Columnistas

La mediocridad que toleramos

La elección de 2026 no gira en torno a izquierda, centro o derecha. Se ordenan alrededor de tres formas de legitimidad, continuidad simbólica, restauración y refugio.

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Álvaro Benedetti
Álvaro Benedetti | Foto: El País

4 de may de 2026, 01:35 a. m.

Actualizado el 4 de may de 2026, 01:35 a. m.

Colombia no es una excepción ni el epicentro de ninguna convulsión global, pero sí un lugar donde varias crisis coinciden sin resolverse. Aquí no se anticipa el futuro del mundo, se muestra lo que ocurre cuando distintas fracturas políticas conviven sin orden. La democracia no ha sido derrotada, ha sido domesticada por actores que aprendieron a ganar sin comprometerse a gobernar bien, mientras el odio y el desprecio funcionan como termómetro del deterioro.

Las ideas no faltan; lo que falta es disciplina. La clase política perfeccionó el arte de prometer mientras abandonó los mínimos de ejecución y de ética pública. Los programas se disuelven en gobiernos improvisados. Ante las cámaras, la élite parece sólida; frente al Estado, se revela débil. Y el votante, convertido en espectador, termina tasando cuentos más que resultados.

De un lado, cuando se busca humillar a la izquierda por prejuicio o cálculo, la política deja de ser debate y se vuelve descarga emocional. Del otro, la puesta en escena del deslenguado de Petro y el silencio cómplice de Iván Cepeda sostienen el mismo libreto del antihéroe anclado en símbolos anacrónicos y ambigüedades que ya no proyectan país, sino que prolongan el conflicto.

El ciudadano dejó de ser elector y pasó a ser jurado emocional. Los vehículos de la política responden rápido, optimizan percepción, no desempeño. Cuando algo falla —y falla seguido— siempre aparece otro culpable, el gobierno anterior, el Congreso, los jueces; nadie asume el costo completo.

La elección de 2026 no gira en torno a izquierda, centro o derecha. Se ordenan alrededor de tres formas de legitimidad, continuidad simbólica, restauración y refugio. Cepeda encarna la continuidad de un relato que insiste en la deuda histórica mientras esquiva la prueba de la ejecución; Paloma Valencia representa una agenda de orden con oficio político; y Abelardo de la Espriella convierte la indignación en castigo, apelando a soluciones expeditas y a una retórica punitiva que simplifica al extremo. Y la moderación, con Fajardo y Claudia López, ofrece institucionalidad en un país que parece requerir algo más visceral.

El problema no es que el sistema no ofrezca alternativas, sino que termina produciendo versiones del mismo tipo de político. Algunos logran tensar el molde, pero ninguno lo rompe, porque quienes saben gobernar no consiguen movilizar, quienes movilizan no necesitan demostrar que saben gobernar y quienes intentan hacer ambas cosas quedan atrapados en contradicciones que el propio sistema castiga.

El resultado es una política donde ganar no implica construir, sino evitar. Se vota para que el otro no llegue y ese mandato deja un vacío, sin proyecto, solo una amenaza que contener. El ‘voto útil’ es, en el fondo, una mala apuesta, nace del miedo y la información incompleta, y termina eligiendo no al mejor, sino al menos temido, incluso cuando podría agravar lo que se quería evitar.

Aunque no lo parezca, la pregunta de fondo no es quién va a ganar, sino qué tipo de política estamos dispuestos a premiar, porque mientras el sistema siga valorando identidad, conflicto y emoción por encima de la capacidad verificable, nada va a cambiar. El candidato que Colombia necesita no es imposible, pero sí improbable; de nuestro lado exigiría castigar la incompetencia con la misma fuerza con la que hoy castigamos al que piensa distinto. Ese cambio no depende de los políticos. Depende de usted.

***

Claridades: Cuando digo usted, quisiera incluir a todos los colombianos habilitados para votar, pero no es así. Casi la mitad ni siquiera participa, y en amplias zonas del país millones votan bajo presión o sin acceso real a información. ¡Esa también es la mediocridad que toleramos! Como están las cosas, no elegiremos al mejor candidato, sino el tipo de ingobernabilidad que el país está dispuesto a aceptar.

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Columnistas

Gonzalo Gallo

Columnistas

Oasis