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El ‘efecto dilución’

Octubre 30, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

La ecuación es así de sencilla: entre más se destruya la biodiversidad, mayor es la probabilidad de que surjan pandemias que afecten a la humanidad. En cambio, entre más se proteja la naturaleza se reducen las posibilidades de que enfermedades portadas por los animales, como la que hoy tiene en vilo al mundo, se propaguen con tanta facilidad.

La teoría no es nueva, la viene advirtiendo la comunidad científica por décadas, cuando se hizo evidente que el efecto destructor del ser humano sobre el medio ambiente tendría consecuencias catastróficas.
Ahora, cuando el Covid-19 es el verdugo del Planeta, que no respeta edad, raza, ni condición social, y sigue presentándose como un desafío sobre el cual no se encuentran todas las respuestas, más valdría hacer caso a esas voces expertas.

De la historia sobre como el covid comenzó en China y se expandió por el resto del mundo a una velocidad vertiginosa ante el asombro de todos, hay bastante ilustración. En síntesis, en el centro de la explicación están los animales salvajes, la intervención indebida en sus hábitats y la mano destructora del hombre. El sida, la gripe aviar, el ébola, los coronavirus que han aparecido en años recientes, todas enfermedades catastróficas para la humanidad, son evidencia de lo que sucede.

Si se cazan especies silvestres con las que no debería haber contacto porque así lo determinan las leyes de la naturaleza, hay un riesgo. Si se deforestan millones de hectáreas de bosques, se obliga a la fauna a buscar nuevos hogares para sobrevivir y estos están cada vez más cerca de sus mayores depredadores, los humanos. Si se afecta al medio ambiente, se acaba con las fuentes de agua, se deteriora la calidad del aire, se pierde el equilibrio natural. Y todo ello junto, se convierte en el caldo de cultivo perfecto para generar una pandemia.

Recientes informes científicos publicados en la revista Nature, así como el panel de expertos convocado por la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas, explican la relación entre la destrucción de la naturaleza y las enfermedades zoonóticas, es decir las que se transmiten de animales a humanos. Es normal que los primeros sean portadores de virus que en ellos no se desarrollan pero que son mortales para las personas. Se calcula que 1,7 millones de virus existirían en aves y mamíferos, de los cuales 850 mil tendrían la capacidad de infectar a los humanos si entran en contacto con ellos.

La información se da no para generar alarma, sino para encontrar soluciones. El ‘efecto dilución’, según el cual la biodiversidad puede proteger a los humanos de contraer esas enfermedades, es la más efectiva. Si se cuidan los ecosistemas, los animales no pierden sus hábitats y no se acercan a los poblados humanos; entre más cantidad de especies de fauna se mantengan vivas, más portadores de los patógenos habrá y menor será la posibilidad de que éstos traten de encontrar huéspedes entre las personas.

En un mundo bajo amenaza por el Covid-19, con 45 millones de contagiados y 1,3 millones de fallecidos, y con la expectativa de que pandemias como la actual se repitan ya no cada siglo sino cada par de años, hay que atender las recomendaciones, darle el verdadero valor a la naturaleza y ver si con esta motivación al fin se hace algo para salvar al medio ambiente.

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