¡Pinceladas!

Diciembre 21, 2020 - 11:40 p. m. 2020-12-21 Por: Aura Lucía Mera

Me pongo a divagar. Mientras mis hijos y nietos tratan de llegar a Cali para celebrar en familia estas navidades, ya sea vía tiburón, en tractomula, jalados por un yipao subiendo al páramo de las letras porque el famoso túnel se taponó; conduciendo horas enteras y teniendo que dormir en Manizales para poder llegar desde Bogotá a Cali, y para distraer la mente mientras los imagino atrapados en estas carreteras de mierda, investigo un poco sobre el origen de los villancicos (cualquier cosa es mejor que darle cuerda a la imaginación desbocada). Trancones, curvas, derrumbes, llantitis y otras delicias.

Pues les cuento, a lo mejor muchos lo saben, pero otros no. Que ni Jesús nació en diciembre, ni le cantaron villancicos. Ni llegaron reyes con incienso mirra y oro. Las fechas no cuadran. Eso no significa que la fe no pueda seguir intacta. El tiempo es un invento. Como casi todo.

Resulta que en diciembre en Belén hace un frío terrible, con vientos helados y temperaturas non sanctas. Entonces era imposible que anduvieran pastores por los campos cuidando rebaños de ovejas y escuchando cantar pajaritos desde las arboledas. Muchísimo menos que tres reyes magos enjaezados con oropeles y cargados de regalos estuvieran caminando a la luz de las estrellas.

Historiadores y eruditos sostienen que el nacimiento del Mesías pudo ser a mediados de otoño, o sea entre septiembre y octubre, o noviembre, que coincide con los últimos pastoreos.

Además nadie le cantó al Niño al nacer. También me remito a historiadores. Los primeros villancicos tienen origen mozárabe y datan del Siglo XI, eran coplas o cuasi juglares entonadas por ‘villanos’, o los habitantes de las villas o, por, los ‘villanitos’, léase los niños del pueblo. Se trataba de tonadillas profanas, alegres , de origen popular, para conmemorar alguna festividad o acontecimiento especial hasta que España y Portugal en 1351 don Enrique Fierro Esquivel los acercó a las festividades navideñas y creó los Villancicos como los conocemos actualmente. Vinculados a las celebraciones navideñas por el nacimiento de Jesús.

En varias épocas, reinados y países fueron prohibidas por profanas y desordenadas. A América Latina llegaron con los conquistadores religiosos y laicos (todos venían en el mismo paquete). Con los años y la mezcla de razas, y tradiciones musicales de diferentes etnias, se enriquecieron formando un sincretismo religioso y cultural variopinto.
Los mejores villancicos entraron a Colombia por Venezuela, país con más tradición musical que el nuestro. Y nos llenamos de tonadas alegres, bellísimas, diferentes según la geografía y las costumbres.

El Niño Dios por otro lado, lo hicieron ‘nacer’ oficialmente en diciembre para integrarlo a las costumbres y rituales decembrinos y empatarlo con el solsticio del 21 de diciembre, etc. Así la humanidad entera o la que cree en Jesús quedó feliz. La Estrella brilla, puede caer nieve en el trópico, el Pesebre se hizo amigo del Pino y los Villancicos comienzan desde nueve días antes, todo en torno a ese nacimiento sagrado, que partió en dos la historia del mundo : A.C. y D.C.

Lo que más me emociona, es que Fray Tomás de Jesús Becerra, franciscano, palmirano y tío abuelo mío, además de ser un gran poeta, gran ser humano y con gran oído musical, fue el autor de dos de los Villancicos más cantados en Colombia: “Vamos vamos vamos pastorcitos. vamos vamos vamos a Belén...” y, “dónde será pastores, donde la aurora es bella…”.

Los he cantado siempre (bueno, para mí, cantar es un decir) pero hasta hace poco supe que eran de su autoría. Me mandan los primos fotografías de su entierro, se ve que lo adoraban en Palmira. Lo mismo que a mí otro tío Padre Guillermo Becerra Cabal, a quien se le debe la construcción de esa bellísima catedral de Nuestra Señora del Palmar.

PD. Con esos tíos tan especiales y espirituales, más los villancicos, creo que tengo mi puesto asegurado cerca de La Estrella. Feliz Navidad. Ojalá se vaya el coronavirus y nos llegue ¡La Paz!

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