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¿Estamos entendiendo estas elecciones?
Hace falta un liderazgo que entienda el momento y empuje cambios de fondo, como lo hizo José María Figueres en Costa Rica, que en los años 90 apostó por atraer inversión tecnológica y abrió la puerta a Intel, cambiando la trayectoria del país.
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6 de abr de 2026, 12:40 a. m.
Actualizado el 6 de abr de 2026, 12:40 a. m.
Quedan pocas semanas y seguimos en polémicas desechables que duran lo que dura el escándalo, apenas manchas en la superficie y casi nada de fondo; no es solo un problema de quienes compiten por el poder, también lo es de una ciudadanía que se ha acostumbrado a ese nivel y rara vez empuja la conversación hacia lo que realmente importa.
Mientras tanto, seguimos enfrascados en matices ideológicos como si definieran el rumbo, cuando son apenas un barniz. Lo de fondo es una economía de cerca de 350 mil millones de dólares que crece entre el 2,5 % y el 3,5 %, suficiente para sostenerse, insuficiente para transformar; con esos números, ni la izquierda ni la derecha podrán cerrar brechas ni cambiar el rumbo del país.
El problema no es el tamaño de la economía, sino su dificultad para volverse más productiva de forma sostenida. Sin ese impulso, cualquier idea de desarrollo se queda corta y, como viene ocurriendo desde hace décadas, terminamos atrapados en un crecimiento lento, expuesto a lo que pase afuera y a los cambios en los precios internacionales.
Esa limitación se siente primero en el mercado laboral. Hoy, cerca del 55 % de los trabajadores está en la informalidad; tal vez usted, que lee esto, hace parte de ese grupo. Eso significa que más de la mitad del país trabaja por fuera de espacios donde se crea valor de forma estable. Se trabaja, sí, pero en condiciones que hacen difícil aprender, mejorar y crecer en el tiempo.
Eso conecta con el capital humano, con lo que la gente sabe hacer. Aunque más personas estudian, los resultados siguen por debajo de otros países y el reto ya no es solo acceder, es aprender bien y cosas útiles. En un país de pymes que operan con lo justo, muchos empresarios no encuentran las habilidades que necesitan, mientras muchos jóvenes salen sin bases sólidas. A esto se suma la baja inversión en innovación, apenas el 0,3 % del PIB, un nivel que limita generar conocimiento propio y avanzar hacia sectores más sofisticados.
Esa falta de profundidad también se ve en lo que el país vende al mundo. Cerca del 60 % de las exportaciones depende del petróleo, el carbón y la minería, dejando el crecimiento atado a esos precios. Cuando suben hay alivio y cuando bajan regresan los problemas. Esa misma lógica se repite en el territorio, con más del 50 % de la economía concentrada en pocas regiones y gran parte del potencial sin usarse.
Preocupa la señal que proyectamos como país, lo que se percibe al pensar en invertir, montar un negocio o quedarse. No se construye con consignas ni relatos inflados, sino con lo que se vive a diario, trámites que funcionan, reglas claras y promesas que se cumplen. Parte de lo ganado se perdió de tajo en este cuatrienio; es momento de corregir el rumbo para que la inversión llegue, el talento se quede y las oportunidades se muevan.
Hace falta un liderazgo que entienda el momento y empuje cambios de fondo, como lo hizo José María Figueres en Costa Rica, que en los años 90 apostó por atraer inversión tecnológica y abrió la puerta a Intel, cambiando la trayectoria del país. Hoy hay otra oportunidad, con empresas que se relocalizan cerca de Estados Unidos, y Colombia sigue en mora de entenderla y competir en serio.
Lo de fondo no es quién suena más convincente en el corto plazo, es quién es capaz de proponer una visión de país que supere la monserga y se sostenga en el tiempo. Si alguno de los que habla a diario entra en ese terreno con datos, claridad y experiencia, escúchelo; lo demás es carreta.
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Claridades: A propósito de la era americana, el tablero ya cambió y la inversión se mueve hacia su órbita; incluso en medio de lo impredecible, esto es lectura del momento y la pregunta es si vamos a jugar ahí o quedarnos viendo.

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.
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