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Iván Cepeda: el candidato que llegó tarde a los debates
Es entendible la inmensa confianza que siente Cepeda con la coyuntura, cuando el propio Presidente de la República es quien a diario impulsa su campaña, en abierto incumplimiento con las normas electorales de nuestra república.
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20 de abr de 2026, 01:06 a. m.
Actualizado el 20 de abr de 2026, 01:06 a. m.
El señor candidato Iván Cepeda, quien lidera la intención de voto en las encuestas a la presidencia de Colombia, ha convertido en noticia lo que en cualquier otro momento era apenas normal en nuestra democracia: que asistirá a los debates presidenciales.
Es entendible la inmensa confianza que siente Cepeda con la coyuntura, cuando el propio Presidente de la República es quien a diario impulsa su campaña, en abierto incumplimiento con las normas electorales de nuestra república. Cepeda se ha dado el lujo de dar una campaña sin demasiadas emociones, con casi ninguna entrevista a medios de comunicación y sin asistir a los debates en estas semanas de recta final.
El tiempo en épocas de campaña es invaluable y transcurre con una especial agilidad, y los candidatos que no cuentan con la tramposa ventaja de la chequera infinita del Estado a su favor sí que lo han sentido. Es toda una ironía, y una muy desafiante ante la ciudadanía colombiana, que mientras la campaña del candidato del gobierno habla de una insípida revolución ética, recibe un desbalanceado apoyo de la burocracia oficial por medio de las redes sociales del presidente Petro, la cobertura de los medios públicos y la simpatía casi obligada de miles de contratistas.
Así es muy fácil evitar las preguntas del periodismo de los demás contendores. Y ahora, cuando se acerca el día de las votaciones, Cepeda anuncia que asistirá a los debates presidenciales como si se tratara de un favor que le hace a la democracia. Pero si se tiene en cuenta que durante la última semana de campaña los candidatos no pueden participar en eventos públicos, el anuncio de Cepeda se da cuando solo queda un mes para organizar foros de candidatos. Mientras otros participantes llevan meses asistiendo a conversatorios y eventos públicos en busca de cada voto de opinión posible, Cepeda se da el penoso lujo de responder a los periodistas y a sus contendores solo durante el último mes.
Como si fuera poco con ese gran favor que nos hace al aceptar en la recta final la participación en debates, en varios pronunciamientos el señor Cepeda ha insistido en poner reglas y condiciones para asistir a los debates, y de paso para dar lecciones de cuál es el periodismo que cree independiente. Naturalmente, en este caso, se trata de donde menos preguntas incómodas le sean planteadas.
Al candidato gobiernista –de cualquier país y línea ideológica– hay que preguntarle con total claridad por los escándalos del gobierno que reivindica y que buscará continuar. Ni más faltaba que el señor candidato que busca continuar la línea de Petro no quiera que le pregunten por los inmensos errores y escándalos de su administración. A Cepeda hay que preguntarle por los oscuros pactos criminales alrededor de la Paz Total, por la UNGRD y por la tenebrosa constituyente populista que durante años él ha apoyado, entre muchos otros temas.
Si aspira a gobernar una nación democrática y plural, lo mínimo que debe ofrecerle a la ciudadanía son respuestas sobre temas críticos. El señor Cepeda es uno de los candidatos presidenciales que menos entrevistas ha ofrecido en una contienda electoral reciente y la ciudadanía tiene toda la razón a la hora de reclamarle respuestas, aunque su largo silencio ya deja una idea de sus posturas.
Posdata: Me identifico plenamente con quienes han sido antiuribistas durante muchos años y hoy entienden lo urgente que es apoyar al equipo de la Gran Consulta por Colombia con un único propósito: evitar la asamblea constituyente al estilo Chávez que impulsan Petro e Iván Cepeda. El país habría caído en el colmo del fundamentalismo si uribistas, antiuribistas, verdes, santistas y progresistas no son capaces de darse la mano y unirse frente a un candidato que abiertamente propone reescribir la Constitución del 91 al antojo demagógico de su proyecto político.

Politólogo de la Universidad de los Andes con maestría en Política Latinoamericana de University College London. Es analista político para varias publicaciones nacionales e internacionales, y consultor en temas de política pública, paz y sostenibilidad.
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