La protesta social

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La protesta social

Julio 07, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La Nación no puede caer en ingenuidades. Y el Estado debe estar atento para evitar que se cumplan los propósitos de quienes pretenden beneficiarse de la protesta social o sembrar el caos.

El derecho a la protesta social es una de las grandes conquistas que Colombia ha plasmado en su Constitución como herramienta democrática para que la sociedad exprese sus inquietudes. Sin embargo, ese derecho corre el riesgo de ser desvirtuado cuando se usa para presionar prebendas y propiciar movilizaciones políticas con intención distinta al beneficio de toda la Nación.Eso puede estar ocurriendo con quienes promueven un paro agrario. Impulsado por un sector del gremio cafetero, la protesta que se plantea ahora está basada en supuestos incumplimientos del gobierno a los acuerdos logrados hace algunos meses para aliviar la crisis producida por la mezcla de factores como la revaluación, la caída del precio internacional, el descenso en la productividad y el alto costo de los insumos.En su momento, y luego de semanas en las cuales el paro golpeó de manera alarmante a regiones enteras en el centro de Colombia y ciudades como Popayán, salió un compromiso de entregar un subsidio para nivelar el precio que se le paga a los agricultores. Que se ha venido cumpliendo, según la información entregada por la Federación Nacional de Cafeteros, aunque se reconozcan algunas dificultades y demoras que al parecer son subsanables.Por eso extraña que se convoque otro paro, de mayores proporciones por cuanto involucra a otros sectores agrícolas. Y que se haga cuando está en curso un movimiento similar en la región del Catatumbo, donde se hacen esfuerzos notables por lograr un acuerdo que beneficie a los campesinos de la zona y se reconozca la necesidad de resolver los problemas que les causa el abandono estatal.Es una coincidencia que ya no parece fortuita y desvía la esencia de la protesta social que reconoce la Constitución. Lo que se vislumbra entonces es un movimiento que trasciende el reclamo justo para convertirse en una amenaza que perturbará de nuevo a muchos sectores de la sociedad para beneficiar a unas minorías que, además, ya han sido oídas y atendidas por el Estado de acuerdo con sus capacidades.El asunto tomará otras proporciones si se confirma la información según la cual las Farc pretenden realizar un paro nacional con la participación de sus milicias en todas las movilizaciones que se llevan a cabo en el país. Entonces ya no se estaría hablando de una protesta social sino de un movimiento que pretende sembrar la discordia para presionar a la mesa de negociación que tiene lugar en Cuba.En esas condiciones, la Nación no puede caer en ingenuidades. Y el Estado debe estar atento para evitar que se cumplan los propósitos de quienes pretenden beneficiarse de la protesta social o sembrar el caos. Sin duda, reclamar es un derecho inalienable que debe ser respetado y protegido. Pero de ahí a caer en la trampa de los que buscan fines distintos a los consagrados en la Constitución hay una diferencia enorme.Es la diferencia entre garantizar la vigencia de la democracia que asegura la estabilidad de toda la sociedad o permitir que quienes se apropian de la protesta legítima siembren el caos y la discordia en la Nación.

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