Revitalizar la CAN

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Revitalizar la CAN

Febrero 20, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Con la ceremonia realizada en Cartagena el pasado miércoles, se recordó la puesta en marcha de lo que hoy es la Comunidad Andina de Naciones, fundada hace cinco décadas como el Pacto Andino por Colombia Chile, Perú y Bolivia, y luego ampliado hasta Venezuela. Es momento para mirar si ese esfuerzo de integración que hoy se denomina Corporación Andina de Naciones puede ser potencializado como alternativa real para crear mercados que impulsen el intercambio de bienes y servicios.

Aunque parece ser un logro importante en el propósito de integrar a los países que tienen grandes afinidades históricas y culturales, es el tiempo para evaluar si ha existido la disposición por alcanzar el interés que movió a sus fundadores. El Pacto Andino fue producto de la visión de quienes en 1969 gobernaban los países firmantes, en desarrollo del modelo de sustitución de importaciones. En ese entonces ellos vieron en la integración un vehículo para expandir las economías y el progreso, a partir de ceder sin renunciar a la autonomía y la soberanía. Fue un reflejo de lo que estaba ocurriendo en Europa, donde la Comunidad Europea impulsaba el desarrollo de un continente devastado por las guerras.

Para ello, y como cualquiera de las decenas de intentos por promover la integración de Latinoamérica para ampliar los mercados de sus productos elaborados y no depender de las exportaciones de materias primas, era necesario crear instituciones que hicieran de la unión el motor para superar los obstáculos fronterizos.

Cincuenta años después, hay unos resultados que sin embargo no satisfacen las expectativas creadas entonces. Hoy en la CAN están Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador. Por fuera quedaron Chile y Venezuela, las economías con mayor capacidad de demanda y las más robustas. El primero, por razones económicas y prácticas, el segundo por razones ideológicas que lo hundieron en la pobreza y la destrucción.

Cinco décadas más tarde, hay logros innegables. La gran ventaja es que sus decisiones están por encima de las normas de cada país y tienen efectos inmediatos. Para Colombia, en el 2018 representó el segundo destino de las exportaciones de productos manufacturados. Y entre enero y septiembre de 2019 tuvo una participación de 37,7 %, 2409 millones de dólares.

Sin embargo no puede decirse que el objetivo se haya alcanzado. Además de las fluctuaciones políticas y económicas de sus integrantes, las continuas crisis de los que aún permanecen en la CAN han erosionado la voluntad de impulsar la integración efectiva que plantearon los fundadores.

Contra esa integración ha actuado en primer lugar el que los sectores empresariales no se vincularan de manera efectiva como motores de lo que pudo ser una, ya sea porque los gobernantes los ignoraron o porque no ha existido interés de los empresarios. Por ello, la CAN es superada por iniciativas como la Alianza del Pacífico, donde el interés se centra en encontrar desarrollo económico antes que resultados políticos.

Pese a las frustraciones que ha experimentado en los cincuenta años de existencia, la CAN aún puede servir para superar el aislacionismo de la región.

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