¿Y los secuestrados?

¿Y los secuestrados?

Enero 22, 2019 - 11:20 p.m. Por: Editorial .

Luego del pavoroso atentado terrorista del pasado 17 de enero, liberar a los secuestrados que están en su poder es el gesto humanitario que esperan del Eln los colombianos. En ello nada tienen que ver la suspensión de las negociaciones ni las diferencias que existan sobre la aplicación de los protocolos establecidos para finalizar los diálogos.

Serían 24 las personas plagiadas en los últimos años por esa organización criminal que aún continúan privadas de la libertad. Una cifra que podría ser mayor si se confirma la denuncia del Defensor del Pueblo en noviembre pasado, según la cual 24 menores de edad fueron reclutados a la fuerza en el Chocó durante el segundo semestre del 2018.

Todos ellos, soldados y policías, niños, estudiantes, líderes o trabajadores son víctimas del más aberrante delito que se pueda cometer contra un ser humano, que es utilizado por el Eln para extorsionar con fines económicos, para amedrentar a la población o para abusar de su condición. El secuestro es la demostración del mayor desprecio a los Derechos Humanos, a la dignidad y a la vida de cualquier persona y en ello tiene un extenso y estremecedor prontuario ese grupo.

El primero fue el del avión tomado a la fuerza el 12 de abril de 1999 cuando realizaba la ruta Bucaramanga - Bogotá con 41 pasajeros a bordo, el último de los cuales fue liberado 19 meses después. Luego llegarían los secuestros masivos de la iglesia La María en Pance y el Kilómetro 18 en Cali, de dolorosa recordación para los vallecaucanos. Y a partir de ahí cientos de plagios perpetrados en las últimas dos décadas, que han dejado sufrimiento y desolación entre las víctimas, sus familiares y la nación entera.

Hoy, Colombia le exige al Eln que libere a quienes mantiene secuestrados y a los menores de edad que ha reclutado para ponerlos al servicio de su violencia. O que diga que pasó o dónde se encuentran los restos de aquellos que desapareció hace años y de quienes no se tienen pruebas de supervivencia ni sus allegados volvieron a saber algo sobre su suerte.

Y que no se diga que esas víctimas son prisioneros de guerra, que forman parte de la Fuerza Pública o que el Eln está autorizado por el Derecho Humanitario a extorsionar a sus familias o a mantenerlos secuestrados. Y mucho menos, que los menores de edad arrebatados a sus familias son combatientes que han aceptado formar parte de una organización dedicada a la violencia y a todas las formas posibles de crimen.

Ya ha quedado claro que ese grupo no tiene la mínima intención de paz que permita llevar a buen suceso una negociación que le ponga fin al conflicto iniciado por ellos hace 55 años. Y que tampoco cesarán sus atroces ataques, como el cometido con carrobomba en la Escuela General Santander el pasado 17 de enero, en el que murieron 24 jóvenes y 68 más quedaron heridos. Por ello el Estado está en la obligación de perseguirlos sin tregua, hasta devolverles la tranquilidad a los colombianos.

Pero si al Eln le queda aún algo de humanidad, que lo demuestre devolviendo a la libertad a cada uno de los secuestrados que aún tiene en su poder.

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