Columnista
El último (y peor) error de Sergio Fajardo
Fajardo en cuatro años destruyó el 80 % de su capital político.
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13 de abr de 2026, 12:45 a. m.
Actualizado el 13 de abr de 2026, 12:45 a. m.
De seguir como va, Sergio Fajardo terminará su vida política como el estruendoso fracaso de un individuo desarraigado de la realidad nacional, movido por un intelectualismo antipático cuyo mantra denuncia su vanidad: Colombia se merece algo mejor que los extremos; y eso mejor, obviamente, es él. En 2022 fue lo mismo, cuando frustrado por la debacle de sus resultados dijo “Colombia nos merece”.
Su historia de pretensiones presidenciales empezó en 2010 como vicepresidente de Antanas Mockus en una campaña prestigiosa entre la juventud y el progresismo, paradigma del centro y la ‘nueva política’, que sacó 3,6 millones de votos en la segunda vuelta contra Juan Manuel Santos. Un muy buen punto de arranque.
En 2018 se lanzó con Claudia López como fórmula vicepresidencial y tuvo 4,6 millones de votos, el 24 % del electorado, una fuerza política enorme, apenas 250.000 menos que Gustavo Petro, que pasó a segunda vuelta y perdió con Iván Duque. En vez de decidir algo, ya fuera apoyar a Petro, a Duque, llamar al voto en blanco o la abstención, se escondió, se fue dizque a ‘ver ballenas’ cuando ni siquiera era temporada de ballenas en Colombia. El chiste le salió caro y lo marcó, convirtiéndose él mismo en un chiste que aún hoy se cuenta. Con ese descache se ganó la antipatía de amplios sectores progresistas que perdieron ante Iván Duque Márquez, pero tampoco se ganó la simpatía del nuevo Gobierno y quedó al margen, irrelevante. Claudia López leyó mejor el momento, se lanzó a la Alcaldía de Bogotá y ganó con más de un millón de votos; con aciertos y desaciertos, lidió la capital en las crisis de la pandemia y el paro nacional, mientras nadie se preguntaba si Fajardo había terminado de esperar las ballenas fuera de temporada.
En 2022 participó en una consulta de lujo que incluyó a Juan Manuel Galán, Carlos Amaya, Jorge Enrique Robledo y Alejandro Gaviria, lo mejor de la centroizquierda. La consulta sacó más de 2 millones de votos, que ganó Fajardo con 723.000. En la primera vuelta, en vez de escoger a alguno de sus compañeros de consulta y reconocer su caudal electoral, optó por el viscoso Luis Gilberto Murillo. El resultado se sintió en las urnas; solo sacó 880.000 votos y quedaron de cuartos con el 4 % de los votos. Fajardo en cuatro años destruyó el 80 % de su capital político.
Pero lo peor estaba por llegar: para segunda vuelta le pidió cita a Rodolfo Hernández y le ofreció su apoyo si adoptaba su plan de Gobierno. El ingeniero lo despachó por la puerta de atrás, indignado con que, luego de hacer el ridículo en primera vuelta, Fajardo quisiera imponerle su programa a cambio de la adhesión. Murillo ya había corrido a la campaña de Petro y Fajardo se quedó sin lugar en esa contienda que ganó Petro con el apoyo, entre otros, de Antanas Mockus, el primer mentor de Fajardo.
La versión Fajardo 2026 es la de un candidato desgastado y gris, pero pretensioso, miope ante la realidad del desplazamiento del centro que hace cuatro años le tiró la puerta en la cara por sus errores, altanería moral y desprecio hacia sus bases en 2018. No ha recogido una sola de las duras lecciones que le ha dado la política, no entiende las señales de humo, sonoras y lumínicas que le advierten que ya no representa al centro que se fue hacia Paloma Valencia y en algo a Iván Cepeda, dos líderes novedosos pero provenientes de partidos que han estado vigentes en la controversia de los últimos años, protagonistas de la lucha política concreta y la controversia ideológica de las que el impoluto, aséptico, incoloro e insaboro profesor decidió marginarse para aislarse en su cámara de vacío y desconoció que ser de centro es diferente a ser tibio; hoy asume el costo de no haber tomado posiciones políticas en tiempos de crisis.
Lo más patético es cómo está subido en un pedestal con María Ángela Holguín pregonando quién es o no de centro, descalificando especialmente a Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, pero también a Iván Cepeda, todos ellos con más votos contados que el último resultado de Fajardo. Su candidatura es avalada por Dignidad y Compromiso, un partido hecho por retazos del Polo Democrático y vestigios del Moir que solo tiene como senadora propia a una estrella en ascenso, Jennifer Pedraza.
En 2026 terminarán las pretensiones presidenciales de Sergio Fajardo, quien tomó el legado de Mockus, que identificó a una generación entera, y lo dilapidó. Es dudoso que tenga un instante de claridad y humildad para aceptar que retirarse para adoptar una posición sería algo más representativo del centro. Asumir posiciones ajenas a sus propios intereses es algo que no digiere, por eso está donde está.

Abogado
6024455000




