cultura

“Aprendí que la resiliencia es acumulativa”: María Carolina Hoyos habla de su libro Felicidad Imperfecta

Mientras la abuela de María Carolina Hoyos fallecía en el piso 12 de una clínica, en el piso 3 su hermano Miguel Uribe Turbay se debatía entre la vida y la muerte. Su libro, ‘Felicidad Imperfecta’, explica cómo continuar cuando uno se ha roto por completo

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

María Carolina Hoyos Turbay acaba de presentar un testimonio escrito titulado ‘Felicidad Imperfecta’, libro que en pocos días llegó a su segunda edición.
María Carolina Hoyos Turbay acaba de presentar un testimonio escrito titulado ‘Felicidad Imperfecta’, libro que en pocos días llegó a su segunda edición. | Foto: Foto: Editorial Media Pluma, suministrada a El País

18 de may de 2026, 11:37 a. m.

Actualizado el 18 de may de 2026, 11:37 a. m.

Síguenos en el YouTube de El País

Desde niña, María Carolina Hoyos Turbay sabe lo que es vivir los duelos bajo reflectores y titulares de prensa. Su madre, Diana Turbay, fue secuestrada en 1990 por los hombres de Pablo Escobar, y asesinada seis meses después en medio del fuego cruzado entre sus captores y la Fuerza Pública.

35 años después, la periodista, autora, exministra, asesora corporativa y presidenta de la Fundación Solidaridad por Colombia, siempre empeñada en trabajarse a sí misma desde lo mental y espiritual, se encontraba escribiendo un libro y haciendo el Camino de Santiago cuando se enteró que la muerte rondaba de nuevo a su familia.

Nydia, la abuela amorosa que la crio tras el asesinato de su madre, falleció mientras la familia enfrentaba ese algo que no se le desea ni al peor enemigo: el atentado contra Miguel Uribe Turbay, su hermano menor, de tan solo 39 años y principal precandidato presidencial de oposición al Gobierno.

María Carolina acaba de presentar un testimonio escrito titulado ‘Felicidad Imperfecta’, libro que en pocos días llegó a su segunda edición y donde no llama a venganzas, culpas o castigos, y en cambio propone reflexiones y ejercicios para tramitar el dolor.

¿El libro ‘Felicidad Imperfecta’ se vuelve el contenedor donde procesas la muerte de tu abuela Nydia Quintero y tu hermano Miguel Uribe Turbay?

Soy lectora de Boris Cyrulnik, quien de niño logró huir de un Campo de Concentración y años más tarde desarrolló el concepto de Resiliencia. Ahora tú dices que la resiliencia no es una sola, sino que puede montarse sobre capas y capas de resiliencias pasadas para soportar los retos futuros. ¿Es así?

Sí. Hablo de algo que denominé la “Resiliencia Acumulada”. Significa que todo lo pasado tiene sentido, porque hace que tengas mayor estatura y mayor altura para ver cada cosa que te va sucediendo en la vida. Yo lo describo como capas, Paola, porque me he dado cuenta de que todas esas capas hacen que tengas mayor claridad para ver los hechos, por más dolorosos que sean. Te dan la capacidad de dimensionar las cosas. Es como el arte japonés del Kintsugi.

¿En qué consiste?

Se rompe algo, un plato, un jarrón, y en Occidente lo botamos porque es una pieza cualquiera. En Oriente, los japoneses reparan cada grieta con oro. Es decir, no solamente no lo botan sino que lo vuelven una pieza única, como si fuera una joya.

Yo creo que la “Resiliencia Acumulada” es identificar que cada herida no la tenemos que tapar, ni la tenemos que esconder, ni la tenemos que dejar de recordar. Tenemos que honrarla, porque cada herida, por más dolorosa que sea, tiene un mensaje y un aprendizaje para cada uno de nosotros.

Esta visión tuya me llenó de esperanza. Uno vive quejándose porque le pasó algo, luego intenta sanarlo y gasta muchísimo tiempo, terapia, esfuerzo y hasta dinero intentando que esa vasija vuelva a ser perfecta. Pero nos dices que hasta la ruptura nos da estructura de soporte. Y que, encima de ella, ¡podemos poner otras cosas!

