La historia de la miel es larga y fascinante. Se remonta al período Mioceno (hace diez a veinte millones de años), cuando las plantas con flores y las abejas sociables aparecieron en la faz de la Tierra. El ser humano ha dejado pruebas de su explotación de las colmenas que datan desde el final de las glaciaciones, hace diez mil años, a través de testimonios pictóricos, escritos e impresos. La historia llega hasta el presente, en que la miel es una mercancía universal con una producción mundial de 800 mil toneladas.

Las abejas han ocupado un lugar importante en el pensamiento humano. Su significado religioso perduró a través de los siglos y de viejas creencias. Los datos encontrados en la literatura muestran aspectos interesantes del valor que se ha atribuido a las abejas a través del tiempo, así como a la miel y la cera que producen.

La abeja Apis mellifera produce la mayor parte de la miel del planeta. El comportamiento de las abejas es completamente instintivo: tienen tareas y deberes, e incluso una división del trabajo. Es atribuible a una inteligencia innata; el complejo conjunto de pautas del comportamiento es llamado organización de la colonia. La mayoría de las abejas son obreras, hembras no reproductoras; solamente las reinas se reproducen.

En la colmena existe una reina hembra, trescientos zánganos machos, 25 mil obreras maduras pecoreadoras y 25 mil obreras jóvenes que permanecen en la colmena. Estas alimentan a las crías, que son nueve mil larvas que requieren alimentación, seis mil huevecillos y 20 mil larvas. El rendimiento de las abejas es realmente asombroso y deberíamos copiarlo los humanos.

En tiempos remotos, la miel ha estado relacionada con creencias fantásticas; era ofrecida a los dioses y usada en múltiples ceremonias como matrimonios, rituales mortuorios y eventos religiosos. El ser humano siempre ha tenido en alta estima a las abejas y eran consideradas animales sagrados. Sin embargo, hoy es una mercancía que se distribuye por todo el mundo y sus cualidades en la salud nos siguen cautivando.

Existe un aforismo que deberíamos tener en cuenta los humanos:

“Las abejas trabajan por el hombre y, sin embargo, nunca dañan las flores de sus amos, sino que las dejan, después de liberarlas, tan bellas como siempre; y así la flor queda en la planta y la miel en el panal”.

George Herbert, en 1633, mucho antes de que se comprendiera el proceso de polinización.

No todos los países del mundo prestan atención al cuidado de las abejas. Muchas colonias mueren por el uso inadecuado de insecticidas. Las abejas están en peligro de extinción debido a la acción humana, la destrucción de su hábitat, el cambio climático y el uso indiscriminado de pesticidas. El 25% de muchas especies de abejas no han sido avistadas desde 1990. Esto amenaza la biodiversidad y la seguridad alimentaria, ya que un tercio de los alimentos del mundo depende de su polinización.

Las acciones que se deben tomar y no se hacen son: la prohibición de pesticidas tóxicos, usar más a menudo la agricultura ecológica y crear jardines de polinización. El declive generalizado de abejas nativas y silvestres está en crisis global. Es urgente que enfrentemos esta catástrofe ambiental. Las abejas son el único ser vivo que no transmite ninguna enfermedad, ya que no transportan ningún patógeno.

Fue encontrado un manuscrito del siglo X de Saint Gall:

“Bendice también, oh Señor, a las criaturas que nos dan la miel y la leche; dales de beber de la fuente del agua de la vida eterna, que es el espíritu de la verdad, y aliméntanos con leche y miel que le prometiste a nuestros antepasados Abraham, Isaac y Jacob cuando los llevabas a la tierra prometida, tierra de la que brotan leche y miel. Une, por lo tanto, a tus siervos, oh Señor, en el Espíritu Santo, como se une la miel a la leche, para que puedan unirse en Jesucristo nuestro Señor”.