¿Por qué las mujeres tienen tan poco espacio en la política del Valle del Cauca?

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¿Por qué las mujeres tienen tan poco espacio en la política del Valle del Cauca?

Marzo 10, 2019 - 08:00 a.m. Por:
Redacción de El País 
Concejo de Cali, imagen de referencia.

Concejo de Cali. Imagen de referencia. 

Foto: Archivo de El País

“Si hubiera echado mano de sus atributos, no habría tenido que presentarse tres veces como candidata al Concejo hasta conseguir los votos”.

Así le dijeron a Yuli Berrío, concejal de Candelaria (Valle del Cauca), cuando en 2015 ganó su curul, luego de tres intentos. Asegura que, como mujer, en la política ha tenido que enfrentar cuestionamientos, ha sido vulnerada, amedrentada. Ahora anda protegida con un chaleco antibalas y un botón de pánico por si el riesgo se incrementa.

Dice que de su partido no ha tenido acompañamiento ni respaldo porque “solo les interesan los votos en época electoral” y que muchas mujeres, que ahora ocupan algún cargo de elección popular, están en la política porque fueron usadas “como prerrequisito”.

Lea también: Los logros y retos de la mujer en el Valle que dejó la Mesa Ciudadana de El País

En eso coincide Mariluz Zuluaga, diputada del Valle del Cauca por el Partido Cambio Radical, quien confiesa que ha tenido que escuchar en reuniones políticas cómo los directivos afirman que “necesitan mujeres para rellenar las listas” de candidaturas a diferentes corporaciones públicas.

Y es que la Ley de Cuotas indica que el 30 % de los altos cargos públicos deben ser ejercidos por mujeres. Lo mismo ocurre con las listas que se deben armar para postular partidos a cargos de elección popular como concejos, asambleas, Cámara de Representantes y Senado. Sin embargo, muchas veces el requisito no se cumple, susurra un hombre que ha estado en el Cabildo de Cali desde hace más de quince años viendo de cerca los procesos electorales.

La diputada Zuluaga, mientras tanto, sostiene que la manera de abrirse camino en la política es que ellas entiendan que hay que “empoderarse y trabajar unidas para lograr objetivos”, que sí es posible crear nuevos espacios porque antes, por ejemplo, no había mujeres en cargos directivos, como ocurre ahora en la Corte Constitucional o en la Asamblea del Valle del Cauca y que, sobre todo, hay que creer y aplicar la sororidad (solidaridad femenina).

Pero las cifras no son alentadoras: de los 42 municipios que tiene el departamento, solo en 7 las mujeres alcanzaron la mayor votación en 2015 para ocupar la Alcaldía. Cuatro años atrás solo 6 se habían alzado con el primer cargo en sus localidades.

En el Concejo de Cali hoy hay solo 6 mujeres con escaño de los 21 miembros que tiene la corporación. Y la tendencia se repite en Palmira (6 de 19); Buenaventura (7 de 18); Cartago (2 de 17); Tuluá (3 de 17), y Candelaria (3 de 15), de donde es la concejal Yuli Berrío.

La Asamblea Departamental es la única corporación donde la participación femenina se incrementó, pasando de 5 en 2011 a 9 en 2015 y donde por primera vez en la historia hay una mesa directiva conformada por mujeres.

Rosalía Correa, observadora de la política local, dice que están surgiendo espacios interesantes de participación política de la mujer que no necesariamente están relacionados con la ocupación de curules en corporaciones como concejos, Asamblea o alcaldías.

Explica que, por ejemplo, la política pública para la mujer en Cali fue jalonada por un número de mujeres importantes y ahora está en proceso de ajuste. “Creo que esos espacios son mucho más relevantes que los espacios de acceso al poder político”.

Asegura que —a su juicio—, como alcaldesas, puede que ellas hagan un trabajo importante, pero que desde los concejos y la Asamblea aprobar un proyecto requiere la mayoría, que en estos casos, es evidentemente masculina.

Sin embargo, Mariluz Zuluaga, vicepresidenta de la Duma, sostiene que esa apreciación no es del todo cierta: “En ambos espacios se puede servir. Todo depende de la convicción. Si una mujer entiende para qué fue elegida, su poder de decisión es efectivo sobre la sociedad”.

