Llamado de atención

Diciembre 17, 2020 - 11:55 p. m. 2020-12-17 Por: Editorial .

Como podría esperarse, la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se refirió a los hechos de violencia que se produjeron en Colombia durante el último año. Y lanzó un llamado contra la indiferencia que parece afectar a nuestra Nación como si esa sucesión de eventos formara ya parte de nuestra normalidad.

En su pronunciamiento, la señora Michelle Bachelet se basó en los informes enviados por la oficina de Colombia: 66 masacres en 18 departamentos del país, en las cuales fueron asesinadas 255 personas. Y 120 defensores de derechos humanos así como 244 excombatientes de las Farc, desmovilizados desde la firma del proceso de paz padecieron la misma suerte.

También se refirió a que casi todos los casos ocurrieron en las zonas rurales del país. Y condenó “el incremento de la violencia ejercida por parte de grupos armados no estatales, grupos criminales y otros elementos armados en Colombia, en contra de campesinos, indígenas y afrocolombianos, instando a las autoridades del Estado a tomar acciones concretas para proteger eficazmente a la población”.

Ese es el fondo de la llamada de atención de la Comisionada. En ella está claro que son hechos no producidos ni ordenados por las autoridades legítimas ni forman parte de una estrategia para mantener una dictadura, como algunos pretenden mostrar en su intención de deslegitimar las instituciones. Pero sí es la reiteración de una queja constante entre los colombianos y que aún no tiene respuesta a pesar de ser persistente por más de medio siglo.

Se trata de las limitaciones del Estado para anticiparse a los grupos de violencia organizada y sus enormes impedimentos para combatir el crimen que alrededor del narcotráfico y la minería ilegal es hoy el gran enemigo de la vida y la tranquilidad de los colombianos. Cabe agregar también que esos resultados son consecuencia de la concentración del Estado en el centro del país y la falta de respuestas para una violencia endémica que encuentra en ese centralismo una de las más poderosas razones para fortalecerse.

En la declaración de la señora Bachelet hay otra afirmación que toca uno de los puntos neurálgicos de lo que está ocurriendo en Colombia: “Lamentablemente, después de décadas de conflicto armado, la violencia ha sido normalizada en Colombia, algo que nadie debería aceptar”, dijo la Comisionada de la ONU.

Ese es un mensaje claro a la sociedad colombiana para que no siga mirando esos hechos como normales, para que despierte, rechace esa violencia y exija un Estado capaz de enfrentar el desafío que significa la guerra por el control territorial. Esa guerra es protagonizada por decenas de organizaciones empeñadas en imponer el narcotráfico en todas sus formas, que aprovechan las limitaciones de la autoridad y la innegable división causada por la polarización partidista.

Esas cifras deben estremecer las fibras de nuestra sociedad, empezando por su dirigencia política, enfrascada en debates que no resuelven el drama que viven millones de compatriotas en la provincia colombiana. Es el llamado a enfrentar con decisión la violencia, la gran enemiga de Colombia.

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