Columnistas
Francisco y la política
Mal haría la iglesia jerárquica si dejara de orientar e inspirar a sus miembros y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad hacia la justicia social, la paz y la reconciliación – y ojalá más con el ejemplo que con las palabras.
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6 de abr de 2026, 12:44 a. m.
Actualizado el 6 de abr de 2026, 12:44 a. m.
Le atribuyen a Bernard Shaw una frase ingeniosa según la cual los políticos son como los pañales, deben ser cambiados con frecuencia y por la misma razón. Y es cierto: en muchos países la política huele mal, y en ocasiones apesta tanto que resulta insoportable. Aún así, no podemos evadirla, es indispensable porque todos los seres humanos somos, además de racionales, animales políticos, no nos desarrollamos ni vivimos solitarios sino en sociedad, y la vida social es vida política. En ella algunos deben tomar decisiones, que pueden resultar buenas, regulares o malas, pero que nos afectan a todos, de modo que, si no participamos consciente e intencionalmente en política, permitimos que otros decidan, y no siempre al servicio del bien común.
La historia nos enseña que la iglesia no ha sido ajena a la actividad política. En países como Colombia esa participación ha sido militante, sobre todo en el Siglo XIX y hasta bien entrado el XX. Hoy eso, para bien de todos, ya no es así. Pero en cuanto acompaña, instruye e inspira, la jerarquía de la iglesia está llamada a orientar la conciencia política de sus miembros de cara al bien común. Algunos quisieran silenciarla y que su voz fuera reemplazada por los algoritmos que nos acosan para llevarnos a escoger esto o aquello. Sin embargo, mal haría la iglesia jerárquica si dejara de orientar e inspirar a sus miembros y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad hacia la justicia social, la paz y la reconciliación – y ojalá más con el ejemplo que con las palabras.
En ese sentido quiero llamar la atención sobre la encíclica Fratelli Tutti (2020) del Papa Francisco sobre la fraternidad y la amistad social. Allí el Papa, entre otros muchos temas, desarrolla algunas ideas acerca de la política que bien pueden ser consideradas aportes valiosos no solo para creyentes católicos, sino para toda la humanidad. Me limito, en tiempos electorales, a proponer algunas reflexiones sobre el capítulo cinco, titulado ‘La mejor política’.
Para el Papa Francisco una buena política es aquella que es capaz de realizar los cambios que una sociedad requiere de cara al bien común. Todos podemos estar inconformes con la política, exigimos cambios de forma y de fondo, pero ¿hacia dónde orientar esos cambios? La respuesta de Francisco es clara: “Pienso en una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas, que permitan superar presiones e inercias viciosas» (177).
Enseguida añade algo que ilumina el sentido de la política en tiempos de crisis políticas: “Ante tantas formas mezquinas e inmediatistas de política, recuerdo que «la grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación» y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura.” (178).
Para Francisco la buena política conduce a lo que él llama ‘amor político’, que es la unidad y la colaboración en medio de diferencias: “Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo del amor. Porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo del más amplio Amor, el Amor político» (180).
Por sí mismo, el amor no está ligado a un único proyecto político partidista, pero hay formas de vivir el amor al prójimo que tienen claras implicaciones políticas. La política como práctica del amor no se queda en vaguedades, se hace ‘amor efectivo’ que antes de dividir o excluir, convoca y reúne alrededor del bien común, por encima de intereses de partidos o de mezquinas empresas electorales. Dice el Papa: “El amor político se expresa también en la apertura a todos. Principalmente aquel a quien le toca gobernar, está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro, y busca la confluencia al menos en algunos temas. Sabe escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio. Con renuncias y paciencia un gobernante puede ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar. En esto no funcionan las negociaciones de tipo económico. Es algo más, es un intercambio de ofrendas en favor del bien común. Parece una utopía ingenua, pero no podemos renunciar a este altísimo objetivo” (190).

Rector Universidad Javeriana Cali
6024455000






