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¿Dónde están los defensores de los hipopótamos?

Desde la óptica económica, el control letal también es el único camino viable. La sedación, castración o traslado de hipopótamos cuesta miles de dólares por individuo, con una altísima probabilidad de mortalidad dado la gran cantidad de grasa del animal.

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Esteban Payán Garrido es biólogo caleño graduado de la Universidad de Los Andes. Obtuvo su doctorado en 2009 de University College London y el Instituto de Zoología, de la Sociedad Zoológica de Londres. Su trabajo se centra en la biología, manejo del conflicto y conservación de carnívoros neotropicales. Es co-fudador de Panthera Colombia, la cual dirigió por 13 años, fue lider de felinos para América Latina de WCS y fundador de la consultora Boutique Carbon.
Esteban Payán Garrido es biólogo caleño graduado de la Universidad de Los Andes. Obtuvo su doctorado en 2009 de University College London y el Instituto de Zoología, de la Sociedad Zoológica de Londres. Su trabajo se centra en la biología, manejo del conflicto y conservación de carnívoros neotropicales. Es co-fudador de Panthera Colombia, la cual dirigió por 13 años, fue lider de felinos para América Latina de WCS y fundador de la consultora Boutique Carbon. | Foto: Cortesía / Suministrada a El País.

20 de abr de 2026, 01:04 a. m.

Actualizado el 20 de abr de 2026, 01:04 a. m.

A raíz de la reciente y acertada decisión de activar el Protocolo de Prevención, Control y Manejo de hipopótamos en el Magdalena Medio, se ha suscitado un debate en medios tan interesante como deprimente. La medida, liderada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) y respaldada por argumentos técnicos sólidos, es la respuesta necesaria a una especie exótica invasora que amenaza nuestra biodiversidad.

Sin embargo, los medios han hecho ‘comidilla’ de esta discusión, ofreciendo micrófonos a opiniones que desconocen el manejo de poblaciones. Los grandes vertebrados, especialmente aquellos que entran en conflicto con los humanos, requieren una gestión activa que, en muchos casos, debe ser letal. Así se hace en países con estándares de excelencia como Sudáfrica, Namibia o Australia. En Sudáfrica por ejemplo, la sobrepoblación de elefantes puede desertificar un parque nacional si no se ejecutan controles poblacionales o culling.

Resulta ingenuo —e incluso oportunista— que se les dé voz a figuras que improvisan soluciones para una problemática que lleva más de 17 años en estudio. Tres gobiernos han analizado el tema y la conclusión científica es una sola: el protocolo del MADS y del Instituto Humboldt es el camino apropiado, aunque resulte impopular.

Ya en 2009, durante el segundo periodo de Álvaro Uribe, se cazó también acertadamente al hipopótamo Pepe. Desde entonces, el costo político ante la opinión animalista fue percibido como ‘demasiado alto’ por los gobiernos sucesores. Por eso, aplaudo que la actual Ministra de Ambiente haya decidido actuar con la lógica técnica que el caso amerita.

La ciencia se basa en datos, no en el ‘efecto peluche’, y los datos científicos guían el manejo de las especies. El efecto peluche es el término que acuñó mi colega Brigitte Baptiste, como directora del Humboldt, hace más de una década en un auditorio de la Universidad de los Andes, hablando ante un foro de expertos debatiendo el manejo de la especie invasora para describir el clamor animalista en ese entonces ante la caza de Pepe el hipopótamo. Aquí, recuerdo que también recomendaron el control letal dos especialistas de Suráfrica traídos por el Ministerio para emitir un concepto técnico de manejo. También debo resaltar que en 2011, mi colega y amigo veterinario Carlos Valderrrama, capturó, inmovilizó y transportó para reubicación, con ayuda de la Aviación del Ejército a un hipopótamo, bajo el lente de un documental de Discovery Channel. La experiencia técnica existe.

Desde la óptica económica, el control letal también es el único camino viable. La sedación, castración o traslado de hipopótamos cuesta miles de dólares por individuo, con una altísima probabilidad de mortalidad dado la gran cantidad de grasa del animal. Invertir esa millonada en una especie invasora, cuando no hay presupuesto suficiente para conservar al manatí o al jaguar —especies icónicas, nativas y amenazadas—, es un despropósito ético, estético y financiero.

El manejo de especies invasoras y la conservación de la biodiversidad son Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, de los cuales Colombia es firmante. La ciencia que rige estos objetivos no se hace con opiniones sueltas, ni ideología política, sino con información que determine dirección y magnitud.

Es hora de pasar la página y controlar esta invasión de forma definitiva y costo-efectiva. Debemos concentrar la energía y el escaso presupuesto gubernamental en lo que realmente importa: la biodiversidad del país. Espero no tener que preguntarme de nuevo, ante el próximo reporte de un jaguar asesinado: ¿Dónde están los defensores de los hipopótamos?

*Esteban Payán Garrido es miembro del Grupo de Especialistas en Felinos de UICN.

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