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La revolución del conocimiento

Diciembre 10, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

En un país sacudido hace poco por expresiones de inconformidad y reclamos por el cambio, el informe de la Misión Internacional de Sabios presentado la semana pasada indica que sí es posible un camino para encontrar el progreso y combatir la desigualdad en Colombia. El conocimiento como eje del desarrollo y el trabajo conjunto del Estado, la empresa y la sociedad son las claves más notorias de un documento que no puede dejarse en letra muerta si se quieren lograr las transformaciones que necesita nuestra Nación.

Uno de los grandes desafíos del país es encontrar la forma de superar la prevención contra los cambios. Allí puede estar una de las razones más poderosas para el rezago que presenta frente a sociedades que no hace mucho vivían circunstancias sociales más difíciles y atrasos económicos y de todo orden más notorios que el nuestro. En atreverse a innovar, en invertir en tecnologías, en comprometer a la sociedad y al sector público en una educación que sirva como herramienta de progreso, está la posibilidad de encontrar la prosperidad que todos deseamos.

Así lo destacaron a su manera los cuarenta y seis expertos que dedicaron casi un año de su tiempo a pensar y proponer alternativas. De allí salió un documento que debería seducir a todos los sectores nacionales, una propuesta en la cual la cultura, la educación y la equidad como propósito deben ser los detonantes de la transformación que requiere Colombia pero, al parecer, se niega a enfrentar como las herramientas que le pueden llevar a superar los miedos y los atrasos atávicos.

La ciencia, la investigación tecnológica, la entrega de sus resultados a los ciudadanos y a las empresas para que sean ellos los impulsores del cambio que nace de poner el conocimiento en el centro del interés social, son entre otras las propuestas de la comisión. Para ello se necesitan reformas educativas de fondo, apoyo a las universidades y la creación de algunos centros para investigación tecnológica que sirvan a las empresas y a la actividad de cada colombiano.

El trabajo de la Misión incluyó consultas en todo el país a colombianos del común y personas con competencias especializadas, en las más diversas áreas del conocimiento. Y reclamó la inversión de recursos, por lo menos el 1,5% del Producto Interno Bruto cada año en los objetivos que se han enunciado, sobre la base de que el Estado, el sector educativo y la empresa privada y academia deben hacer propósito común la tarea de educar y formar mejores ciudadanos, más capacitados y propensos a pensar en objetivos comunes.

Para todo ello se requiere voluntad política y deseo de cambio. Con ello debe lograrse la revolución que necesita Colombia, no aquella teñida de sangre y odios que se basa en el estatismo y la entrega de subsidios y prebendas. Es la revolución pacífica, la del conocimiento que se construye confiriendo a los colombianos las oportunidades que requieren para su progreso y las herramientas para abrirse la educación a un objetivo común, lo cual requiere voluntad política, deseo de cambio y el bienestar que aportan la ciencia, la innovación y la tecnología.

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