Cuenta —desde su experiencia— que las nueve mujeres que están en la Asamblea del Valle del Cauca “hemos demostrado ejecución en nuestras tareas”.

Precisamente, a eso se refiere la concejal Clementina Vélez, quien también ha sido diputada y congresista liberal. Indica que es necesario que ellas entiendan que se debe trabajar como bancada desde los diferentes escenarios de participación, porque, de lo contrario, es difícil ganar espacios.

Después de 47 años de carrera política, dice que los hombres siguen trabajando a través de “roscómetros” para derrotar y desprestigiar a sus rivales, que siguen siendo vulnerables porque “no hemos logrado trabajar como bancada y no hemos dejado de pensar en ‘yo soy la única’, ‘yo soy la que puede’”.

El Concejo de Cali, en su historia, ha tenido solo dos mujeres en la Presidencia: Clementina Vélez (2015) y Tania Fernández (2017).

Las cifras siguen siendo poco alentadoras. Al menos así lo expresa Lina María Orozco, coordinadora del Observatorio Cali Visible. En el informe ‘Las mujeres en los espacios de representación: más allá de la cuota’, se evidenció que el número de acuerdos aprobados entre 2003 y 2018, que tenían como objetivo atender asuntos relacionados con las problemáticas femeninas, es de 3 entre 356, “lo que solo representa un 0,8 %. Aunque claro, es importante mencionar que, por excelencia, más no exclusivamente, quien presenta las iniciativas es la Alcaldía”.

Quedarse en la política y crecer en ella es una labor dispendiosa. Ni siquiera Dilian Francisca Toro, gobernadora del Valle del Cauca, ha escapado al mal trato. Durante la Mesa Ciudadana organizada esta semana en El País a propósito del Día Internacional de la Mujer, relató que en 2007, cuando fue candidata a la Gobernación, una mujer le dijo: “No voy a votar por usted porque está embarazada y si gana, ¿qué va a hacer con ese bebé?”.

Ahora, la Mandataria, que también ha sido senadora, cuenta ese capítulo como una simple anécdota, pero asegura que es parte del machismo —enquistado incluso entre las mismas mujeres— con el que ha tenido que lidiar ella y otras tantas políticas de la región y del país.

Precisamente la abogada Cristina Nicholls expresa que el lío está en el nicho en el que se mueven ellas: “Los líderes de esos partidos generalmente son hombres, sus colegas son hombres, hay una serie de contubernio para proyectar esos liderazgos masculinos y las mujeres quedan rezagadas; cuando logran escalonar se encuentran con un techo de cristal que no les permite subir más de ahí, por eso, por ejemplo, ha habido históricamente tan pocas candidatas presidenciales, por eso solo el 20 % del actual Congreso son mujeres”.

A eso se suma —advierte— que las mujeres no acceden ni siquiera a ese nicho partidario porque históricamente “han sido puestas en la casa y en las labores del cuidado, lo que hace que los hombres puedan salir a hacer política con más facilidad, mientras a las mujeres se les ha dicho que hacer política no es para ellas”.

Al respecto, Érica Márquez, directora del programa de Sociología de la Universidad Icesi, de Cali, explica que el problema tiene un origen cultural porque el de la política ha sido visto como un espacio “en el que se requiere ser competitivo, agresivo, fuerte, aguantar críticas y para ello es necesario ser masculino”.

Por ello indica que la cultura político electoral debe cambiar para mejorar la participación femenina porque es imperativo que se reconozca que el trabajo de ellas en la política no se puede tomar como accesorio.

En el actual periodo (2015-2019), 16 % de las gobernaciones en el país son ocupadas por las mujeres y el 12,2 %  de las alcaldías.

El Cauca fue el primer departamento en tener a una mujer en la Gobernación. Fue Josefina Valencia de Hubach y ocurrió en 1955.

En 1958 fue electa la primera mujer en el Senado de la República; en 1961 fue nombrada la primera alcaldesa, y en 1974 se postuló la primera candidata presidencial.

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