La contención es la capacidad de integrar todo lo que hemos vivido a nuestra vida. Nos dedicamos por años con plata y esfuerzo, como dices tú, a tratar de olvidar lo que nos duele, a meterlo en el cajón del olvido. Y siento que con eso estamos perdiendo. Primero: el cajón del olvido no es olvido. Es un cajón que hace ruido, y reaccionamos desproporcionadamente a cosas que nos suceden porque hemos ido guardando cosas en ese cajón, porque no hemos llamado las cosas por su nombre, porque no hemos aprendido a integrar. A mí no me definen todos los golpes dolorosos que he tenido, pero sí son parte de mi vida.

Yo les decía a mis hijos, ahora que mataron a su tío, ahora que se moría mi abuela: después de tanto dolor, tenemos que ser mejores personas. Esto tiene que valer la pena para algo. No lo buscamos. No lo pedimos. Nunca hubiera imaginado que nos iba a pasar, pero si nos pasó, tenemos que hacer un proceso para salir mejores personas.

Carolina, catorce años mayor que su hermano Miguel.
Carolina, catorce años mayor que su hermano Miguel. | Foto: Foto: Archivo María Carolina Hoyos, cedida a El País

En tu libro hablas del funeral de tu madre, Diana Turbay. Tu padre te dice: “Vas a ir al colegio”. Era lunes y sentías que era injusto que una niña, que acababa de vivir algo tan demoledor, tuviera que seguir la vida corriente. ¿Lo que él hizo fue un acto de amor?

Sí. Yo hubiera querido que ese lunes, después de enterrar a mi mamá, el mundo se hubiera detenido. Yo tenía 18 años después del secuestro y no estaba preparada para vivir en un mundo sin mamá, pero me tocó. Mi papá creyó en mí antes que yo misma, y ese fue un acto de fe y amor muy grande. Aunque el cuerpo duela y uno crea que no puede, en realidad sí puede.

Mi papá me ha enseñado eso, que siempre, después de una gran caída, vienen grandes oportunidades. La vida no se termina en una caída. Tú te paras y sigues construyendo un camino que valga la pena.

A veces, en medio de la frustración por la realidad política, digo: “Esto nos ha dañado la mente. Ahora vibramos en emociones bajas, miedo, ira, indignación”. Pero tu perspectiva nos hace pensar que a lo mejor Colombia tiene un gran soporte de resiliencia acumulada…

Sí. Yo creo que los colombianos somos resilientes, que Colombia está hecha de seres humanos que, a través del amor, la solidaridad, la unión, la capacidad de reponernos a nuestras heridas, logramos seguir adelante. Las víctimas de la violencia, pese a lo pavoroso que les ha pasado, tienen una sonrisa de punta a punta y creen que mañana será el mejor día.

María Carolina Hoyos Turbay habla sobre su madre Diana Turbay en el libro 'Desde el fondo del mar' (2019).
María Carolina Hoyos Turbay habla sobre su madre Diana Turbay en el libro 'Desde el fondo del mar' (2019). | Foto: Foto: Archivo Personal María Carolina Hoyos y Media Pluma Editorial, cedidas a El País

En tu libro no hay odio, ni juicios, ni llamados al castigo, pese a todo lo que le ha pasado a tu familia. ¿Cómo lo logras?

Yo no soy ejemplo de nada, pero hay un término que me fascina y lo propongo en el libro: “La herencia invisible”. Es todo aquello que tú ves de las personas que te criaron, que tuviste al lado y repites sin siquiera darte cuenta. Tengo la herencia invisible de mi abuela, que nunca odió. A ella le mataron a su hija, algo que no tiene nombre porque es contra natura, pero me enseñó que, donde uno recibe odio, siempre debe poner amor. La gente pensó que mi abuela, después del asesinato de mi mamá, nunca iba a volver a trabajar en Solidaridad por Colombia. Y al día siguiente estaba entregando becas, poniéndose las botas para ir a la siguiente inundación. Ella me mostró el sentido de la vida. Por eso, al enterrarla, casi me muero, y eso que su muerte no fue por una causa violenta, pero creo que uno no está preparado nunca para perder a su heroína, al amor de su vida. Al día siguiente de enterrarla, me fui a trabajar porque sabía que era lo que tenía que hacer. Al día siguiente de enterrar a mi hermano, a mi hermano chiquito que era como mi hijo, también salí a trabajar, y les dije a mis hijos que se fueran a estudiar.

