Inflación y recesión

Octubre 05, 2022 - 11:55 p. m. 2022-10-05 Por: Editorial .

Como está sucediendo en casi todo el mundo y como se había previsto, Colombia llegó a una inflación del 11,44% en los últimos doce meses. Lo que sigue es preparar al país sobre lo que le espera, que incluye decisiones encaminadas a gravar más a los contribuyentes para financiar la propensión de un Estado que no parece conocer qué es aquello de limitar el gasto público, mientras se aplican medidas como el incremento en las tasas de interés para encarecer el dinero y desestimular el gasto de los hogares, en muchos aspectos imprescindible.

Así, las medidas fiscales se suman a las monetarias para producir un efecto que, como van las cosas, llevará a un frenazo de la economía formal de proporciones desconocidas. Por una parte, el nuevo gobierno busca con afán recursos que permitan tranquilizar a los acreedores sobre la capacidad del Estado para responder por sus pasivos y para aumentar el gasto justificándolo en el cumplimiento de sus promesas de campaña. Eso hace imposible que desde el presidente Gustavo Petro para abajo todos se dediquen a exigir más recursos, a crecer los impuestos a los mismos sectores de siempre y a plantear el aumento de gastos, sin escuchar las alarmas sobre lo que puede suceder a todos, al sector público, al privado y a los ciudadanos del común, si no se frena esa propensión.

Y en el aspecto monetario, la situación es más que preocupante. Justificada en la necesidad de recoger la liquidez que aumenta el consumo y jalona el alza en la demanda de bienes frente a una oferta limitada y una especulación notoria, la autoridad monetaria aplica un alza enorme en los intereses que encarece de entrada el crédito de consumo ya adquirido y desvía la inversión hacia el depósito especulativo que ofrece altos intereses. La consecuencia empieza a verse en la reducción inmediata de la actividad económica y en el desestímulo a la producción, haciendo que la inversión se dirija a la especulación financiera o a la búsqueda de abrigo en dólares.

De esa manera se esfuma el impulso que traía la economía en el último año, y aparecen los nubarrones de una recesión inducida por las medidas monetarias contra la inflación, la aplicación del libreto clásico que ordena subir los intereses. Mientras tanto, el Gobierno no muestra inclinación alguna a frenar sus intenciones de gasto, y se inventa impuestos que pueden ser ruinosos para las finanzas públicas y privadas como aquellos que ahuyentarán la inversión en hidrocarburos y minería, hoy por hoy los más importantes para el bolsillo del Estado.

Todo indica entonces que en las autoridades monetarias y fiscales de Colombia existe el propósito de aplicar al máximo las medidas que, aunque bien intencionadas, pueden causar un mal mayor. Y que no existe ánimo para escuchar las voces que piden prudencia para evitar lo que se traducirá en parálisis, crecimiento del desempleo y de los problemas sociales. Al parecer, el diálogo de sordos se impone a la necesidad de construir un acuerdo para superar una crisis que puede enfrentarse sin causar tantos traumas a la economía y a la sociedad colombianas.

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