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Oda a las chanclas o chancletas

El uso de la chancleta ha estado presente en todas las culturas a lo largo de la historia, desde los antiguos egipcios, Grecia, Roma y Mesopotamia, que hoy conocemos como el Medio Oriente, uno de los primeros lugares donde se tiene prueba de su existencia.

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Antonio Joaquín García.
Antonio Joaquín García. | Foto: El País.

6 de abr de 2026, 12:47 a. m.

Actualizado el 6 de abr de 2026, 12:47 a. m.

Desde niño he tenido predilección por esta clase de calzado; me parecen muy cómodas y funcionales, además de ideales por su utilidad en piscinas, gimnasios y baños, ya que ayudan a evitar el contagio de bacterias y hongos en los pies, algo frecuente en ambientes húmedos.

Mis sobrinos, que son mamagallistas, cuando llegaban a visitar a mi papá le gritaban: “Guille, tráeme las chanclas”, y ellos, con las dos manos como bocina, le decían: “¡Abuelo, tráeme las chanclas!”. Mi papá entraba en cólera y los regañaba, diciéndoles que le estaban faltando al respeto. Nosotros lo calmábamos, explicándole que era una forma coloquial de decirle: aquí estamos, abuelo.

En la costa Caribe se insulta a las personas diciéndoles: “usted es una chancleta”; también se usa para calificar a una persona miedosa y cobarde. Actualmente, las chancletas de marca son costosas, casi más caras que unos zapatos; hay de diferentes marcas, carísimas, como Adidas, Nike, Lacoste, Tommy Hilfiger y Fila.

El uso de la chancleta ha estado presente en todas las culturas a lo largo de la historia, desde los antiguos egipcios, Grecia, Roma y Mesopotamia, que hoy conocemos como el Medio Oriente, uno de los primeros lugares donde se tiene prueba de su existencia. Las chanclas o chancletas deben su nombre porque simulan la onomatopeya que produce este calzado al caminar.

Las chanclas han evolucionado hasta convertirse en una parte esencial del vestuario moderno y están hechas de materiales de todo tipo, con una amplia gama de diseños. Las usan con frecuencia las mujeres en celebraciones, en barcos de lujo, en cruceros y también para salir a la calle; se ven en documentales y películas, utilizadas por el jet set.

Se popularizaron en la Segunda Guerra Mundial, cuando los estadounidenses enfrentaron a los japoneses en el último tramo del conflicto. Los soldados americanos se percataron de que las mujeres japonesas usaban un calzado similar a las sandalias, que eran utilizadas históricamente para elevar el pie del suelo y mantenerlo limpio de lodo o nieve. También observaron que tenían la costumbre de descalzarse, lo cual era considerado una buena educación y evitaba la contaminación de afuera hacia adentro. Esta práctica sigue vigente, pues evita la entrada de suciedad, barro o bacterias de la calle.

Esta costumbre se rescató durante la pandemia del coronavirus, cuando muchas personas, al llegar de la calle, se quitaban los zapatos, los dejaban afuera y entraban con chanclas que les proveía la familia.

En épocas pasadas, las abuelas y madres utilizaban las chanclas para castigarnos, dándonos los famosos ‘chancletazos’, y nos amenazaban: “si sigues molestando, te vamos a dar un chancletazo”, cosa que temíamos porque eran certeras en la puntería, así huyéramos.

En la costa Caribe también se utilizaba el verbo ‘chancletear’ para referirse a aumentar la velocidad de un vehículo, para que fuera más rápido: “métele toda la chancleta”, o cuando el carro se ‘ahogaba’ se decía ‘chancletealo’ para que quemara la gasolina.

Otro uso que se le da a este término es cuando alguien quiere que uno haga algo con más energía y utiliza la expresión: “ah, le dieron chancleta”.

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