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Los problemas del fútbol

Enero 22, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Con un partido en la ciudad de Ibagué se inicia hoy el torneo rentado del fútbol colombiano. Veinte equipos participarán en un certamen lleno de luces y sombras que convoca una afición importante como el deporte masivo más llamativo, que requiere de reformas y decisiones para devolverle el brillo que ha tenido a lo largo de sus 72 años como actividad profesional.

Lo primero que debe reconocerse es que es una actividad de carácter privado, manejada por una liga que la componen 36 clubes que actúan como sociedades anónimas que se encarga de definir todas sus reglas y características, sin injerencia del Estado, salvo porque casi todos los estadios donde se juegan los partidos son de propiedad oficial. También es claro que por su popularidad, las autoridades deben hacer presencia para garantizar la seguridad de los asistentes y la tranquilidad en las zonas donde se realizan esos encuentros.

Como ocurre en casi todo el mundo, ante la importancia que tiene para millones de colombianos, el fútbol cuenta con un tratamiento especial en el periodismo y los medios de comunicación que dedican grandes espacios para informar y comentar su acontecer. Eso hace que sea objeto de un escrutinio permanente desde el aspecto deportivo, lo cual convierte en personajes a sus protagonistas y los proyecta a nivel internacional por su creciente calidad y sus ejecutorias.

Existe otro aspecto menos promocionado: la situación que se produce en el manejo interno de los equipos, en las organizaciones que han creado. Esa es la que hoy causa preocupaciones debido a las informaciones que se conocen y los graves problemas que afectan a los integrantes de la división Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor.

En efecto, y según la Superintendencia de Sociedades, se sabe que diecisiete de los treinta y seis equipos están en causal de liquidación por su precaria situación financiera. Es la consecuencia de una caída en sus ingresos producto ante todo del descenso en la asistencia. Según se sabe, hoy llega apenas a 7300 el promedio de espectadores en los partidos que se celebran cada fecha, deserción que se explica por los problemas de violencia que alejan a los aficionados, causan rechazo y obligan a la intervención de la Policía, por la baja calidad del espectáculo y la penetración del fútbol mundial a través de la televisión, con verdaderas estrellas.

De ahí que los equipos se vean obligados a vender sus figuras para conseguir recursos, a endeudarse y estén limitados para traer del extranjero con quién reemplazar las ausencias. En contraste, el reconocimiento y la demanda de futbolistas colombianos crecen, ante la calidad que demuestran y su capacidad para adaptarse a uno de los deportes más competitivos y exigentes.

Pese a todas esas vicisitudes, el fútbol nacional hace esfuerzos por fortalecerse, y superar una coyuntura grave. Es de esperar que decisiones como la de cobrar a quienes quieran ver la transmisión de los partidos, como ocurre en otros países, o el esfuerzo de algunos equipos por repatriar futbolistas colombianos de renombre, sirvan para recuperar una actividad que está en el corazón de muchos colombianos.

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