Solidaridad: las seis 'hijas' de la Madre Teresa que cambiaron la India por Cali - El País Palante

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Solidaridad: las seis 'hijas' de la Madre Teresa que cambiaron la India por Cali

Abril 25, 2020 - 11:10 p. m. Por:
 Andrea Milena Otero | Reportera de El País

En la fotografía el sacerdote de la parroquia San Matias en compañía de las seis hermanas de la congregación Misoneras de la Caridad, en Cali, y una religiosa de la congregación en Buenaventura.

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Cuando en 1950 la Madre Teresa fundó en la ciudad de Calcuta, en la lejana India, la congregación Misioneras de la Caridad, pocas personas imaginaron el alcance de su obra.

Cincuenta años después, Colombia también es testigo de la caridad, el altruismo y el coraje de quien sigue siendo conocida como la Santa de los Pobres.

Así lo considera la madre superiora Austine, encargada de liderar en Cali el trabajo de las Misioneras de la Caridad, quienes atienden a setenta abuelitos que un día fueron abandonados en las calles de la capital vallecaucana.

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“Nuestra misión desde hace 35 años en Cali ha sido proclamar el amor de Dios por la humanidad, ayudando con bondad, abnegación y mucha solidaridad a los más necesitados. Sabemos que la mayoría de los abuelos y abuelas que ahora atendemos han sido olvidados por su familia, están inválidos y requieren de nuestra ayuda, por eso nosotras nos hemos convertido en sus ángeles de la guarda a través de un trabajo que hacemos con mucho amor”, cuenta la hermana Austine.

Los juegos de mesa son los mejores aliados para entretener a los adultos, quienes necesitan gran atención y cuidado.

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Ella recuerda una de las premisas de Teresa de Calcuta, “el fruto de la fe es el amor y el fruto del amor es el servicio al prójimo”, para contar que las seis religiosas oriundas de la India que hoy conforman la comunidad en Cali tienen como prioridad en su vida la vocación de ayudar a los más necesitados.

“Nosotras estamos donde se requiere nuestra presencia, no solo física sino también espiritual”, agrega la superiora del convento ubicado actualmente en el barrio Cañaveralejo, al sur de la ciudad.

En 2016 el Papa Francisco declara
santa a la Madre Teresa de Calcuta.

Es por ello que Jaime Patiño, de 80 años de edad y quien ya completó 24 meses al cuidado de las monjas, asegura estar muy complacido.

“Me siento inmensamente agradecido con las hermanas porque me han ayudado a crecer espiritualmente y también porque antes de ser recogido por ellas yo estaba en unas condiciones precarias. Ahora, dos años después, vivo mucho mejor, tengo alimentación, vivienda, medicamentos y atención, necesidades por las que antes padecía”, comenta el abuelo.

Entre tanto, María Jesús Castillo, quien ya suma 91 años, ingresó hace dos décadas, 20 años, al hogar de las religiosas en compañía de su madre.
“Mi mamá murió tres años después de que llegamos y las hermanas le dieron cristiana sepultura. En realidad, ellas se convierten en nuestra nueva familia y nos brindan todos los cuidados necesarios”, dice la anciana.

La dedicación de la Madre Teresa con los más pobres entre los pobres, fue inspirador en mi vocación de servicio
a la comunidad”. María Teresa, religiosa.

Y agrega: “Yo solo tengo palabras de gratitud por todo lo que hacen desinteresadamente por mí y por los demás abuelos y abuelas que estamos desprotegidos”.

Entonces la madre superiora explica que los adultos mayores que fallecen en el convento son sepultados en el cementerio del barrio Siloé, gracias a la gestión de la Arquidiócesis de Cali, que conoce las necesidades que padecen quienes, por lo general, no tienen ningún doliente.

La hermana María Teresa, otra de las religiosas llegada de la lejana India, cuenta que el servicio a los ancianos lo ofrecen durante las 24 horas del día, pero que el cansancio no las abruma porque en cada uno de ellos ven “el rostro de Cristo”, como lo enseña el Evangelio que buscan vivir.

En estos tiempos de pandemia, la mejor cura es la oración. Dios está con nosotros y él también sufre. Dios no nos desampara en ningún momento”.
Hermana austine, madre superiora.

Con su sari blanco y un listón azul sostenido por un crucifijo en el hombro como uniforme, dice que su ejemplo a seguir es la Madre de Calcuta, a quien considera un verdadero testimonio del valor de la dignidad humana y de la grandeza que inspiran las cosas pequeñas cuando se hacen con alegría y voluntad.

“Cuando tenía 18 años y vivía en la India, llegó a mi colegio una revista de la Madre Teresa en la que me llamó la atención el gran número de fotografías en las que se veía la dedicación de la santa con los enfermos, los moribundos y las personas necesitadas”, recuerda la hermana.

