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Vomitivo
Vomitivo se queda corto, cortísimo, para describir a Gustavo Petro Urrego.
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31 de oct de 2026, 09:38 p. m.
Actualizado el 31 de oct de 2026, 09:38 p. m.
Tendría que vomitarse sobre sí mismo, no una, sino varias veces. Pero no hace falta, pues él ya es un vomitivo. Difícil una persona que genere tanto asco, náuseas y repulsión. Por supuesto que me refiero a quien nunca debió asumir la presidencia pues fue elegido de manera fraudulenta y mucho menos concluir el periodo constitucional por vago, cínico, mentiroso, drogadicto, corrupto, asesino y por pagar relaciones sexuales con contratos.
“Jamás he entregado un contrato a cambio de obtener relaciones sexuales; me vomitaría sobre mí mismo si alguna vez hiciera algo semejante”, se atrevió a decir cuando, además del testimonio de Deyci Jiménez, quien lo acusa de haberle dado contratos a cambio de sexo, está el registro de estos en la Unidad Legislativa de la senadora María José Pizarro, en el Ministerio del Interior durante el reinado de Benedetti -el intocable- y en Presidencia, entre otros.
Hace menos de dos semanas el país conoció del Pacto de Valledupar, en el que delegados suyos y de Benedetti se habrían reunido con diez exparamilitares, entre ellos Salvatore Mancuso, para ofrecerles beneficios a cambio de que enlodaran al expresidente Álvaro Uribe, al exvicepresidente Germán Vargas (QEPD) y al entonces candidato Abelardo de la Espriella. La exdirectora del Dapre, Angie Rodríguez, confirmó el hecho delictivo.
Un mes antes, el escándalo fue por cuenta de Verónica Alcocer por liderar una presunta red de corrupción. Quien fuera su asesora y amiga, Eva Ferrer, encendió el ventilador. La revista Semana publicó unos audios que la comprometen junto a Xavier Vendrell, el exterrorista español que sale en los ‘Petro videos’, y a Manel Grau, compañero de viajes de la exprimera ‘dama’ en hechos Non - Sanctus. “Son una banda de criminales”, dijo Ferrer.
Qué decir de las andanzas de Juliana Guerrero, su mano derecha en la presidencia, quien con su hermana Verónica recibían comisión por gestionar favores en las entidades; los hallazgos delictivos que llevarán a prisión al expresidente de Ecopetrol Ricardo Roa; y el desfalco billonario en la Unidad de Gestión del Riesgo que tiene a dos exministros y a otros funcionarios con el código penal al cuello. Un escándalo tras otro, cada uno más escabroso.
Solo ahora, cuando seguir cruzados de brazos despertaría un linchamiento social, la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría y la Comisión de ‘Absoluciones’ de la Cámara de Representantes se ponen realmente las pilas. Contadas excepciones, fueron cuatro años mirando para otro lado mientras él y su camarilla de hampones se robaban el país y convertían Palacio de Nariño en burdel. Pena debería darles. Su pasividad ante hechos tan evidentes raya con la complicidad y el prevaricato.
A todas estas, ¿dónde están Iván Cepeda, Armando Benedetti, Laura Sarabia? Calladitos. ¿Y los petristas purasangre y del Pacto Histórico, portaestandartes de la moral y la decencia? ¿Dónde están Susana Muhammad, Irene Vélez, Guillermo Alfonso Jaramillo y Gustavo Bolívar, quien por amar a Petro se ganó una puñalada? ¿Dónde están los incondicionales que aún no se han volado del país? Escondidos. Dirán que todo ocurrió a sus espaldas.
Vomitivo se queda corto, cortísimo, para describir a Gustavo Petro Urrego. Increíble que con semejante prontuario aún tenga seguidores, que existan personas a las que no les importe lo descrito. Difícil encontrar en la historia de Colombia a un funcionario tan depravado. De pronto, ahora que está fuera del poder y resulta imposible tapar tanto estiércol con evasivas y contener el creciente rechazo social, lo declaren indigno y metan a la cárcel.

Abogado y doctor en política de la Universidad de Oxford. Se desempeñó como Ministro de Educación, Embajador en La Haya, Alto Consejero Presidencial para la Seguridad Ciudadana, y Director de El País de Cali. Fue presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas. Actualmente es rector de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.
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