El embajador y su penoso autogol

El embajador y su penoso autogol

Mayo 28, 2019 - 11:45 p.m. Por: Poncho Rentería

Preso en Barranquilla y en gravísimo lío judicial se encuentra el exembajador de Colombia en Venezuela don Fernando Marín Valencia, empresario de la construcción, banquero, exdiplomático y prohombre de Santander con gran fortuna.

Está preso sin celular ni cigarrillos ni periódicos. Motivo: parece que prestó sus cuentas bancarias en Singapur para guardarle una colosal fortuna a unos contratistas condenados por picardías millonarias a los paga-impuestos de Bogotá, alcaldía de Samuel Moreno. Ojalá probara su inocencia el exembajador Marín, pero si por codicioso se metió en ese problemón debe decirse: “Qué estúpido, qué idiota, qué desleal con mi país”. Como ‘forofo’ o hincha de mi pujante Deportivo Cali digo que el hombre se hizo un penoso y vergonzoso y ordinario autogol.

¿Por qué un empresario con gran fortuna arruina su vida y avergüenza a esposa, hijos y nietos? En Palmira dirían que por garoso, en Buga que por agalludo. Tengo la amarga: para dejar más ricos a sus yernos. El italiano, grande en la literatura, Giovanni Papini repetía que “el dinero es el estiércol del demonio”. El exembajador Marín lanzó este comunicado: “Pido perdón a la Justicia, a mi familia y a la sociedad”. Viejo, muy tardío.

Exembajador de Pastrana y de Uribe, Fernando Marín se posesionó de embajador de Colombia con un sacoleva, hecho sobre medidas en Savile Road la calle londinense de los sastres carísimos. Allí se dijo: “Soy un triunfador, soy embajador de mi país”. Lo pensó y lo olvidó, según la Fiscalía. Ya aceptó culpas. Creo que a muchos agalludos-garosos o codiciosos de fortuna fácil les sirve el caso del exembajador que, espero, ya botó ese elegantísimo y caro sacoleva.

El exembajador Marín Valencia es habilísimo en asuntos bancarios y usó asesores, carísimos bufetes de abogados y constructores para su faena. En Miami él construyó un rascacielos para jailosos del estrato 14, todos de avión privado y yate. Ironías de la vida, vivo hace 56 años en Bogotá, pago valorización, predial y otros. No dudo que parte de mis impuestos fueron a esos contratistas y de allí al exembajador que cobró gran comisión por el lavatorio. Se la pagaron con la plata de los pagaimpuestos de Bogotá. Allí salí tumbado igual que los estafados pagaimpuestos de Cali, Medellín y Pereira cuando descubren estafas en licitaciones públicas. ¡Caros impuestos y de paso se los roban!

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