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Eder: El reto de gobernar bajo el asedio petrista

La determinación del Presidente pareciera ser la de frenar a Cali y al Valle...

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Antonio de Roux
Antonio de Roux | Foto: El País

4 de may de 2026, 01:36 a. m.

Actualizado el 4 de may de 2026, 01:36 a. m.

¿Se puede considerar democrático un gobierno que enfila su canal de noticias, RTVC, las bodegas que lo siguen y la jauría de sus compinches contra un alcalde que difiere en su visión del país y la política? ¿Y qué decir de los socios locales de ese gobierno nacional que le imputan a nuestro mandatario la “horrenda” falta de auspiciar la capacitación sobre democracia, garantías ciudadanas, libertades individuales y económicas? ¿Será que estos conceptos son tan peligrosos para la extrema izquierda que deben repudiarlos y perseguirlos con saña?

Las pregunta anteriores tiene que ver con el alcalde de Cali, Alejandro Eder, un funcionario independiente, de talante demócrata, que no pertenece a la oposición, no caza peleas y en meses pasados hasta logró materializar iniciativas importantes con participación del gobierno Petro. Es el caso de la COP 16, apoyada por la ministra Susana Muhamad cuando el fundamentalismo delirante y la obsesión continuista aún no se habían apoderado del régimen actual.

La actitud del Pacto Histórico y sus socios locales frente al alcalde es producto de la desesperación. Aunque su campaña de desprestigio ha tenido resultados momentáneos, saben bien que en el corto plazo las obras en marcha y las realizaciones del Alcalde los dejarán sin argumentos. Les consta que Alejandro trabaja sin descanso para solucionar las necesidades concretas de los ciudadanos y lo hace donde más les talla: barrio adentro.

En entrevistas recientes Eder reitera el compromiso de consagrar la vida al servicio de sus conciudadanos y sanar las heridas colectivas del abandono. También menciona algunos de los proyectos que, tras lograr la reestructuración financiera, se harán realidad durante el resto del su mandato: al menos la mitad de las vías caleñas reparadas o repavimentadas; cuatro hospitales nuevos (Primitivo Iglesias, Terrón Colorado, Antonio Nariño, Clínica de la Mama); Treinta puestos de salud renovados; veinte colegios nuevos o renovados integralmente; ochenta unidades deportivas refaccionadas; intercambiadores viales como el de Chipichape y la Pasoancho con Cien; arreglo de 17 kilómetros de la Avenida Ciudad de Cali, la estación central del MIO; la alameda de la Roosevelt y el Tren de Cercanías; la Vuelta a Occidente concluida y el Boulevard de la Sexta.

Junto a la transformación de la ciudad física avanza una ambiciosa gestión en lo social con el fortalecimiento presupuestal sin precedentes de la Secretaría de Bienestar y el despliegue de programas innovadores como Cuidarte, la gran apuesta para mejorar la calidad de vida de las mujeres caleñas.

Mención aparte merecen los esfuerzos por la internacionalización que han significado atraer mega eventos de carácter cultural, empresarial y deportivo. Como la Maratón de Elite ya admitida en el circuito mundial de ese deporte y realizada con inmenso éxito este fin de semana. Los efectos favorables se sienten con el aumento sustancial del número de turistas y la creciente demanda de servicios hoteleros y gastronómicos, actividades que propician la rápida creación de oportunidades y empleos.

Pero los pasos hacia el progreso que da la administración, son observados con recelo y entrabados por el gobierno nacional. Es una actitud incomprensible y mezquina hacia los habitantes de la ciudad entre los cuales hay militantes del Pacto Histórico que se cuentan por miles. La determinación del Presidente pareciera ser la de frenar a Cali y al Valle, detener todo lo que convenga a sus moradores pero pueda interpretarse como logro de los gobernantes actuales.

Esta intención sombría se expresa entre otras cosas con la no aprobación del Tren de Cercanías, la no adjudicación de la operación del aeropuerto Bonilla Aragón; la falta de apoyo al proyecto de repotenciación de la PTAR Cañaveralejo; la ausencia de aportes para concluir la refacción del Colegio Santa Librada que es propiedad de la nación; los aportes menguantes para la seguridad local y la falta de acción contra los actores insurgentes y del crimen organizado asentados en las goteras de este municipio.

Como en el del Pacto Histórico combinan las distintas formas de lucha, además de acosar al Alcalde con versiones acomodaticias e infundios, pusieron a algunos de los secretarios distritales en la mira de unas entidades de control obsecuentes. Pero los funcionarios salieron libres, eso sí tras largas semanas de suspensión. Una circunstancia que no empaña sus buenas hojas de vida pero que afecta la eficiencia administrativa y la rapidez para alcanzar las metas previstas en beneficio de los caleños.

Conozco a Alejandro Eder desde su infancia. Me consta su empuje, su perseverancia y su resiliencia. No se dejará amedrentar ni cejará en el propósito de responder con creces a las expectativas que ha sembrado. Para bien de Cali y de quienes la habitamos el ánimo va en alto, el tiempo de cosechar se acerca.

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