El poder se reelige

Pero no todo parece ser tranquilo en China para Xi Jingping. Su tenaz persistencia en mantener la política de cero covid que implica el aislamiento total y las medidas extremas de control a la población, le están causando no pocas protestas y un frenazo al crecimiento de la economía china con todas sus consecuencias. Además, su intención de profundizar el control del Estado y del partido comunista sobre todas las actividades económicas y comerciales empiezan a alarmar a los inversionistas que hasta ahora confiaban en China como lugar seguro.

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17 de oct de 2022, 11:55 p. m.

Actualizado el 17 de may de 2023, 12:14 p. m.

Rodeado por 2.500 delegados, Xi Jinping se apresta para ser reelegido para un tercer período al frente de China popular, la potencia asiática y uno de los factores más importantes de la estabilidad política en el mundo. Cinco años más como jefe y posibilidades de continuar hasta su muerte, son las opciones que le quedan a quien puede ser el más poderoso líder de una de las naciones más pobladas del mundo.

Hablar de China es referirse a un gigante en todas las dimensiones que ha tenido una de las más grandes transformaciones de la posguerra mediante la mezcla de economía capitalista y control del Estado. Todo ello ha sido posible por la apertura que se insinuó con la visita del presidente de los Estados Unidos a Mao Tse Dong y empezó con decisión Deng Xiaoping, hace 44 años.

En los últimos diez años, la dirección la ha tomado Xi Jing Ping como secretario general del Partido Comunista Chino, jefe de Estado y presidente de la Comisión Militar Central de China, cabeza de las Fuerzas Armadas del país. Luego de una reforma silenciosa pero efectiva, Xi depuró al estado de la corrupción, intervino los centros de poder y fue concentrando los hilos que gobiernan a una nación de 1.412 millones de personas.

En forma paralela ha ido creciendo la presencia de China en la economía mundial, integrándose de tal manera que hoy se considera la segunda potencia mundial del comercio y la industria, con implicaciones financieras, industriales y tecnológicas en casi todo el planeta. Podría decirse que es uno de los grandes protagonistas de la globalización y, por paradójico que parezca, puede ser uno de los grandes damnificados de la crisis de la inflación, de los desarrollos que tenga la guerra en Ucrania y de los problemas que está padeciendo Occidente, su gran mercado.

Pero no todo parece ser tranquilo en China para Xi Jingping. Su tenaz persistencia en mantener la política de cero covid que implica el aislamiento total y las medidas extremas de control a la población, le están causando no pocas protestas y un frenazo al crecimiento de la economía china con todas sus consecuencias. Además, su intención de profundizar el control del Estado y del partido comunista sobre todas las actividades económicas y comerciales empiezan a alarmar a los inversionistas que hasta ahora confiaban en China como lugar seguro.

Y están también la intervención que acabó con las libertades en Hong Kong o la amenaza de recobrar por la fuerza el control sobre Taiwán, su relación con Vladimir Putin y la invasión de Rusia a Ucrania, así como la caída en el impulso de la economía China. Todo ello le ha generado críticas y reclamos de la comunidad internacional que a XI Jinping parecen no preocuparle.

Su intención es aprovechar el XX Congreso del Partido Comunista chino que empezó el pasado domingo y culminará el próximo viernes para fortalecerse en la dirección de China y continuar la línea que se ha trazado: controlar la vida de los chinos, imponer sus dictados y fortalecer su poder ante el mundo, guiando su país hacia lo que en su discurso de apertura denominó “el rejuvenecimiento nacional”.

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