Cuando a tu abuelo, Julio César Turbay, lo eligen presidente de Colombia, fuiste a vivir a un palacio. Háblanos de la ética de la vida pública que aprendiste de tu abuela en esos tiempos…

Yo vivía con mis abuelos, era la nieta mayor. Mi abuelo fue elegido Presidente en 1978 y nos fuimos mi abuela, él y yo a vivir al Palacio, primero el de San Carlos. Y cuando llegamos, mi abuela me dijo: “Estamos acompañando a tu abuelo a un trabajo. Nada de lo que ves acá es tuyo. Es de los colombianos, prestado. Y esto va a demandar de ti que seas una niña ejemplar”. Fue una enseñanza espectacular, porque el día que mi abuelo dejó su trabajo como Presidente, nos fuimos otra vez a nuestra casa. Me di cuenta que, en una fracción de segundo, él dejó de ser el hombre más poderoso en Colombia para ser una persona más. La vida en él no cambió, hablaba igual. Actuaba igual. Quería igual. Entendí que los puestos, el poder, todo pasa. Para bien y para mal, todo pasa. Que los dolores no son eternos, pero tampoco las alegrías ni los cargos son eternos. A uno no lo define eso. Lo define algo mucho más profundo…

¿El criterio?

Exacto. Es la estructura que queda cuando todos los aplausos dejan de existir. Mi propuesta en el libro es la “Felicidad Imperfecta”, porque no hay que esperar la felicidad de Hollywood, de las redes sociales, para ser feliz. Este libro es para gente imperfecta que no tiene la vida resuelta, pero sabe que el planeta sigue girando.

Media Pluma es una editorial emergente colombiana.
Media Pluma es una editorial emergente colombiana. | Foto: Media Pluma Editorial, suministrada a El País

¿A qué hora sacaste tiempo para escribir y cuál fue tu método?

Comencé primero en mi oficina, a la hora del almuerzo. Me encanta porque pido una ensalada y una sopa, y arranco a escribir. Me fluye mucho. Pero después me fui al Camino de Santiago, hacía las jornadas larguísimas de caminar, después hacía ejercicios, y me ponía a escribir. Luego vino Miguel en la UCI, en el piso tres, mi abuela muriéndose en el piso doce. Y todo el tiempo escribí también. La escritura se volvió mi gran compañía.

¿Será que Solidaridad por Colombia puede fomentar la escritura como una herramienta de vida permanente para los niños?

Lo tenemos. En mi época eran los grandes los que tenían algo que decir, los niños no podíamos opinar. Al contrario, nosotros estamos educando para que los niños, desde chiquitos, sepan la diferencia entre lo que está bien y está mal pero, adicionalmente, lean, escriban y tengan un criterio propio que aporte a la sociedad. Ciudadanía global. En eso estamos.

¿Qué soñarías para el próximo inquilino de la Casa de Nariño?

Valores, valores, valores. Primero el valor de la rectitud, de la honestidad, de la verdad, del amor. El valor de convocar, de unir. El valor de la solidaridad. Eso espero. Que así sea.

Las frases

“Vi a mi mamá después de seis largos meses de su secuestro. Estaba agonizando al frente mío y le juré que no iba a volver a sonreír jamás. Era mi manera de empatizarme con ella y su dolor. He desarrollado un método para incumplirle el juramento, porque he reído una y mil veces”.

“En 2025, antes de que sucediera lo de mi hermano, mi editor me preguntó de qué quisiera escribir. ‘Del poder de la mente’, le dije, porque lo que determina la vida no es el acto violento. Lo que determina la vida es cómo vemos lo que nos sucede”.

Paola Guevara (Cali, Colombia). Escritora, periodista, editora y columnista de Opinión. Sus novelas 'Mi Padre y Otros Accidentes' (autobiográfica) y 'Horóscopo' (ficción), publicadas en español por Editorial Planeta y traducidas al italiano por Cento Autori, están en proceso de llegar al cine. Tras 21 años de destacada trayectoria en importantes medios de comunicación escritos nacionales y regionales, como Revista Cambio, Cromos, Casa Editorial El Tiempo o El País Cali, entre otros, desde el año 2022 es Directora de la Feria Internacional del Libro de Cali. Asesora en Protocolos de Familia, conferencista, gestora de proyectos editoriales y coach de escritura creativa, en la actualidad vive en Cali y escribe su tercera novela.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Cultura