El bonapartismo
Fue el caso del PRI mexicano, de Perón en Argentina y de Fujimori en el Perú, y ahora lo es de los gobiernos de Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. Todos ellos han sido fieles a otras dos características relevantes del bonapartismo: la oposición a la alternancia en el poder y la enemistad con la libertad de prensa.
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Fue el caso del PRI mexicano, de Perón en Argentina y de Fujimori en el Perú, y ahora lo es de los gobiernos de Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. Todos ellos han sido fieles a otras dos características relevantes del bonapartismo: la oposición a la alternancia en el poder y la enemistad con la libertad de prensa.
Desde mediados del siglo XIX a mediados del XX, se conoció como bonapartismo al ejercicio de un poder autoritario manteniendo las apariencias de un ejercicio democrático. Esta vieja estratagema, que le dio réditos a Napoleón y a su sobrino Luis en la Francia decimonónica, resultó perfeccionada en el siglo pasado con el auge del nacionalsocialismo en Alemania y el triunfo del fascismo en Italia. Esa estrategia ha renacido en América Latina bajo la denominación de socialismo del siglo XXI y teniendo como paradigma al gobierno de Hugo Chávez. Este presidente venezolano, que ha estado en el poder por dos períodos consecutivos, no vaciló en pretender presentarse para una nueva reelección pese a que lo agobiaba una grave enfermedad que tal vez no le permita posesionarse para mantener la continuidad de su régimen dictatorial.En Europa, el bonapartismo estuvo asociado a regímenes de derecha, mientras que en América Latina ha sido empleado por personalidades que se ubican a la izquierda del espectro político. Así se revela, no como una ideología política, sino como una metodología de gobierno que aprovecha las debilidades de las democracias para transformarlas en dictadura constitucionales. Y es utilizada ahora para describir la mezcla de autoritarismo y populismo, con la práctica de resolver cuestiones políticas recurriendo al referéndum en circunstancias en que el gobernante impone su capacidad para manipular la opinión pública a su favor.Fue el caso del PRI mexicano, de Perón en Argentina y de Fujimori en el Perú, y ahora lo es de los gobiernos de Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. Todos ellos han sido fieles a otras dos características relevantes del bonapartismo: la oposición a la alternancia en el poder y la enemistad con la libertad de prensa. Los gobiernos bonapartistas pretenden perpetuarse en el poder utilizando el mecanismo de las sucesivas reelecciones, y rompiendo el equilibrio de los poderes públicos que es connatural a toda democracia.Para el filósofo chileno Felipe Ruiz es lo que ha ocurrido en Venezuela durante los 20 años de presidencia de Hugo Chávez. Se trata de un bonapartismo al pie de la letra. Se arranca desde una premisa liberal para luego criticar el modelo social de mercado. Defender la democracia no es solo defender los principios de representación. Es defender la construcción de un proceso político de largo aliento, defender la dialéctica de las diferencias, en suma, defender la alternancia del poder como un principio de historicidad.Y la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández, no tuvo reato para afirmar, en un acto público en la Casa Rosada que a mí Bonaparte me gusta, me gusta porque soy peronista. Y bueno, nos acusaron de bonapartistas . Bueno, no importa, seremos bonapartistas. De allí que esté preparando su reelección y que no cese en su persecución contra la prensa libre.El bonapartismo, ese viejo mal, sigue siendo un enemigo real en la América latina del siglo XXI, pero ahora con ropaje socialista.
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