovación y a la eficiencia como camino para crecer.

Una sociedad progresa cuando entiende que el desarrollo económico y el bienestar de las personas no son objetivos opuestos, sino dos metas que deben avanzar de la mano.

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