Y continúa su relato: “En ese momento, hace 27 años, vi el valor inmenso de la amistad con Dios, quien a través de la oración me iluminó para quedarme al servicio de los demás. Yo me defino como una religiosa feliz, dedicada a Dios que sigue presente en los más pobres”.

La misma devoción se advierte en Francisca, otra misionera de la caridad desde hace 24 años. Su vocación de ayuda surgió cuando escuchó a un sacerdote hablar sobre la parábola del Buen Samaritano.

Diariamente los adultos mayores participan en la hora santa, oración, algo importante para el fortalecimiento espiritual.

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“A los pocos días me comuniqué con él y le expresé mi deseo de servir al Señor ayudando a los pobres, entonces me habló de las hermanas de la Madre Teresa y me puso en comunicación con ellas. A los pocos meses ingresé y desde entonces estoy entregada por completo al servicio a Dios”, expresa con alegría la religiosa.

Es que, según las monjas, lo más importante de su tarea es dignificar la vida de los demás a través de la fe y la oración, como lo hacen con los ancianitos que tienen en su hogar.

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“Servimos a todos los que necesiten nuestra presencia, porque la misión es ayudar y mover el corazón de otros para que también lo hagan”, concluye la hermana Francisca.

Y esa semilla de servicio sembrada por las Misioneras de la Caridad ya ha dado frutos. Uno de ellos es Juan Carlos Alvear, un caleño que desde hace 22 años apoya el trabajo físico y espiritual promovido por las religiosas.

Justamente él explica que la caridad no se ha limitado a la atención de los adultos mayores abandonados, sino que se ha extendido a cientos de jóvenes, madres cabeza de familia, niños y niñas residentes en los barrios Andrés Sanín y Puerto Mallarino, de Cali, en los que hasta hace tres años la congregación tenía sus sedes.

De los 70 ancianos que viven actualmente en el convento, muchos requieren ayuda para sus actividades básicas.

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“Las misioneras sirven desde la caridad y para la caridad. Por tal razón, el propósito de las hermanas es un trabajo social dirigido a la salvación y santificación de aquellos a quienes asisten, es decir, los más necesitados no solo materialmente sino también de oración”, precisa Juan Carlos.

Además, durante estos años de ayuda a muchas personas pobres de la capital del Valle del Cauca, las hijas espirituales de la Madre Teresa de Calcuta también han dejado en evidencia su confianza en la Divina Providencia (Dios), debido a que el sostenimiento de ellas y de la congregación únicamente se ha derivado de las donaciones de los buenos corazones.

“Soy testigo de los sentimientos de solidaridad reflejados a través de la oración, el voluntariado y las donaciones que contribuyen a que el servicio vocacional de las hermanas continúe”, destaca el joven caleño.
Pero para la hermana Austine la clave de los frutos que recogen, está simplemente en mantener la obediencia y el respeto por los principios de fe que guiaron a la bien llamada Santa de los Pobres.

Valores que guiaron a la Madre Teresa de Calcuta

La solidaridad. El que no vive para servir, no sirve para vivir.
La amabilidad. La paz comienza con una sonrisa.
El amor al prójimo. Ayuda a los más pobres entre los pobres.
La sinceridad. La palabra que no ilumina, aumenta la oscuridad.
El amor propio. Jesús te ama, eres precioso para él, no temas.
La generosidad. No se trata de dar lo que nos sobra sino de dar hasta que nos duela.
La fraternidad. Hay que dar sin esperar nada a cambio.
El respeto. El amor comienza en casa y no es lo que hacemos sino cuánto amor ponemos en cada acción.
La perseverancia. Ningún fracaso debe desanimar mientras se tenga clara la conciencia de haber hecho aquello que estaba a su alcance.
El amor de la verdad. Dios quiere seguir amando al mundo a través de ti y de mi.
La templanza. Nuestras acciones solo pueden producir frutos cuando son la expresión verdadera de una plegaria sincera

Cómo apoyar esta obra social

A través de donaciones. Las hermanas Misioneras de la Caridad no manejan cuenta bancaria para recibir dinero; sin embargo, las personas pueden aportar alimentos, dinero o elementos de aseo para la atención de los abuelos acercándose hasta el convento, ubicado en la Diagonal 51 # 14 -103, en el barrio Cañaveralejo, o comunicándose al Teléfono: (2) 6626045.

Vinculándose como voluntarios. Aquellos interesados en contribuir con las actividades diarias de cuidado de los abuelos, pueden colaborar en quehaceres como por ejemplo, el aseo de los adultos mayores, la organización de los sitios al servicio de los ancianos y, si tienen conocimientos previos, es viable que se aporte con el desarrollo de actividades lúdicas y recreativas para el esparcimiento de las personas residentes en el hogar.

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